Por los siglos de los siglos...

…Mientras estaba en la ducha, procuré no dejar ni una zona rugosa en mi piel, por si acaso caía la breva de ser rozada por lengua alguna.

Siempre ha sido una costumbre, a sabiendas de ser fiel, pensar que el polvo de mi vida puede aparecer en el momento más insospechado.

…Me dijiste que esa noche la pasarías sólo, y decidí acompañarte un ratito, incumpliendo las órdenes de mi parte más leal.

Mientras te leía en voz alta, tus labios rozaron la parte trasera de mi cuello, escapándoseme un suspiro que me delató, me arrancó la venda anclada a mis encuentros contigo, dejando al descubierto aquel deseo adormecido tantos años…

-¿Me vas a dejar que termine la lectura?- susurré tensa con una sonrisa escondida…

Tus manos acariciaron de nuevo mi nuca, inflamando esa parte mía que ahora quemaba.

-Deja, por favor… no empieces...-negaba anteponiéndome a mi deseo.

…Cuando por fin tu boca se colocó a la justa distancia de poder respirar dentro de ti, durante dos largos minutos haciéndome la estatua… supe que estaba rendida.

Desde que me pasó aquello que sólo tú sabes, el sólo hecho de pensar en acariciar un sexo masculino me enervaba. Pero esta vez todo era distinto. Disfruté apretándote, recorriendo tu curvatura erecta, e impregnándome de tu aroma masculino que me recordó a la… lejía. Me quité la ropa sin darte tiempo a reaccionar. No te lo esperabas, ¿verdad? Tantos años insistiendo… y por fin te llegaba el premio.

Quedé de espaldas a ti, acomodada sobre tu sexo petrificado, y me despojé del sujetador. Pude entonces escuchar un lamento ronco cuando tus manos hicieron el amago de agarrar mi pecho… y se tornó gemido cuando por fin, esos pulgares de seda, acariciaron con rudeza mis pezones en carne viva por la emoción de lo que les esperaba.

Me puse en pie con sumo cuidado para retirar mis pantalones, notando tu mirada húmeda en mi trasero pequeño, pero bien formado. Estaba segura de que te iba a gustar, después de tantas tardes frente al espejo imaginando…

Cuando descubriste mi sexo liso, moreno y suave como la piel de mis antebrazos, tu mirada exudó lo que me parecieron lágrimas.

Tu mano ardiendo se posó suavemente en esa zona sólo mía, tan mojada por el contacto… y otro quejido –ahora más intenso- salió de los poros de tus labios. Mirabas tu mano en mis labios enrojecidos y daba la impresión de que no dabas crédito. Acostumbrada a la violencia de quienes nunca tuvieron en su poder un coño depilado por completo, sentí que me iba a desmayar por lo cuidadoso de tus caricias.

Lo sé, siempre me contaste que nunca habías metido tu cabeza entre las piernas de una hembra y, el hecho de que abrieras fuertemente las mías dispuesto a bucear entre ellas me hizo sentir más placer del que sólo puedo conseguir a solas. Te miré con deseo… Observé cada movimiento de tu lengua, lento y aprovechando al máximo cada caricia de tus labios suaves en los míos recién bautizados por tu apetito insaciable. Ahí era, justamente ahí… Disfruté más viendo tu gesto avaricioso por el hambre acumulada, que por la intensidad de la sangre que se concentraba entre tu boca y mi sexo, que me penetraba como el más sabio de los miembros que había conocido, y me hacía desvanecer.

…Pero necesitaba algo más.

Con violencia y, ante tu perplejidad, aparté tu cabeza y te eché en el sofá… Con lentitud, fui montándome sobre ti, colocando la abertura de mi vagina a dos centímetros de tu boca, como quien retiene un beso. Empapado por tu saliva y mis flujos, intentabas aferrarte a ella, pero yo no te dejaba… Miré hacia atrás.

Estabas tan erecto… que gotitas resbalaban a lo largo y ancho de tu pene duro y bien formado, como un surtidor que quise succionar… Pero me reprimí. Eso lo guardaría para otra vez. Esta vez mi regalo era otro. Fui bajando, lentamente, hasta que mis manos introdujeron tu sexo en el mío… que mis músculos preparados apretaron con fuerza…

Gemiste como un animal… me dio miedo, pero me gustó. Metí dos de mis dedos en mi boca pintada de carmín brillante para humedecerlos, y una gota de saliva cayó en tu pecho. Los saqué lasciva de mis generosos labios y los coloqué en mi clítoris, dispuesta a ofrecerte ese espectáculo secreto, nunca antes visto por macho alguno. …Tus ojos, antes sin expresión, se abrieron volviendo a la vida sin sospechar lo que iba a acontecer: ibas a ser mi primer espectador.

…Muchos años estudiando cada gesto de mi masturbación… sin imaginar que tú serías mi público. Me olvidé… me dejé llevar y…frente a ti, ajena a los ya rugidos que lanzaba tu interior, me acaricié… primero con suavidad… de lado a lado... recreándome en mi respiración.

Para que no perdieras detalle de lo que sólo en las duchas de las más atrevidas ocurre… Para que se grabara en tu recuerdo… para siempre. Me toqué, me arañé, me metí los dedos y cerré los ojos. Y acabé en un concierto de gemidos, suspiros, gritos y convulsiones que avergonzarían a la más viciosa de todas las mujeres… No podía parar, no podía… Jamás sentí mayor éxtasis en mi vida… Nada importaba… estaba endemoniada… Sólo el hecho de recordarlo enturbia mis sentidos de nuevo. Tardé en desfallecer, pero muriendo de placer durante toda aquella representación que nació sólo para ti…

Caí derrotada hacia atrás, mientras chorros de semen mojaban mi espalda… por tus múltiples corridas incesantes… Una detrás de otra… una detrás de otra… Notaba tu dureza, subir y bajar… mientras mis manos se aferraban fuertemente al punto exacto de mi perversión… entre jadeos y sacudidas… Ni siquiera te pude besar al marchar… Quedaste hecho un ovillo, y allí te dejé…para nunca volver.

Obligándote –lo sé- a recordar esa escena cada una de las veces de tu vida en que te excites lo más mínimo…

Obligándote a despertar cada noche con la desesperación de una pesadilla horrible, queriendo volver a vivir aquello que… nunca más.

Obligándote a tener la sensación de "necesito más" para siempre… porque ese "más" solo puedo dártelo yo…

…Y lo que es peor;  ...obligándote a estremecer cuando no puedas evitar ver las uñas pintadas de mis dos dedos en cualquier mano, de cualquier mujer, por los siglos de los siglos… AMEN

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6 de abril de 2013 - 03:00 h