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José María Palencia: “Cambiar el solar del Bellas Artes es convertir el museo en mercadería”

Jose María Palencia | FOTO: MADERO CUBERO

El director del Museo de Bellas Artes de Córdoba recibe a Cordópolis en el patio que comparte con el Museo Julio Romero de Torres. José María Palencia (Córdoba, 1959) ha estado dándole vueltas a esta entrevista desde que se concretó la cita, una semana antes. Apunta al redactor algunas cuestiones que le gustaría tratar y sonríe sugiriendo algún que otro titular, incluso antes de empezar el cuestionario. Eso agrada al reportero, que teme enfrentarse a una de esas entrevistas difíciles de resumir en una línea. Pero sabe que no va a ser el caso.

Por una vez, el futuro del Museo de Bellas Artes de Córdoba ha ocupado las páginas de periódicos y minutos de radio y televisión que siempre ha añorado. Lástima que no haya sido por el normal funcionamiento del centro, sino por la polémica ubicación del futuro -y ya hipotético- inmueble que acoja su futura sede. El Ayuntamiento de Córdoba anunció hace un par de semanas que estudiaba cambiar el solar reservado para el museo junto a la Calahorra.

Esa era la principal percha informativa para acordar una entrevista con Palencia. Pero como ir directamente al grano es muy poco cordopolita, preferimos comenzar por la inauguración que el Bellas Artes acogió el día anterior y que se centraba en la relación de la pintura de Romero de Torres y el arte japonés. Una muestra con un gran protagonista: una pintura inédita del pintor cordobés de estilo marcadamente nipón.

PREGUNTA. Anoche, en la inauguración de la última exposición, delante de aquel cuadro de Julio Romero de Torres que nunca hubiese identificado como tal, me preguntaba si en un oficio como el suyo todavía hay hueco para las sorpresas.

RESPUESTA. Pues sí que las hay. Aunque parezca lo contrario y aunque se hayan editado muchos libros, en el mundo del arte todavía no está todo descubierto. Y en lo relativo al arte español, falta que, a través de esos descubrimientos, suba a la categoría del arte italiano y flamenco, que han sido las bases para escribir la historia del arte occidental. En cuanto a las sorpresas, te puedo decir que en estos momentos estoy trabajando en dar una gran sorpresa: demostrar qué pintura faltaba de la Quinta del Sordo de Goya. Hasta ahora no se sabía, se han propuesto algunas hipótesis de varias pinturas pero yo tengo una hipótesis propia acerca de un cuadro perteneciente a una colección particular francesa que estoy ahora estudiando para ver si podemos hacer una aportación nueva. No solo al mundo de Goya sino del mundo del arte en general.

En el mundo del arte todavía no está todo descubierto

P. Pregunta obligada de periodista, ¿puede adelantarnos algo?

R. No puedo adelantaros más que es la pintura que acompañaba a la famosa pintura del Perro en la Arena que está en el museo del Prado. Pero esta otra pintura proviene de las Pinturas Negras de la Quinta del Sordo. Luego te enseñaré la foto, pero no la puedes sacar.

P. Lástima...

R. No puedes...

P. ¿Cree que este mismo museo guarda sorpresas que no conozcamos?

R. En lo que respecta a la pintura y las estampas antiguas, qué duda cabe. Hay muchas obras sin estudiar que pueden deparar sorpresas si se investiga a fondo.

P. Se lo pregunto también porque al Bellas Artes le pasará como a muchos museos importantes que guardan en sus fondos más obras de las que exponen.

R. Efectivamente. Tenemos expuesto entre un 10% y un 12% del conjunto total de fondos que tenemos. En dibujos y estampas podemos tener entre 2.000 y 2.200 obras. Si tuviésemos que tenerlas expuestas sería una falacia, porque el papel no se tiene expuesto de manera permanente en ningún museo; pero habría para hacer dos museos solo con eso. En el fondo de pintura y escultura, podríamos duplicar o triplicar el museo actual.

