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Marcos Santiago: “Los gitanos no hemos tenido suerte con la política”

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Marcos Santiago (Córdoba, 1972) no lo pensó cuando se le propuso esta entrevista. “Saldrá publicada el 8 de abril, por el Día Internacional del Pueblo Gitano”, le avanza el periodista dejando caer el eje vertebrador de la charla. “Me parece estupendo”, respondió. Curtido en las salas de vistas de los juzgados cordobeses, este letrado y escritor conoce de primera mano la compleja realidad de la comunidad gitana, a la que él mismo pertenece, en Córdoba.

La entrevista se realiza en una de las flamantes salas de la recién inaugurada Ciudad de la Justicia. En uno de sus amplios pasillos Cortés saluda con familiaridad y efusividad a unos y a otros: desde los guardias civiles que custodian el acceso al juez decano que se le cruza a la salida de un ascensor. “Cuidadme a este letrado, que es un fenómeno”, solicita a los reporteros después de darles permiso para realizar la charla en las instalaciones.

Todo en Cortés es rápido esta mañana fría de comienzos de la Semana Santa. Se mueve rápido, habla rápido y desaparece rápido en busca de su toga. Pero una vez sentado ante la grabadora, todo cambia. El discurso se vuelve más pausado, más reflexivo. Piensa las palabras y las frases. Incluso repite algunas respuestas con las que no está satisfecho. Como si en vez de hablar, estuviese escribiendo. Y es precisamente sobre su triple faceta de novelista, letrado y conocedor de su pueblo como empieza la charla.

PREGUNTA. Ponme estas tres palabras en orden de preferencia: gitano, abogado, escritor.

RESPUESTA. Gitano, abogado y escritor.

P. ¿Qué crees que ha sido más racista en España, el Diccionario de la Real Academia o la Justicia?

R. La Justicia.

P. ¿Por qué?

R. Porque el Diccionario de la Real Academia no lo lee nadie, sin embargo la Justicia la vemos todos los días.

P. ¿Qué te dijo el primer gitano que te vio vistiendo una toga?

R. Lloró.

P. ¿Has sentido rechazo entre tus compañeros alguna vez por ser gitano?

R. No. Lo que he sentido a veces es algo más de competitividad.

P. ¿Qué te satisface más, una absolución o terminar una novela?

R. Una absolución siempre. Una novela no deja de ser un capricho personal pero con una absolución le estás dando la felicidad a una familia entera y estás restableciendo la justicia.

El ser gitano no es nada romántico, es como el beber agua

P. Estás a punto de publicar tu cuarta novela.

R. Espero que para octubre pueda presentarla. Es distinta a las anteriores y creo que es la mejor porque está totalmente nutrida de mi experiencia como abogado. Es una historia anónima pero se cuentan cosas que quizás no se vean en los libros anteriores.

P. Aquellos tenían un punto histórico.

R. Sí, el primero, Amor de olivo, era una novela negra muy dura en la que criticaba el machismo existente en el siglo XX. La segunda novela, Rivera de Primo, fue un relato histórico que criticaba el hambre gratuita que ha pasado el pueblo andaluz. El tercero era un homenaje a mi raza y a mi etnia; una forma de que la gente conociese las virtudes y los defectos de las gitanas y los gitanos. El cuarto espero que sea el más divertido: es una novela policiaca y del mundo del tráfico de drogas que creo que va a gustar muchísimo porque es tremendamente realista. Todo es inventado pero todo puede pasar porque, de alguna forma, ya ha ocurrido. Como la realidad supera a la ficción, no me ha hecho falta ficción ninguna para atraer la atención del público.

P. ¿El mundo gitano vuelve a ser protagonista?

R. No exactamente. En el entorno marginal está todo tan mezclado que lo gitano no se ve. No solo en el entorno marginal hay gitanos, hay otros muchos grupos sociales que se confunden entre sí y dan lugar a eso que se llama zona de exclusión social. Y ahí hay de todo. Por tanto, en la novela aparecen elementos gitanos pero de muchos otros grupos también.

