Tres estímulos para la resurrección

Sandoval, en el partido de su estreno en El Arcángel | ÁLEX GALLEGOS

Mirar la clasificación -con todas las cuentas y comparaciones que eso conlleva- no es un ejercicio demasiado seductor a día de hoy para el Córdoba, que intenta rebuscar argumentos motivantes para seguir manteniendo la tensión de la competición. Que la permanencia en Segunda sería un milagro es algo que han dicho todos los protagonistas: desde el presidente hasta el último futbolista, pasando por un entrenador, José Ramon Sandoval, que experimentó en carne propia los estragos de esta descabellada campaña en su partido de debut. Después de la derrota ante el Granada -la cuarta consecutiva-, el equipo se dispone a abordar una nueva cita el domingo en El Arcángel frente al Real Valladolid.

Sandoval inició este miércoles, con una doble sesión, el trabajo para preparar la visita de los blanquivioletas. En la Ciudad Deportiva faltó Juanjo Narváez, que se retiró lesionado con un golpe en la espalda durante los primeros minutos del partido ante los nazaríes. El colombiano cedido por el Betis se mantendrá bajo estrecha vigilancia médica. Su concurso el domingo es una incógnita. Habrá que ver cómo gestiona el entrenador madrileño la realidad de un Córdoba en estado crítico. “No hay nada escrito en el fútbol y todo puede pasar. Nosotros vamos a agotar todas las vías por nuestra parte para llegar con vida a los últimos cinco partidos”, admitió Sandoval en declaraciones al programa Fast & Fut, del canal TDP. ¿Qué se pone en juego?

Una hazaña para entrar en la historia. Si el Córdoba consigue mantener la categoría habrá logrado una gesta inédita. Nadie en la historia de la Segunda División obtuvo, con el balance de puntos actual de los blanquiverdes, un billete para continuar en la misma división. Con 19 puntos en 27 jornadas y 18 derrotas acumuladas, el equipo tiene en el horizonte 15 partidos. No puede admitir más de cinco reveses... siempre y cuando gane todos los demás. Una proeza. En la 2004-05, el Córdoba se convirtió en foco de atención en toda España después de una remontada espectacular. Terminó la primera vuelta con 12 puntos. Después del mercado invernal, todo cambió. Sumó 34 puntos con 9 victorias, 7 empates y 5 derrotas, marcando 32 goles y encajando 25. Una verdadera barbaridad. Números de candidato al ascenso a Primera… para terminar en Segunda B. “Nos quedamos por ti”, decía el cartel promocional de la campaña siguiente. Increíble. El Córdoba logró convertir un fracaso -por resultados y por inversión económica- en un punto de partida para renacer.

El expediente profesional. Un descenso es una mancha en una carrera deportiva. Conseguir que el interés individual de los jugadores derive en un beneficio colectivo es tarea de vestuario. De entrenador -aunque ya van cuatro- y de capitanes -uno, Caballero, se marchó ya-, para empezar. Los mensajes del club se dirigen más al entorno -afición, instituciones, medios...- para favorecer un ambiente lo más positivo posible dentro de la desgraciada situación. Queda la labor de puertas para adentro. En el sagrado recinto de la caseta se cuece el futuro del equipo... y el de un buen número de jugadores, con contratos que se pueden ver alterados en caso de bajar de categoría. A peor, obviamente.

Una deuda con la afición. Que un estadio cuelgue tres veces seguidas el cartel de “localidades agotadas” es un acontecimiento impactante. Que lo haga para ver a un equipo en situación de descenso y que ha perdido los dos encuentros anteriores, es sencillamente conmovedor. La política de precios -entradas a un euro para los abonados- y la alianza con las peñas de la provincia, fletando autobuses, ha sido fundamental para evitar que la mala marcha deportiva hiciera que se desplomara -como estaba ocurriendo en la primera vuelta- la asistencia de espectadores a El Arcángel. El cambio en la propiedad rebajó el ambiente de tensión y un aire de positividad recorrió el cordobesismo... aunque los resultados han sido un golpe anímico. Si perdiendo se da esta respuesta, unas cuantas victorias pueden suponer que El Arcángel se convierta en una caldera. Solo es necesario que el equipo consiga unas expectativas de permanencia mínimamente razonables. Todo empieza por ganar el domingo al Valladolid.

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