Fiestas patronales

Para quienes nacimos, vivimos y moriremos en una ciudad acudir a las fiestas patronales de un pueblo en pleno verano puede convertirse en una experiencia casi mística. Una vivencia de ésas que hacen a una replantearse quién es, adónde va, de dónde viene y si las bragas de algodón son las más adecuadas para una noche de lujuria. Sí. Una se pone a cuestionarse el mundo y acaba pensando en su lencería. Porque eso os pasa a todas ¿no?

A lo que iba.

En plena canícula estival se me cruzó este año un cartel irresistible. Eran las fiesta en honor a la virgen de... a la señora de... bueno, he olvidado el apellido, pero les aseguro que es prescindible. Sólo leyendo el programa se quita una 60 años de encima ¡y sin haber cumplido los 40!

A las 12:00 horas, misa en honor a la patrona oficiada por el nuevo párroco. Antonio, un sacerdote ordenado hace poco más de un año al que le gusta disfrazarse de elfo en carnaval para danzar junto a las hadas, hacer chistes antisemitas en plena homilía y montar fiestas infantiles. Un hombre de fe al que escuchan desde la primera fila dos concejalas bien cardadas de las que se rebelan contra el poder establecido y se pasan por el forro la recomendación del Papa de mantener la laicidad del Estado.

A las 14:00, almuerzo familiar en la plaza con maratón de parchís y elección de Miss y Míster. Todo un derroche de carnes para masticar y babear, siempre, claro, desde la pureza del espíritu.

A las 17:00, novillada con la actuación estelar del hijo del ferretero, el que se fue a la capital a probar suerte después del lío con el sobrino del cura, sí, el que consiguió que el apoderado aquel tan amanerado lo viese saltar al ruedo.

Un adonis de paquete bien marcado y tupé perfectamente engominado.

A las 21:00, actuación de la orquesta "TúyYo", todo un portento de la interculturalidad que lo mismo se arrancan por pasodobles que por bachata.

Y a partir de las 23:00 y hasta que la paciencia del último vecino haga volar por lo aires medio pueblo, la gran Disco Móvil, un camión tuneado con millones de altavoces y un Dj tope macarra a quien lo del descanso vecinal le trae bien al fresco.

Un programa cultural al que el Ayuntamiento invita a sumarse a todos los vecinos y visitantes de nuestro pueblo (sic), aunque sean visitantas medio ateas, feministas, nada taurinas y algo gamberras, seguros de que lo petardo acaba gustando o al menos provocando la risa.

Amén

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Publicado el
24 de agosto de 2013 - 09:55 h
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