Romero, por la vía más natural

Jorge Romero, con su ayudante Salva Romero, en la Ciudad Deportiva | ÁLEX GALLEGOS

Ni del pasado ni del futuro. Sólo habla del presente. Jorge Romero desgranó en la sala de prensa sus impresiones antes de su estreno como entrenador en Segunda División. Será el tercer inquilino de uno de los banquillos más calientes de la Liga, el de un Córdoba cuya situación es realmente espantosa. Es colista en solitario, el más goleado del campeonato y acaba de despedir a un entrenador, Juan Merino, que no ganó ni un solo partido en dos meses. Romero se esfuerza en poner el contador a cero. Y lo hace, principalmente, por una razón de eficacia. Lo hecho, pasado está; el porvenir ya se verá. El ahora dicta una misión clara, que él aborda “con muchísima ilusión, confianza y responsabilidad”, según dijo tras sentarse ante los micrófonos con una sonrisa nerviosa que se disipó pronto. En cuanto empezó a hablar de fútbol y de su desafío por forjar un milagro: la resurrección blanquiverde. Su receta es clara. “Quiero naturalizar a los jugadores y sacar de ellos su mejor versión”, dijo, para después desvelar su intención de hacer que el Córdoba “domine los partidos generando más ocasiones que el rival” para terminar “ganando”, que es “lo único que me preocupa es este momento”.

Su nombramiento causó sorpresa en el cordobesismo. Su nombre no es conocido para el gran público y eso, dadas las circunstancias, provoca cierto resquemor.“No me cuesta trabajo entender al que piensa ese tipo de cosas y ponerme en su lugar. Ven a un chaval joven, que no tiene experiencia, en una situación del equipo muy delicada... Soy una persona de club y estoy donde el club entiende que debo de estar, aunque también estoy aquí porque quiero y confío en que las cosas puede ir bien. Es una responsabilidad importante y por encima de empleado del club, tengo un sentimiento importante. Voy intentar que salgan las cosas”, ha explicado.

Hasta la semana pasada llevaba las riendas del filial. El joven técnico, de 32 años, ha vivido el devenir del primer equipo de un modo tangencial. “Lo que cambia con respecto a un equipo de base o un filial es el entorno, la masa social. Pero cuando yo estoy con mi equipo de trabajo preparado un entrenamiento lo hago de la misma forma que si estuviera dirigiendo a un equipo de niños. El trabajo es el mismo, pero todo lo que lo rodea es distinto”, indicó sobre su disposición.

Insistió en que para él “no es un marrón” su nombramiento como técnico de la primera plantilla “principalmente porque para mí esta situación es una oportunidad”. “Creo que hay argumentos para salir de esta situación. Si yo considerara que no hay nada que hacer y que estoy solo porque tengo que estar, pues sí tendría ese pensamiento”, admitió.

Sobre el equipo que presentará ante el Rayo Vallecano (domingo, 12:00) dijo que citará a todos, algo que será habitual en los partidos en casa, aunque informó que Javi Noblejas no podrá jugar “por contrato” y que el central Josema -cuyo nombre se vincula al interés del Lugo para la segunda vuelta- anda renqueante por lesión y “ya se verá cómo está”. Del aspecto anímico del grupo debido a la situación dijo que “es lógico que se note” y que “hay que ponerse en la piel de la gente”. “Tengo que pedir comprensión porque hay chavales que lo pasan mal, que les duele y que lo intentan. Pero tengo el convencimiento de que ellos saben que pueden”, añadió.

¿Y cuál es su esperanza de vida en el Córdoba? “No me han dicho que si ganas sigues ni nada de eso. Simplemente, que cogiera el equipo y a partir de ahí pues ya se verá. No me he planteado qué necesidades tiene el equipo porque estoy centrado en el presente y en ganar el próximo partido”, expresó, enfatizando la que para él debe ser la actitud adecuada en una situación tan volcánica. “Cuando las cosas van mal recibes muchos imputs de fuera, de dentro, de ti mismo... Es fácil descentrarse. Así que creo que lo más positivo es pensar en lo que tienes que hacer de momento y enfocarte bien”, dijo.

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