Pasa la vida
Y no has notado que has vivido
La primera vez que vi a Rafael Amador fue un día de febrero de 1980. Figuraba junto a su hermano Raimundo en el cartel de aquella gira histórica que recorrió Andalucía en defensa de la autonomía. Rafael Amador apenas tenía 19 años y apareció con su hermano en el desangelado escenario del Teatro de la Axerquía portando dos guitarras flamencas y una voz seca como el esparto.
Sabíamos quiénes eran aquellos dos chiquillos de las Tres Mil Viviendas por un disco extraño y fascinante publicado en 1977 bajo el enigmático nombre de Veneno. El LP es ya historia de la música universal. Pero entonces brotó como un amasijo de guitarrazos flamencos aliñados por la garganta inconfundible de José María López Sanfeliu, conocido bajo el seudónimo de Kiko Veneno, uno de los más luminosos creadores del tardofranquismo.
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