P. ¿Tu visión del mundo gitano cambia según ejerzas de escritor o de abogado?

R. El ser gitano no es nada romántico, es como el beber agua. No hay nada extraño en ser gitano, todo es cotidiano. Yo soy gitano y sigo con los mismos lazos que he tenido siempre incluso desde pequeño. No por ser abogado solo me relaciono con abogados o jueces. Para mí, el ser escritor o abogado-en cuanto a la realidad del pueblo gitano- es exactamente la misma. Yo no puedo sino contar siempre la realidad del pueblo gitano. No me puedo inventar nada porque yo soy parte de él. Por eso, si yo me inventara cosas me estaría mintiendo a mí mismo, a mis hermanos, a mi mujer, a mis hijos, a mis padres y a mis mejores amistades. Con todo el respeto te digo que tu pregunta ni siquiera me la planteo.

P. Te la replanteo yo: como abogado, ¿ha cambiado tu visión del pueblo gitano y su realidad?

R. No, ya la conocía. No la ha cambiado para nada porque ya la conocía perfectamente. Al contrario, me ha servido para saber tratarlos.

P. Y si pudiésemos hacer un mínimo común denominador, ¿cómo definirías la situación de tu pueblo en Córdoba?

R. Pues es una situación de urgencia ligada a la pobreza, como le pasa a tantas familias. Ha habido una crisis muy grande y el descalabro de la construcción ha afectado a payos, gitanos y a todo el mundo. Pero además, actualmente los mercadillos -que eran la principal fuente de recursos del pueblo gitano- están en plena decadencia a causa de la proliferación de las grandes superficies y de la importación asiática. Los nuevos establecimientos imitan la filosofía del vendedor ambulante gitano y lo están hundiendo. Se deberían bajar los impuestos a la venta ambulante porque son negocios familiares muy débiles de los que depende el progreso social de las zonas de exclusión. Bajando los impuestos, sería más fácil subsistir.

P. Tu familia también se ha dedicado a la venta ambulante.

R. De alguna forma, todos los gitanos venimos de la venta ambulante.

P. ¿La crisis ha afectado más a los gitanos en los barrios desfavorecidos de la ciudad?

R. Ha afectado por igual. En las zonas de exclusión social sufre todo el mundo. Lo que ocurre es que hay una mayoría de familias gitanas en algunas de esas zonas y por tanto sufren muchas familias gitanas. Todo va, ligado con siglos y siglos de leyes antigitanas que nos han ido alejando de los centros educativos porque éstos no nos querían allí. Y eso supone un lastre. Es verdad que desde 1978, con la democracia y con el trabajo del asociacionismo se ha avanzado mucho. También con la escolarización y el progreso académico de los gitanos aunque aún queda mucho por hacer.

P. Ese asociacionismo ha supuesto todo un revulsivo.

R. Ha sido muy importante en primer lugar porque, gracias a la democracia, le ha dado una personalidad jurídica a los gitanos que nunca antes habían tenido. Y por tanto, voz en las instituciones. Pero el principal triunfo de las asociaciones fue que lograron escolarizar totalmente a la población infantil gitana. Además, estas entidades tienen entre sus finalidades el progreso social de los gitanos desfavorecidos. Así, formaban a los destinatarios y luego los colocaban en esas mismas asociaciones cobrando un sueldo. Ha sido una lucha, por tanto, con una doble satisfacción porque a la vez que luchaban por el pueblo gitano se convertían en el principal recurso para lograr ese camino. También tiene una parte no tan positiva, como ocurre con todas las ONG: cuando se hacen demasiado grandes empiezan a parecerse más a una empresa. Quizás entonces se pierda un poco la finalidad que tenían.

