Sintaxis

 

"Ya no basta con pedir perdón por la corrupción"

(Susana Díaz. Presidenta de la Junta de Andalucía)

El signo más claro del desmoronamiento de un régimen se refleja en la sintaxis. A los corruptos se les llena la boca de ética, a los depredadores financieros de contención salarial y a los responsables políticos de regeneración democrática. Vayamos a un caso práctico. El señor Granados. Un tipo que acaba de entrar en prisión imputado por media docena de delitos, el más venial de todos ellos organización criminal, y hace menos de un año declaró con todo el aplomo del mundo que comprende la indignación

de la gente ante cuatro sinvergüenzas que se llevan el dinero público a casa.

Un experto en gramática generativa no sabría por dónde coger el asunto. Observaría perplejo cómo el sujeto y el predicado caminan en direcciones opuestas, tomando el sujeto como el cabecilla de una trama de comisiones ilegales y el predicado como la acción de indignarse ante las tropelías del sujeto delictivo. ¿Un contrasentido como una catedral? En efecto, un contrasentido como una catedral.

En esas estamos. Por el mar corre la liebre y por el monte los imputados dando lecciones de moral. En este derrumbamiento progresivo de la ética pública, es normal, por tanto, que el propietario de un banco que evade 200 millones en Suiza no tenga pudor en exigir sacrificios al país. O que un presidente de Gobierno que pidió por SMS a su contable silencio y entereza para tapar la inmundicia solicite ahora el perdón de todos los ciudadanos ante el lodazal que lo acosa cada día.

O que la presidenta de una comunidad autónoma anegada por el monumental escándalo de los EREs y los cursos de formación tenga la desfachatez de advertir al presidente del Gobierno que no basta con pedir perdón por la corrupción.

Y así sucesivamente hasta que nos desmantelen la gramática de la lengua o conviertan a España en un país de locos.

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1 de noviembre de 2014 - 01:07 h
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