Pues sí, aún late

Jovanovic celebra el primer gol | MADERO CUBERO

Pawel y Guardiola. Un portero sólido y un goleador en racha. Ellos fueron los dos héroes de un partido alocado y simbólico, en el que el Córdoba se vio a las puertas de la muerte y consiguió finalmente amarrar tres puntos para hacer cuentas en su lucha por la salvación sin que parezcan delirantes. El polaco paró un penalti que pudo hundir a los blanquiverdes, que perdían por 0-1 -seguramente sin merecerlo, pero eso ya es otra historia- y afrontaban con conmovedora determinación su tradicional cita con una espiral de problemas. Lo de Pawel valió más que un gol. Evitó la sentencia y enardeció a un estadio -y a sus propios compañeros- cuando todo parecía irse a pique. Además, en la contra montada tras su desvío del disparo de Giannotas se montó un lío decisivo: el árbitro echó a Luismi por cazar a Fernández. Quedaron once contra diez. Doce, contando el factor cancha. Y esta vez los planes terminaron saliendo bien. Con Pawel y Guardiola determinantes, sí, pero también con una lección de solidaridad y entrega del resto. No hubo exquisiteces. Con la estética del obrero, sudor y rechinar de dientes, el Córdoba se reivindicó como aspirante a eludir el desastre de un descenso. Y eso se celebró como una auténtica fiesta. Huir del del dolor es un formidable placer.

A Clint Eatswood le fascina situar a los protagonistas de sus películas en escenarios al límite, con sus vidas en riesgo y dilemas morales planeando sobre cada decisión. Personas normales ante circunstancias extraordinarias. Lo del Córdoba parece un homenaje futbolístico al director estadounidense. El equipo blanquiverde se plantó en El Arcángel -repleto de banderas y con un ambiente de fiesta que solo se puede entender aquí- con un once retocado, en busca de un efecto inmediato. No se trata de perseguir la inspiración ni aguardar la llegada de las musas, no. Los planes del Córdoba crecen desde la desesperación, que es su guía y su motor. El “lucharemos mientras las matemáticas nos den opciones”, esa letanía de los deportivamente agonizantes, se convirtió una vez más en el motor emocional de un grupo obligado a no fallar y a acertar. No le vale una cosa sin la otra.

Sandoval acaba de aterrizar como un paracaidista sobre una selva vietnamita. Hay trampas por todos lados. Y poquísimas balas en el cargador. Ante el equipo que más goles marca de Segunda -aunque llegó sin su estrella, Mata, que se quedó en Valladolid lesionado-, el Córdoba -que es el que más encaja- salió al verde con una defensa en la que se estrenaban esta temporada dos jugadores: Álex Quintanilla y Javi Noblejas. El primero disputó su último partido de competición en junio del año pasado, con el Mirandés; el segundo, que fue fichado en el mercado veraniego por el Córdoba como cedido del Rayo, solo acumula poco menos de 20 minutos en la Copa del Rey y en la Liga no se había estrenado después de ver pasar por su posición -lateral izquierdo- a un buen puñado de compañeros, algunos puros y otros reconvertidos. Retornó Javi Lara y entró de titular Alfaro. Gente de peso para una tarea heroica. Aythami de jefe atrás y Edu Ramos hiperactivo en el mediocentro. Los extremos para Javi Galán y Jovanovic, que han asumido como algo personal ese lema a propósito de la valentía que lanzó el club en su momento más crítico. El extremeño y el serbio lo intentan todo y han perdido el miedo y la vergüenza. Del lado del extremo antes conocido como Rooney llegaron centros y desborde. El balcánico es como un fantasma. Parece que no está pero cuando aparece asusta. Provocó faltas y se marcó un golazo con la espuela que puso patas arriba el estadio.

El Córdoba salió como correspondía. Sin contemplaciones atrás, bien posicionado, cargando el juego por la banda de un Javi Galán más liberado de cuestiones defensivas y buscando el robo y salida rápida, con llegadas al área contraria en pocos toques. Javi Galán y Alfaro buscaron el pase largo a Guardiola, al que ya conocen de sobra y al quien, por lo tanto, dedican marcajes feroces. El Valladolid, sin Mata, se dedicó a verlas venir. No arriesgó demasiado el cuadro pucelano, que generaba especial inquietud con las incursiones de Antoñito -buenos principios, deficientes finales- y cuando la pelota llegaba a los pies de Gianniotas, uno de esos futbolistas guerreros que van a todas por si acaso. Al Córdoba le causó destrozos contínuos.

Las mejores ocasiones del Córdoba en la primera parte las tuvo Aythami. En la primera, a los cinco minutos, recibió un balón peinado hacia atrás por Alfaro y remató, trastabillado y desde cerca, para que Masip despejara. Jovanovic, bastante bullidor, no acertó a controlar un envío en largo de Alfaro. A la media hora, Sergi Guardiola dibujó una acción electrizante dentro del área al quebrar a dos defensas, pero el resto se le echó encima antes de que el jumllano lograra armar un disparo. A falta de cinco para el descenso, un centro certero de Javi Lara lo cazó, en carrera, Aythami Artiles obligando a Masip a detener en dos tiempos. El Valladolid se limitaba a contener.