P. ¿Cómo decidiste estudiar Derecho?

R. Era muy anárquico con los códigos, con los números... por eso, en principio, no me atraía. Y es que uno se guía por las apariencias –que es justamente lo que a mucho les pasa con los gitanos- y te creas una imagen tal vez negativa. Sin embargo, me di cuenta con el tiempo de que el Derecho es más infinito que las matemáticas. Es maravilloso. Yo me había matriculado en Historia y gracias a Dios mis padres me dijeron aquello de matricúlate en Derecho que es más bonito y además vas a comer.

De alguna forma, todos los gitanos venimos de la venta ambulante

P. Estudiaste en la Facultad de Derecho de Córdoba.

R. Fue uno de los periodos más bonitos de mi vida. Hice amistad con los profesores más que con los alumnos y aún son mis amigos. No sentí discriminación alguna, más bien lo contrario. Había curiosidad de la gente por conocerme, incluso.

P. Una vez licenciado, ¿cómo fueron los comienzos?

R. Duros. Estaba vendiendo en el mercadillo y había días en los que me levantaba a las seis de la mañana, trabajaba en el puesto, llegaba a mi casa a las cuatro de la tarde, comía y me iba a un despacho a hacer la pasantía. De allí me iba a la Escuela de Prácticas Jurídicas hasta las diez u once de la noche. Fueron duros pero tampoco me di cuenta de que lo eran porque tenía una ilusión desbordante. Me sentía como ese que va a buscar un tesoro y tiene que excavar un hoyo enorme con una pala para encontrarlo.

P. ¿Y lo que encontraste fue lo que esperabas?

R. Fue más de lo que esperaba. He encontrado reconocimiento y respeto. He encontrado que, en Córdoba y en el ámbito de la Justicia, ser gitano no significa ningún lastre. He hecho amigos en este mundo, he encontrado a compañeros entrañables y he podido mantener a mi familia. El Derecho para mí, ahora mismo, es Dios.

P. Me dices que ser gitano no es un lastre vistiendo una toga, ¿pero lo es sentado en el banquillo?

R. (Largo silencio) Podemos pensar que el ser gitano, en una situación negativa, siempre es un lastre pero mi experiencia del día a día me enseña que hay muchas sentencias absolutorias a gitanos. Por tanto, sería injusto tachar de racista a los juzgados de Córdoba porque mi experiencia me dice que eso no es así.

P. Entonces se cumple eso de que la Justicia es ciega, al menos en Córdoba.

R. Pero no es sorda.

P. ¿Qué quieres decir?

R. Que se basa en los hechos, en la ética y no en la estética.

P. ¿Has encontrado diferencias en este sentido en los juzgados de la provincia o de otras provincias?

R. Sí.

P. ¿A peor?

R. A peor. Y no lo digo porque yo sea cordobés. Verás, rechazo hacia los gitanos sigue habiendo en todas partes. Lo que trato decirte es que Córdoba es una perla, una excepción. Su justicia es muy tolerante: no le importa el color de la piel de quien esté sentado en el banquillo. Es una plaza muy culta para eso.

Me gustaría que las gitanas y los gitanos cambiásemos un poco, pero tampoco demasiado

P. En cambio, en CORDÓPOLIS, en los últimos años hemos detectado un repunte de comentarios abiertamente racistas hacia gitanos o inmigrantes en situaciones de pobreza o marginalidad.

R. Es un problema de educación y nivel cultural. Cuando una persona tiene mucha cultura se convierte en alguien especial. El problema es que sigue existiendo un bajo nivel cultural en general en la masa. Y la masa da miedo. Y la masa es racista ya que encauza todas sus frustraciones hacia el distinto, hacia el diferente. A esto tenemos que añadir el factor del anonimato que saca lo peor de muchas personas. Pero estas personas se refugian en el anonimato porque saben que lo que dicen no es justo. En todo caso, me reafirmo en lo que te decía: ninguno de los autores de esos comentarios pude trabajar en el ámbito de la Justicia porque ven todos los días que la mayoría de las personas que se sientan en el banquillo no son gitanos. Los abogados tenemos un dicho que se puede aplicar a este problema: quien esconde su identidad es porque falta a la verdad.