Tenemos expuesto entre un 10% y un 12% del conjunto total de fondos del Museo de Bellas Artes

P. Eso me lleva a la pregunta obligada de si hace falta un nuevo Museo de Bellas Artes en Córdoba.

R. Sí, es absolutamente imprescindible y no es algo que nos inventemos ahora, es algo que se viene planteando desde hace más de una década desde la Junta de Andalucía. Y más concretamente desde que se produjo el ofrecimiento de un solar existente frente a la Mezquita y junto a la Calahorra.

P. Ese solar, abierto desde hace más de un lustro, está ahora mismo en cuestión. Y aunque no hay ni dinero destinado al nuevo museo en los Presupuestos Generales del Estado, el Ayuntamiento plantea cambiar su función y mover el Bellas Artes a otro sitio.

R. A los políticos les mueven los fondos, la falta de fondos en concreto. Pero a mí preocupa que el sitio sea el idóneo y que responda a las condiciones con las que se había venido trabajando; un lugar que responda al plan museológico y museográfico que teníamos. El solar junto a la Calahorra estaba planteado como una antesala turística a la visita de la ciudad. Así venía planeado en el Plan Turístico de Excelencia, que designaba como primer punto de parada de los turistas ese nuevo Museo de Bellas Artes allí ubicado. El museo no iba a ser solo un contenedor de obras de arte -como es ahora- sino que sería un explicador de toda la cultura de Córdoba, desde la arquitectura, las artesanías, para que el turista tuviese una visión global de Córdoba. Una vez cruzase el Puente Romano, accedería al Centro de Recepción de Visitantes [que sigue cerrado a pesar de llevar terminado más de un año] para, a partir de allí, informarse de lo que más le pudiese interesar. Por eso, cambiar el solar del Museo de bellas Artes implica que todo el Plan deja de tener sentido. Y eso para mí es lo más importante, porque implica que el museo se queda degradado y además implica romper el consenso social urbanístico y político ya alcanzado. Hablar de cambiar el solar es convertir el museo en mercadería y dejarlo a expensas de la especulación urbanística.

El Museo de Bellas Artes junto a la Calahorra estaba planteado como una antesala turística a la visita de la ciudad

P. Eso da que pensar acerca del concepto que de la cultura tienen los políticos.

R. Efectivamente. Uno de los déficit de esta ciudad -que ahora ha visto que la cultura la puede sacar del retraso y la afasia económica que tiene- es que Córdoba no tenga los medios culturales necesarios. Estamos faltos de la gran sala de exposiciones de gran magnitud que la ciudad necesita. Pero ni se ha hecho antes ni ahora se plantea.

P. Ese futuro e hipotético Museo de Bellas Artes , ¿respondería a esa demanda?

R. En principio, respondería a mostrar didácticamente la cultura de Córdoba pero, si llegase el momento, se podrían desmontar salas para cumplir ese servicio. Los museos deben de ser muy versátiles. El concepto decimonónico del museo contenedor de obras e inamovible está descartado en el siglo XXI. Hay que mezclar el concepto de la vanguardia museística, aun en edificios tradicionales, para que nos permitan mover las obras y poder ir metiendo exposiciones importantes en momentos determinados, a costa de desmontar parte del museo.

Estamos faltos de la gran sala de exposiciones de gran magnitud que la ciudad necesita. Pero ni se ha hecho antes ni ahora se plantea

P. ¿Qué ha pasado en esta ciudad para que -con el patrimonio que tiene Córdoba- el museo se mantenga en el mismo y limitado emplazamiento en el que se inauguró en 1862?

R. Hay un fallo del origen y es esa miopía política de la que hablábamos: no dedicar a la cultura los espacios preferentes. Por ejemplo, cuando se abrió el museo en Sevilla, se le dió el gran Convento de la Merced. En Córdoba, el gran convento de la Merced se le dio al organismo político y el museo se metió en este antiguo hospital. Y toda la infraestructura cultural del XIX estuvo aquí centrada. Pero todo también es un poco por culpa del carácter cordobés, retraído, poco partícipe. La tradicional ideología del perol; la ideología de ese cordobés solo preocupado por las tres P: Parcela, Perol y Playa. Y todo eso, mezclado con la falta de coordinación política sufrida desde el final de la Dictadura, produce esa disfunción cultural en la ciudad.

