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El sombrero de Estévez y Paños

El sombrero | TONI BLANCO

David Hornillo

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La nueva obra de Rafael Estévez y Valeriano Paños, El sombrero, se estrenó este viernes, dentro de las actividades paralelas del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, sobre el escenario del Gran Teatro, con una gran afluencia de público que esperaba impaciente la llegada del 15 de noviembre. El espectáculo no defraudó a nadie. Con un plantel extraordinario de artistas sobre el escenario como; Rafael Estévez, Valeriano Paños, Alberto Sellés, Dani de Morón, Vicente Gelo, Nadia González, Sara Jiménez, Macarena López, Carmen Muñoz, Iván Orellana y Jesús Perona.

Ambos, Estévez y Paños, comenzaron su andadura como compañía artística por el 2003, cosechando importantes logros y premios desde entonces, como en la Bienal de Flamenco de Sevilla y Málaga. Más recientemente, en este mismo año, recibían el Premio Nacional de Danza 2019 dentro de la modalidad de creación.

Esta compañía está a la vanguardia por su estilo creativo y renovado, donde tienen la capacidad de emocionar al público a través de la perfecta fusión llevada a cabo entre el flamenco, las formas contemporáneas y la propia danza clásica española. Eso es precisamente lo que vivimos anoche, una conjunción perfecta entre las tres disciplinas, llena de gusto, profesionalidad y grandes artistas sobre el escenario.

El sombrero, surge por parte de Rafael y Valeriano a modo de fantasía sobre el montaje de El sombrero de tres picos creado por el genial compositor gaditano Manuel de Falla, quien fue uno de los grandes representantes del nacionalismo musical español. Falla creó la música para el empresario ruso Sergei Diaghilev transformando la partitura de su obra el Corregidor y la Molinera, tarea difícil que le llevó dos años en realizar.

Finalmente, la obra se estrenó en el Alhambra Theater de Londres el 22 de julio de 1919 por los ballets rusos del empresario Diáguilev bajo la coreografía de Léonide Massine y el vestuario y escenografía del genial pintor Pablo Picasso. Importante, también, destacar las aportaciones del bailaor español Félix Fernández García, que sirvieron como nexo de unión entre el baile flamenco y las danzas españolas junto a la técnica clásica.

La primera escena de El sombrero acontece en un café cantante de la época, donde Félix, representado por el bailaor gaditano Alberto Sellés se encuentra en medio de ésta rodeado por un cuadro de bailaoras y bailaores ataviados con ropa de época y sombreros y donde se interpretan una serie de estilos como son la granaína, guajiras o las peteneras entre otros. Finalmente, cuatro bailaoras nos interpretan unos tanguillos llenos de gracia y con cierto aire de chotis madrileño. A partir de ese momento, aparece la fiesta y la alegría a través de estilos como el garrotín o los tangos de Triana grabados por el cantaor sevillano Pepe el de la Matrona, “Serranita me publicaste” . A este jolgorio se une Félix y posteriormente, otra bailaora representándonos a La Macarrona, quien nos baila unas bulerías de Cádiz llenas de encanto, con un balanceo de cuerpo y caderas perfectos y sin la práctica utilización del zapateado, solo el contoneo de su cuerpo y el movimiento de sus brazos y muñecas. Esta escena nos trasladaba claramente a ese café cantante donde podíamos ver representada la figura de la genial bailaora jerezana.

Desde una esquina del escenario, el viejo empresario apoyado en su bastón observa a Félix, quien nos interpreta un baile instrumental, sin el acompañamiento del cante, y en dónde el bailaor, con un estilizado pantalón de talle alto y chalequillo negro, nos deja una elegante y armoniosa coreografía. Posteriormente, sobre el escenario, Félix queda a solas con el bailarín que acompañaba en la escena al empresario y, juntos, entran en una especie de catarsis emocional donde muestran sus obsesiones por la danza, empleando tecnicismos musicales como pianíssimo, piano, forte, fortissimo…. Y en donde puede verse claramente reflejada la rigurosidad y disciplina que el baile conlleva, de forma casi obsesiva.

Todo es representado, con exquisitez y delicadeza, en esta maravillosa obra de Estévanez y Paños. Un claro ejemplo, entre muchos, son las sevillanas interpretadas por el cantaor Vicente Gelo o las jotas que nos dejan las bailarinas. Durante la obra, se logra conseguir una línea equilibrada y perfecta entre el flamenco, las danzas españolas y el clásico, conjugando todas ellas de forma excepcional. La aparición del metrónomo es otro elemento o pieza clave en la obra, hasta el extremo que Félix, anudaba su corbata o golpeaba el plato con la cuchara al compás de éste. Los pasos, los pensamientos…todo medido por el metrónomo, todo debe ir en perfecto orden y bajo la supervisión del empresario. Todo es un claro reflejo de la realidad que viven muchos artistas que se dedican a la danza, con sus sacrificios y su lucha continua.

Finalmente, el público del Gran Teatro ovacionó calurosamente la creatividad, el trabajo y el buen hacer de todos los artistas que se dieron cita en el escenario, bajo la dirección artística de Estévez y Paños y con el respaldo de grandes profesionales atrás a las luces, sonido, vestuario y un largo etcétera, sin el que hubiera sido imposible realizar un trabajo así.

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