P. ¿Entonces hay más miedo al diferente por desconocimiento que por racismo?

R. Tenemos las dos cosas. Lo que vosotros detectáis en CORDÓPOLIS se debe a una gran virtud del periódico: habéis logrado que la gente que normalmente no se acerca a los periódicos o que no es sensible a la cultura por causas diversas sí os lea a vosotros. Estáis logrando que personas que no leen nunca estén aprendiendo a leer porque se interesan por los acontecimientos y sucesos que contáis. Pero a la vez, CORDÓPOLIS lo lee una masa de gente que no está preparada para juzgar a nadie, tan solo se podrían juzgar a sí mismas y eso no lo hacen.

P. Muchos de esos barrios donde dices que nos leen están azotados por una profunda miseria. ¿Ves esperanza de recuperación?

R. No nos equivoquemos. La situación es dura, pero también existe la felicidad en esos lugares. Cuidado con eso. El ser humano tiene la facultad de ser feliz incluso en la adversidad. Y, sinceramente, esos barrios tampoco tienen que cambiar hasta perder su esencia. Imagínate que todos los barrios fuesen como Las Tendillas o el Centro, daría repelús. Yo creo que esos barrios tienen que elevar un poquito el nivel educativo y cultural pero sin cambiar completamente.

El Derecho para mí, ahora mismo, es Dios

P. ¿Qué es lo primero que necesitan? En Las Palmeras hay una larga lista de reivindicaciones gracias al nuevo impulso del asociacionismo vecinal.

R. Necesitan apoyos políticos. Es muy posible que un barrio marginal se convierta en uno obrero y finalmente en otro vanguardista. Y te pongo el ejemplo de mi barrio, La Fuensanta. Nació como cualquier barrio periférico, ya sea Las Palmeras, Las Moreras o la calle Torremolinos. En barrio, la calle Ceuta era en tiempos más temida que la calle Poeta Gabriel Celaya en Las Margaritas o la plaza Patio Pico Mulhacén, en Las Palmeras. ¿Qué se hizo? Invertir en educación y se llenó de colegios y otros servicios. Llegaron los recursos, se hicieron obras… Cuatro décadas después, tenemos un barrio completamente normalizado sin altos índices de delincuencia. Solo en los años ochenta, con el tema de la heroína, pudo haber algún repunte pero en esos años los vecinos se organizaron para luchar más por su progreso y vencieron. Lo que ocurrió en La Fuensanta puede pasar en otros barrios que ahora tienen problemas, como la degradación social que vemos en Ciudad Jardín o Fátima.

P. Muchos de esos problemas siguen vinculados a la droga.

R. El tráfico de drogas nos produce un rechazo de entrada. Pero si conoces el trasfondo de la problemática descubres que acabar traficando con droga es una problemática incluso lógica ante la falta de cultura, formación, medios y el rechazo de los demás. Y últimamente, también es consecuencia de lo que nos venden en televisión con esta imagen que se está dando de los traficantes como héroes sociales o personas a las que se les puede imitar. Pero ningún padre quiere que su hijo trafique o sea adicto a las drogas. Todo es consecuencia de una situación muy urgente socialmente. En otras situaciones sí podemos encontrarnos con el afán de lucro en grandes traficantes pero cuando hablamos de venta al menudeo, ¡ni siquiera saben lo que venden!

Desde siempre, la mujer gitana ha tirado del carro de la familia

P. Invertir en educación, como reclamas, no deja de ser una decisión política. ¿Cuál es el papel que ha jugado la política con el colectivo gitano?

R. No hay grandes políticos para el pueblo gitano. Hay mucho desconocimiento de la realidad social del pueblo gitano en la política. Los periodos electorales siempre son maravillosos pero me gustaría que hubiese personas que de verdad se sintiesen muy comprometidas, que se sintieran un poco gitanas. Y de eso no hay.