El Córdoba, enfrascado en su historia de siempre -dominio aparente sin efectividad-, enfilaba el descanso con sensaciones frustrantes. Un trallazo de Ontiveros avisó, pero lo peor llegó en la última acción de la primera parte. Gionniotas se metió en la esquina y allí le agarró por la cintura Fernández. Se cumplían los dos minutos de alargue que había dado el árbitro. La falta la sacó, cerradita, el malagueño Ontiveros. Moyano la tocó por el aire y el balón terminó entrando en el marco de un desorientado Kieszek. Los cordobesistas protestaron camino de los vestuarios, cuando el árbitro señaló inmediatamente a la jugada del gol la conclusión de primer tiempo.

Tras el intermedio, toque a rebato. Sandoval dejó en la caseta al debutante Noblejas y metió en escena a Juanjo Narváez. Un cabezazo flojo y centrado de Alejandro Alfaro fue el primer testimonio en ataque de un Córdoba que comparecíó con fogosidad. Javi Galán la volvió a tener en un balón rechazado dentro del área, pero su furioso disparo se marchó directo a la grada de fondo. Luego lo intentó Guardiola. El Córdoba apretó, llegó, lo intentó. Esfuerzo irreprochable para resultado insuficiente. El guion calcado.

Y a los 59... penalti en contra de los blanquiverdes. Le llegó el balón a Gianniotas y Álex Quintanilla lo arrolló en carrera. Lo lanzó el griego y lo paró Pawel Kieszek. Con El Arcángel rugiendo de felicidad y alivio, la acción siguiente terminó por dinamitar la plácida mañana de domingo. Fernández dirigía el contragolpe y Luismi se fue a por él en el centro del campo para detener la jugada. Lo hizo con rotundidad y se llevó la tarjeta roja, produciéndose una tangana en la que intervinieron los jugadores y los técnicos. También se fue Fernández, que no se pudo recuperar de la falta, y Sandoval metió a otro delantero debutante: Eneko Jauregi. Faltaba poco menos de media hora y el Córdoba la afrontó con un jugador más, la grada caliente y el equipo reactivado emocionalmente por el paradón de Kieszek en el penalti. A veinte del fin, Sandoval retiró a Alfaro para dar entrada a José Antonio Reyes.

Con la manta liada a la cabeza, el Córdoba se lanzó sin miramientos. Una brillante acción de Sergi Guardiola por la derecha concluyó con un centro al corazón del área y un remate de espuela de Sasa Jovanovic que reventó El Arcángel. Los seguidores cantaban el “sí, se puede” con un nudo en la garganta. Pawel se ganó -una vez más- el sueldo en intervenciones prodigiosas ante las contras del Valladolid, desorientado ante el giro de los acontecimientos en un partido que se había encontrado muy de cara con unos servicios mínimos. Los pucelanos se encerraron. Tenían la coartada moral de la inferioridad numérica y un punto en su poder para defender. Pero el Córdoba se jugaba la vida y se notó en cómo dio lo que tenia y más. Como en esa pierna estirada hasta el límite por Jovanovic para cazar un balón largo y centrarlo al área, donde Sergi Guardiola apareció con su zancada imperial y un remate certero para poner el 2-1. Remontada. No se veía algo así desde hace demasiado tiempo. El personal se volvió loco. El Córdoba convirtió el drama en fiesta y se ganó el derecho a seguir aspirando a la permanencia con unos argumentos creíbles. Los números le lanzan el mismo mensaje, tan amenazante como retador. Una victoria puede cambiar la mirada.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 2: Pawel Kieszek, Fernández (Eneko Jauregi, 64'), Aythami, Álex Quintanilla, Noblejas (Juanjo Narváez, 46'), Edu Ramos, Javi Lara, Jovanovic, Alfaro (Reyes, 70'), Javi Galán y Sergi Guardiola.

VALLADOLID, 1: Masip, Antoñito, Kiko Olivas, Calero, Moyano, Borja, Luismi, Gianniotas (Óscar Plano, 73'), Ontiveros (Cotán, 65'), Hervías y Toni Martínez (Chris Ramos, 57').

ÁRBITRO: Prieto Iglesias (Comité Navarro). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Edu Ramos, Aythami y Álex Quintanilla y a los visitantes Toni Martínez, Moyano y Borja Fernández. Expulsó a Luismi con roja directa en el minuto 60.

GOLES: 0-1 (45') Moyano. 1-1 (72') Jovanovic. 2-1 (86') Sergi Guardiola

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la jornada 28 del campeonato nacional deLiga 1|2|3, disputado en el estadio Municipal El Arcángel ante 14.670 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria del ertzaina fallecido en los incidentes con ultras antes del partido Athletic de Bilbao-Spartak de Moscú. Realizaron el saque de honor las componentes de la selección cordobesa alevín femenina, que se proclamó recientemente campeona de Andalucía.

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