Caudillismo balompédico

"Le pido al pueblo de Córdoba"

           (Carlos González. Presidente del Córdoba CF)

 

Un presidente de fútbol investido de legitimidad popular es una caja de bombas. Tenemos muchos mandatarios balompédicos embriagados de caudillismo. La tira. Lo hemos visto a lo largo de todas estas desgraciadas décadas. Señores sin código de barras que agarran un club, se ponen una camiseta y dan clases de cutrez a micrófono abierto. Ahí tienen a los Gil, los Lopera, los Gaspart, los Caneda, los Del Nido, los Florentinos y, cómo no, nuestros próceres domésticos. Esos son para enmarcar. Pero ojo: lo peor de todo no es un embaucador con un micrófono en la mano: lo peor es una grada riéndole las gracias.

Pues bien. A cuenta del episodio de la Ciudad Deportiva, el señor González se ha puesto estupendo. Y ha amenazado a la señora alcaldesa con echarle a los leones de su masa social, que es, por lo visto, una tropa temible. Asistimos a un pulso extravagante. Propio del caudillismo de barrio. Un señor que se sube al pedestal de un club de fútbol para intentar poner de rodillas a un representante elegido democráticamente.

La bravata no es nueva. Estamos cansados de verla. Bien en versión capitalismo de salón, del señor Florentino, bien en formato "low cost" como es el caso. En el primer supuesto, la partida se juega sobre moqueta y sin levantar el tono. En el segundo, ya lo ven ustedes. Palabras gruesas y tiro por que me toca.

Sobre la sintaxis del titular nada que añadir. Le pido al pueblo de Córdoba. Un clásico bolivariano. O del Reggio Calabria. O ambas cosas a la vez. Cualquiera sabe.

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17 de julio de 2015 - 21:25 h
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