El peor director de la historia

Tim Burton da una maravillosa explicación al enigma: para cualquiera que haya visto Plan 9 del espacio exterior (ya saben, la peor película de la historia del cine, o eso dicen) es inimaginable cómo alguien pudo concebir, proyectar, emprender y terminar ese canto a la chapuza (y unas cuantas cosas peores) y sinceramente creer que lo que hacía era maravilloso.

Semejante tipo, Ed Wood, sólo puede ser sacado de la memoria de lo underground para trasladarlo al paraíso de lo insólito por un Tim Burton que se rinde a su personaje, lo abraza cariñosamente y le da sus dos horas de eterna gloria. Deja en segundo plano su habitual estética para permitir que reine Wood, el borroso blanco y negro de sus obras, el estilo dislocado y futurista de sus músicas, que para perplejidad del espectador reinventan dos extraordinarios compositores de cine como Stefan Czapsky y Howard Shore. No es una casualidad: sólo el genial director de Beetlejuice, Big Fish y Eduardo Manostijeras podía recrear la poesía del fracaso, la belleza de una vida patética, el encanto del artista sin talento.

Fue el más sincero entusiasmo lo que empujó la destartalada carrera de Ed Wood, y Johnny Deep, un actor como la copa de un pino (y no olvido sus infames interpretaciones del pirata Sparrow), explica en cada mirada y en cada gesto cómo alguien puede ser tan ciego en su inutilidad y pasarlo tan bien en compañía de tan corte de raros y desaprensivos inadaptados sociales.

Tim Burton aprovecha también otra emotiva crónica del fracaso: la oscurecida estrella del terror Bela Lugosi, en una memorable recreación de Martin Landau. Cada encuentro de los dos personajes, Wood y Lugosi, emociona. Tanto, como el cara a cara entre Ed Wood y su admirado Orson Welles, que supone la guinda de una película que posee toda la maestría que el peor director de la historia soñó tener. Es el mejor regalo para quien no fue maestro de nadie.

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Publicado el
24 de agosto de 2013 - 04:57 h
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