P. ¿Por qué no hay líderes políticos gitanos?

R. Porque los aparatos de los partidos no nos valoran.

P. ¿Pero hay banquillo?

R. Banquillo no, hay más. Conozco a cientos de personas a las que les hubiese gustado intervenir en un partido político para ser la voz no solo de los gitanos, sino de todo aquel que le haga falta un plato de comida. Pero las gitanas y los gitanos en política no hemos tenido suerte.

P. ¿Y en eso se han portado igual todos los partidos?

R. ¿Ves muchos gitanos y gitanas en el Parlamento?

P. ¿Para un gitano es más importante su ideología o su etnia?

R. Los gitanos hemos estado tan ajenos a la sociedad, ha habido leyes y acciones tan macabras hacia nosotros, que no podíamos definirnos de ningún partido político porque no nos fiábamos de ninguno. Por los valores de la izquierda se tendrían que incluir a gitanos en las listas electorales, porque los hay muy preparados y se lo deben históricamente, pero no hay. Y la derecha, que dice ser liberal en lo económico y siempre apoyando al empresario para que contrate a trabajadores, ha olvidado a los gitanos y a sus comerciantes. En general, no se nos hace ni caso. Los partidos nos lo dicen todo cuando no integran en sus filas ni en sus listas a los gitanos.

P. ¿Hay tufo racista en los partidos?

R. Por supuesto, mucho más que en la Justicia.

P. ¿Hay rechazo?

R. Menosprecio, que es peor.

Los aparatos de los partidos políticos no nos valoran a los gitanos

P. Hemos visto grandes manifestaciones de los colectivos de mujeres reivindicando cambios profundos en la sociedad. ¿Puede ocurrir lo mismo con el conjunto del colectivo gitano?

R. Tengo esperanza de que eso ocurra porque hay mucha gente que lo está pidiendo. Pero ocurre que los gitanos superamos tan pronto la adversidad, que lo urgente en nosotros no es salir a las calles, sino empezar a ser felices otra vez. No es conformismo, es un instinto de supervivencia innato. Para nosotros, a veces, las reivindicaciones son una pérdida de tiempo cuando antes tenemos que aprender a caminar bien. En cualquier caso, ojalá pase. Me gustaría que las gitanas y los gitanos cambiásemos un poco, pero tampoco demasiado.

P. Cambiar en qué sentido.

R. Me gustaría que hubiesen más universitarios, más licenciados pero por lo demás no cambiaría casi nada (risas).

P. Eso depende de nuevo de decisiones políticas que favorezcan el acceso a la universidad de personas con menos recursos.

R. Claro, es lo que estamos hablando. Pero también tenemos que hacer algo de autocrítica. Te decía que el periodo democrático ha sido maravilloso para los gitanos y todo el mundo. Y en ese periodo los mercadillos nos han dado la oportunidad de vivir bien pero tal vez nos acomodamos un poco. Y siempre recuerdo lo que dijo Ramón y Cajal: en España muchos ríos se pierden en la mar y muchos talentos en la ignorancia. Y en el pueblo gitano, muchos talentos se diluyeron en el mercadillo. Quizás esa es la cara no tan buena del mercadillo: nuestros jóvenes quisieron ser vendedores ambulantes y no estudiar carreras pero ahora como el mercadillo va mal, no tenemos más remedio que estudiar carreras.

Yo no dejaría nunca a mi familia solo para realizarme profesionalmente

P. ¿Y qué papel jugará la mujer gitana en este cambio?

R. En la actualidad las gitanas y los gitanos vamos a una pero la mujer está avanzando muchísimo más que el hombre. En las universidades hay más gitanas que gitanos. De siempre, la mujer gitana ha tirado del carro de la familia. Quizás hemos tenido el mismo error de toda la cultura mediterránea y latina con la lacra del machismo, aunque en el mundo gitano no ha sido tanto como se vende.