P. ¿Veremos alguna vez un Museo de Bellas Artes en esa parcela o en otra?

R. Cuando superemos la crisis habrá un nuevo museo, pero no estoy seguro de que yo vaya a verlo. Y con el paso de los años, cada vez me gustará menos hacer el traslado. Pero soy optimista porque aunque las cosas tardan en llegar y en Córdoba parecen eternizarse, llegará un momento en que se tendrán que dar cuenta de que aquí ya no se puede estar. Porque será como tener el síndrome de Diógenes pero, en vez de con la basura, con las obras de arte. Ahora hay que luchar para que no se sea miope con respecto al futuro. Y si queremos que Córdoba sea una verdadera capital cultural y que la batalla del 2016 no haya caído en papel mojado, los políticos deben tener las suficientes miras como para decir que el Museo de Bellas Artes se haga con la dignidad y atendiendo a los presupuestos con que se debe resolver. Pero no atendiendo solo a los últimos saldos económicos o a los millones que en un determinado momento se puedan destinar.

Cuando superemos la crisis habrá un nuevo museo, pero no estoy seguro de que yo vaya a verlo

P. Añadiría un par de pes más. La del Peso de la historia y la del peso del Patrimonio de esta ciudad. Creo que ambas las sufren especialmente los artistas que trabajan y crean hoy en día en Córdoba. La ciudad tiene pocas galerías, pocos escaparates donde poder mostrar sus obras. Un Museo de Bellas Artes ideal ¿podría dar respuesta a esa actividad cultural?

R. En mi concepción del museo, claro que sí. Debe de estar abierto a toda la ciudad y debe de recibir a los artistas que estén trabajando. Y si no hay un museo de arte contemporáneo que cumpla esa faceta, la debe de suplir el Museo de Bellas Artes. Otra cosa es que se puede conseguir con más o menos recursos. Pero está claro que si el actual museo tiene obras de principios del XX, de Zuloaga o de Sorolla, es porque, evidentemente, en ese momento Enrique Romero de Torres abrió el museo a sus amigos y a la contemporaneidad. Supo que no podía limitarse a la temática religiosa que había llegado como consecuencia de la Desamortización. Muchos de sus amigos regalaron piezas al museo que habrían salido mucho más caras y que no hubiesen podido haberlas adquirido de otra forma. El museo tiene que ser un ente vivo y la gente que está viva tiene que estar presente.

P. En relación al arte contemporáneo, esta ciudad ha vivido un debate muy intenso y muy largo -como siempre en esta ciudad- a costa de la colección de Pilar Citoler. Finalmente, Circa XX no se va a instalar en Córdoba, ¿qué hemos perdido?

R. Hemos perdido una oportunidad porque todo lo que era engrandecer el espacio museístico y todo lo que pudiese atraer turismo -planteado con calidad y con buenas condiciones- siempre es positivo. Pero la ciudad, con las circunstancias que tiene, no está preparada para este tipo de retos.

P. Pero volvemos a la falta de un Museo de Bellas Artes en condiciones. Citoler siempre supeditó la instalación de su colección en Córdoba a que se construyese un nuevo museo.

R. Efectivamente. Si hubiésemos contado con el nuevo museo, lo hubiésemos podido asumir. No solo el nuevo museo, sino también el nuevo Espacio Andaluz de Creación Contemporánea [antiguo C4], que podía haber asumido ese papel.

P. Citoler pedía que fuese un espacio transitorio, al menos.

R. Sí, hasta que hubiese una nueva sede.

P. ¿Hay falta de coordinación interna en las administraciones? Pongo de ejemplo ese mismo Centro Andaluz de Creación Contemporánea, donde no sabemos a ciencia cierta qué se va a hacer.

