3 vidas, 24 horas

Álvaro ha recorrido 800 kilómetros en 20 horas para echar un polvo. Miguel apenas ha necesitado 25 metros para hacerlo. Ana ha comenzado a impartir el taller que lleva un mes preparando.

Miguel tiene una autoestima a prueba de bombas y siempre lleva condones en el bolsillo. Ana está decidida a convencer al departamento de administración al completo de que confíen los unos en los otros. Álvaro ha reservado la mejor habitación del hotel más encantador de la ciudad para convencer a Sonia de que pasear de la mano y robarle un par de besos en dos meses es algo propio de quinceañeros y demasiado raro a los 40.

Ana se mira la barriga y empieza a pensar que sus conferencias ya no suenan igual que antes de saber que iba a ser madre. Álvaro ha gastado media paga en flores y cenas con Sonia, que ha decidido recuperar la juventud perdida volviendo a hacerse la estrecha y a caminar en la ingravidez mientras sonríe a su desesperado novio. Miguel no ha abierto la boca en toda la noche, limitándose a reproducir su mirada pretendidamente seductora tantas veces ensayada ante el espejo, lo que ha provocado cierta ternura en Elisa y harta de los convencionalismos del cortejo se ha limitado a abrir la puerta de su habitación invitándole a entrar a media noche.

Álvaro está haciendo la maleta de vuelta sin haber deshecho la cama. Miguel no consiguió llegar a la suya ni saber el nombre de su compañera de cama. Ana ha tatuado a fuego en la mente de sus alumnos que los conflictos hay que abordarlos, de lo contrario generan tensiones. Sonia la ha interrumpido advirtiendo que las tensiones mantenidas sostienen toda una vida. Elisa los ha mandado a todos al fisioterapeuta a liberarlas mientras ella se dedica a vivir.

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29 de junio de 2013 - 08:32 h