Iloser

Me gusta medir la vida por consumo y cambio de botes de gel y champú. Es una forma de tener varios aniversarios al año, la cantidad dependerá del grado de limpieza que llevemos, y la sensación será siempre una ilusión bárbara.

Sé que no estoy sola en esto. Hay muchas personas a las que también les satisface gratamente la sensación de terminar el champú y, tras ese particular sonido que marca el fin de una historia,  saber que al día siguiente abrirán uno nuevo. Una nueva era amigos, un nuevo olor y sensaciones, o quizás los mismos. Mini intrigas mundanas. Las que molan.

Y es que cuando llegan los aniversarios, cumpleaños o los cambios de año global, ponemos bastantes ilusiones en qué oh van a suponer un cambio radical para bien, que haremos tal y cuál y todo será uhh. Por no hablar de cumplir o hacer (magia lingüística que los usemos como sinónimos ¿qué no?) año en el trabajo (la falta de plural no es una errata sino un lugar común, juas) o el tiempo que hace que conocemos a equis personas, el cual medimos siempre en años en lugar de en botes de champú. Error.

Los años van pasando y cada día es más visible que NADA va a ser cómo uno esperaba, si es que esperaba algo. No vamos a hablar de crisis, de cómo nos han convencido de que no tenemos futuro ninguno ni de que soñar con cambiar el sistema (¡incluso el mundo!) es una utopía absurder. Tampoco de lo contrario.

El caso es que el presente no nos convence ni se parece mínimamente a lo que nos habían contado. Ante esta desilusión colectiva muchos encuentran una vía de escape rápida es pensar cómo de genial sería todo si lo cambiásemos desde el pasado o pasásemos directamente al futuro. Vamos, sin hacer nada.

Aunque me siga sorprendiendo, hoy parece que volver a los años de instituto, a aquella edad al menos, es el sueño de algunas personas. "Lo que daría por volver a la infancia o adolescencia (pues no hay margen ni nada) con lo que ya sé ahora", dicen por ahí.

Supongo que está ilusión o deseo se centra en volver a ser niños ahora (niños ultrainteligentes, o más bien quemados de la vida) para reiniciar nuestra etapa "adulta" una vez pase la crisis, siendo conocedores de qué palos nos van a ir dando por el camino esquivándolos sin problema (vas tú y te lo crees) y al final todo es como soñábamos ¿no?

Ni de coña. Yo a este plan no lo veo nada claro por dos cosas: primero, porque ahora los Playmobil son más caros (más molones sí pero más caros) así que no sería tan fácil colar una caja de las de persona+utensilio a nuestros padres (¿nuestros padres también vuelven a los treinta y tantos o son como ahora? Dios, este planteamiento no hay por dónde cogerlo), y segundo porque bastante cuesta llegar como para rehacer el camino, y hacerlo en calidad de adolescente crecidito e inadaptado me atrae de cero a nada.

Luego están los que van más allá y no se conforman con regresar al pasado sino que sueñan con vivir el futuro (esto… gracias seas Robert Zemeckis) y no uno a medio-largo plazo sino el clásico "me encantaría ser inmortal". ¿Cómo?

Vamos a ver. ¿Inmortal de ser joven para siempre o en modo La muerte os sienta tan bien on e ir hecho trizas? En cualquiera de los casos (en mi opinión yomismistas de raíz) está claro que sólo son aptos para personas que lleven el luto muy bien y que no les importe apenas nada más que ellos y verse su cara porque sí, el resto de la gente que conoces, vayas conociendo y conocerás no estará. Y además, que personaje más cansino eres toda la eternidad ahí presente haciendo quién sabe qué. Cansino, hombre ya.

La cosa está fatality, pero ¿qué nos hace pensar que en ese futuro inventado la gente, el mundo en general, va a molar? ¿Queremos una vida similar a una clase de spinning infinita pedaleando hacia ninguna parte y con música de Rihanna y otros jits ensordecedores de fondo? ¿Estamos locos?

Definitivamente lo estamos.

Porque todo lo que piensas tú [chan-chan- chan- chan] son ilusiones.

http://www.youtube.com/watch?v=C5CNQ39JD_c

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5 de noviembre de 2013 - 08:00 h