R. Sí sabemos lo que va a ser el C4. Ha habido manifiestos y definiciones. Lo que pasa es que el C4 es una apuesta a largo plazo muy grande y que nació aparejada a la burbuja inmobiliaria, en un momento en el que parecía que la felicidad reinaba. Y ahora, es el momento de ver cómo podemos tirar de ese carro. Cuando ha venido la mala racha, nos hemos dado cuenta de que este y otros proyectos estaban hechos de forma un poco megalómana. Y ese es el gran reto: que la Junta ahora pueda responder al objetivo que se plateó en ese momento, pero con unas condiciones cada vez más mermadas. El C4 es un espacio que me parece muy bien que exista. Pero no podemos supeditarlo ahora todo a ese edificio, con idea de llevar el Museo de Bellas Artes allí hasta que el C4 no se ponga en marcha tal y como se diseñó. Cada uno debe ir por su propio sendero y no mezclar churras con merinas. De lo contrario, el resultado puede ser todavía más traumático ya que el C4, en su concepción de espacio interior y didáctico, no está preparado para ser Museo de Bellas Artes.

El museo tiene que ser un ente vivo y la gente que está viva tiene que estar presente

P. Le iba a preguntar precisamente eso.

R. Es que esa idea supondría invertir todavía más dinero para acondicionar salas, almacenes, etcétera.

P. Con los fondos que guarda el actual Museo y si tuviese carta blanca, ¿cómo lo musealizaría en un espacio suficientemente grande?

R. Lo haría en la misma línea que tiene el museo ahora. Haría un discurso de la evolución del arte cordobés destacando sus figuras que no están suficientemente destacadas y de la que tenemos obra suficiente, como Antonio Palomino o Romero Barros. En el caso de este último, tenemos hasta para montar una casa museo. También uniría el final de ese museo con una gran sala de exposiciones, un espacio contemporáneo donde se pudiera ir exponiendo y donde esa actividad de los artistas contemporáneos pudiese ir revirtiendo en el propio museo con el fin de conservarlas. Esa es la labor de trastienda que la gente no ve.

Llevar el Bellas Artes al C4 supondría invertir todavía más dinero para acondicionar salas y almacenes

P. Me hablaba de la posibilidad de hacer una casa de Romero Barros. De hecho tenemos la suya aquí mismo, junto al Museo, que está pendiente de una intervención.

R. Bueno, sí. La casa es de la Familia Romero de Torres, pero Romero Barros fue el primer morador.

P. Es una casa simbólica porque toda una saga familiar de artistas e intelectuales se crió y formó allí.

R. Evidentemente.

P. ¿Para cuándo su restauración y recuperación?

R. Esa es otra de las promesas incumplidas en esta ciudad en la que Julio Romero de Torres es el mayor reclamo como símbolo de Córdoba y símbolo de lo español. Ese recinto debería dedicarse a la casa de los Romero de Torres. Es algo absolutamente necesario. Y estamos dando pasos de conservación de la colección Romero de Torres -toda la colección familiar del museo- y ahora vamos a seguir dando pasos para poder recuperar, en una primera instancia, lo que era el jardín de la familia. Ello implica una obra de arquitectura y de jardinería. Espero que a principios de año podamos contar con los recursos suficientes para hacer la obra arquitectónica. La parte floral y de jardinería se pagaría con el mecenazgo de la Asociación de Amigos de los Museos de Córdoba.

La restauración de la casa de los Romero de Torres es otra de las promesas incumplidas en esta ciudad

P. He leído que usted es cronista de Hornachuelos, de donde es su padre. ¿Cómo le gustaría a usted aparecer en las crónicas de Córdoba?

R. Como intelectual, como persona que se interesa por la Filosofía y el pensamiento. Mi formación está muy ligada al estudio de la Estética y eso es lo que pienso transmitir en mi práctica y mis escritos.

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