P. ¿Veremos con naturalidad a mujeres gitanas, profesionales o no, que vivan -si quieren- con total independencia de los hombres, ya sean sus padres, hermanos o maridos?

R. Yo eso no lo quiero ver.

P. ¿No? Hablo de la emancipación de la mujer.

R. Yo soy gitano y tengo unos valores y uno de los más importantes es la familia. Por eso no quiero ver ni a una gitana ni a un gitano emancipados de su gente. Que estudien, que tengan independencia económica, lo que quieras, pero que vivan con los suyos, con su familia. Porque dependemos de nuestras familias, nos queremos mucho y queremos estar siempre unidos. La gitana o el gitano que vive aparte se convierte en un bicho raro. Yo no dejaría nunca a mi familia solo para realizarme profesionalmente, intentaría hacer las dos cosas. Ser gitano es llevar adelante las dos cosas: progresar culturalmente, académicamente, profesionalmente y estar al lado de tu gente al mismo tiempo. Si no haces eso, ni eres gitano ni eres nada. ¿Te has enterado?

El machismo en el mundo gitano no ha sido tanto como se vende

P. Sí.

R. Al emanciparse demasiado tiene el riesgo de automarginarse como gitano. De todas formas, tengo que decir que gracias al culto evangelista se han solucionado muchos problemas en el seno de las familias gitanas. La iglesia evangelista creo que también le ha dado un mérito a los gitanos que nadie, tampoco ninguna otra confesión religiosa, le había dado antes. Eso ha supuesto ganar en confianza. Sobre todo porque los pastores son también gitanos.

P. ¿Qué ocurre con los grupos de gitanos provenientes de Europa del Este?

R. Tengo bastante experiencia con ellos porque a muchos los defiendo. No son herméticos, hay de todo. Ellos vienen sin nada y solo a intentar vivir mejor. Pero si no tienes nada para dar de comer, la cosa se vuelve muy complicada. A pesar de que se les acusa de robar o hurtar, lo que más vemos todos son gitanas en verano, a 50 grados, recogiendo chatarra con un carrito. Desde que amanece hasta que anochece. Las personas que son sensibles al trabajo y que se esfuerzan tanto son sensibles siempre.

P. ¿Y la mendicidad con niños?

R. Eso es desconocimiento. Mira, si tienes una chabola y tienes que ir a pedir porque no te queda otra solución para sobrevivir, te llevas a tu niño de pecho contigo. ¿Que a usted le provoca más ternura y me da más? Pues bienvenido sea, pero yo al niño no le puedo dejar solo en la chabola, me lo tengo que llevar. Y el dinero que se da es para cuidar a ese niño, así que el mostrarlo no es sino mostrar la realidad misma de la familia. ¿Supone un poco de picaresca? Yo se la perdono.

P. Pero algunos tienen edad de estar en el cole.

R. Lo están y si no habrá que llevarlos, pero no es tan fácil cuando no se tiene para comer, hay hambre, se vive una chabola y te cae la lluvia.

P. ¿Cuál es la importancia de premios como los del Instituto de Cultura Gitana?

R. El pueblo gitano se compone de muchas familias muy amplias. Algunas necesitan del Ministerio de Asuntos Sociales pero hay otras familias que lograron vencer las barreras de la marginalidad y no solo están normalizadas, sino que son vanguardistas. Esas personas ya necesitaban ser mencionadas y reconocidas por el Ministerio de Cultura. Desde ese punto de vista, es muy necesario el Instituto de Cultura Gitana para darnos un poco de categoría social. Incluso las personas más necesitadas encuentran referentes en estos premios.

P. ¿Aspiras a uno de ellos?

R. El mejor premio a la cultura gitana que me pueden dar ya lo tengo: que mi mujer siga enamorada de mí cada vez que vuelvo a casa tras 20 años casados.

La gitana o el gitano que vive aparte se convierte en un bicho raro

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