Quítate tú que me pongo yo

Omar celebra el gol ante Luso y Deivid | MADERO CUBERO
El Córdoba cede su segunda plaza tras caer ante el Leganés (2-3) en un partido caótico que tuvo cinco goles, tres penaltis, tres expulsados... y a Luso de portero

Una tarde de locos sacó al Córdoba de la zona de ascenso directo. Los de Oltra vivieron una pesadilla de principio a fin, salpicada por momentos en los que se encontraron con opciones reales de llevarse algo a la boca. Hasta la victoria. Con 2-1 en el marcador, el rival en inferioridad y veinticinco minutos por delante, el conjunto blanquiverde se veía cerca de derribar a un Lega que enseñó credenciales de aspirante. Pero el caso es que el Córdoba terminó derrotado, con nueve jugadores sobre el campo y Luso defendiendo la portería. ¿Qué ocurrió en ese tramo final? El caos se instaló en El Arcángel, que asistió atónito a un espectáculo descabellado. Arcediano, después de haber pitado dos penaltis al Córdoba, decretó uno a favor del Leganés en una acción en la que Razak se lanzó a los pies de Gabriel. El ghanés vio la roja. Oltra ya había hecho los tres cambios, por lo que Luso se colocó una camiseta amarilla, los guantes y se apostó entre los tres palos. Omar le batió de penalti. Y unos segundos después, volvió a hacerlo con un tiro en parábola en una falta desde muy lejos. Un portero la hubiera agarrado, pero... Ni el Córdoba tenía portero ni, desgraciadamente, era un equipo en esos instantes. La absurda expulsión de Héctor Rodas en el tiempo añadido terminó por componer el dantesco panorama. El 2-3 centelleaba en el marcador mientras el público enfilaba la salida dándole vueltas a la cabeza. Quizá en las próximas horas caiga algún fichaje para aplacar ánimos y rebajar el nivel de indignación que dejó en los seguidores el desempeño de su equipo ante un Leganés que ya ha rebasado al Córdoba en la clasificación. Los blanquiverdes hicieron todo lo que pudieron y el asunto acabó de aquella manera. Que cada cual lo interprete como quiera.

En Pucela hubo pifia y Oltra le dio la vuelta al equipo. Unos se le cayeron y a otros los quitó, buscando un giro de tuerca para una formación necesitada de puntos y de estima. Entraron cinco nuevos, medio equipo: Stankevicius en la derecha, Deivid en el centro y Abel en la izquierda recompusieron la retaguardia; arriba, con Xisco sancionado, entró Raúl de Tomás; y en la banda derecha, el habitual Nando dejó su lugar para el veterano Pedro Ríos. Un buen zarandeo para un Córdoba que ya dejó atrás el discurso aquel de me da igual la posición, lo que quiero es jugar bien y tal. A nadie le trae sin cuidado el puesto que ocupe. Es más, es lo único que miran con todo el descaro del mundo y sin asomo de vergüenza. Los blanquiverdes acudían a la cita con el bagaje de quince jornadas seguidas en posición de ascenso directo, una situación que no cataban desde hace mucho tiempo -desde nunca, habría que decir- y que supera, de largo, los registros del año del último ascenso. El Leganés, con una sola derrota en los últimos dieciocho partidos, comparecía con esa imagen inquietante y turbadora que provocan los equipos con poco pedigrí y jugadores de colmillo retorcido.

No tuvo que correr demasiado el reloj para que todo el mundo entendiera por qué el Leganés está donde está. Jugar contra los pepineros es una auténtica tortura. Garitano metió a cinco hombres atrás, pero esa trinchera no le impedía lanzar zarpazos y mantener siempre una actitud amenazante con el adversario. Presionando arriba y ocupando bien los espacios, el Lega se lo hizo pasar a un Córdoba fogoso, con ansias por dejar claro cuál es su papel en este campeonato y engancharse emocionalmente a su afición. Que, por cierto -¿alguien lo dudaba?-, se lo puso fácil. El público comprendió, al igual que los futbolistas, que no se trataba de un partido más y de que menospreciar al contrario era, simple y llanamente, una temeridad y una solemne estupidez. El ambiente estuvo caldeado, a lo que ayudó la presencia de casi doscientos seguidores del Leganés que se desgañitaron desde la Tribuna. Al final de todo, sin embargo, hubo silencio y decepción.

Un disparo al borde del área de Víctor Pérez fue el primer testimonio en ataque del Córdoba. El albaceteño recogió una pelota rechazada tras un saque de banda en largo de Stankevicius. Los de Oltra merodeaban con más frecuencia el área contraria, aunque sin generar ocasiones muy claras. Una impetuosa internada de Florin Andone terminó con un centro del rumano que iba directamente a Pedro Ríos, pero el jerezano, que se preparaba para remachar en plena carrera, se encontró con la irrupción de Mantovani para despejar hacia su portería a ras de hierba. Acabó en córner. El Leganés, muy pegajoso, amasaba un partido espeso y con mucha tensión. Su mejor ocasión fue tibia: un centro de Víctor Díaz que fue despejado de cabeza por un atento Héctor Rodas cuando Alexander miraba el balón con ojos golosos.

El guión se alteró poco después de que el cuarto árbitro sacara la tabla indicando el tiempo añadido de la primera parte. A Florin Andone le llegó un balón en largo y se disponía a controlar, pero por detrás apareció Bustinza para arrollarle. El rumano se retorció de dolor ante el contacto y Arcediano Monescillo, espectador en primera fila del lance, señaló el punto de penalti ante el jolgorio de la grada. Se fue a por la pelota Raúl de Tomás. El madrileño de ascendencia dominicana se mostró tranquilo, corrió con parsimonia hacia el punto y dejo que Serantes se venciera hacia un lado para conectar un potente disparo por el centro de la portería. El 1-0 en el último instante de la primera parte fue una bendición para el Córdoba, que se marchó al vestuario entre sonrisas mientras los indignados del Leganés rodeaban con mala cara al trío arbitral.

El arranque fue de impacto. El Córdoba marcó en el último minuto del primer tiempo y el Leganés lo hizo en el primero del segundo. Alexander Szymanowski agarró un zapatazo al borde del área tras recoger un balón despejado de cabeza por Deivid, que se lo había sacado de encima tras un saque de banda. Iba un minuto. El argentino lo celebró con furia y el estadio enmudeció por unos instantes. El aroma del miedo se detectó en todo su esplendor en el minuto 54, cuando un centro de Albizua lo remató de cabeza Víctor Díaz de manera acrobática. A Razak lo cogió a media salida y la pelota iba directa a la red. Apareció allí el joven Abel Moreno para despejar sobre la misma línea. Para entonces, la inquietud ya se había establecido en el césped y en la grada. Alexander, envalentonado, lideraba el arreón madrileño ante un Córdoba desconcertado, que no encontraba el modo de zafarse del atosigante despliegue del Leganés.

Tras aguantar como pudo un primer cuarto de hora de agobio, el Córdoba volvió a asomarse. Fidel la tuvo clarísima en el minuto 61 con un lanzamiento de falta magistral al que respondió, con una intervención sobrenatural, el meta Serantes, que voló para desviar con la punta de los dedos un balón que había superado la barrera y enfilaba el camino de la escuadra. Tras esa acción, Oltra sacó del campo al extremo de Minas de Riotinto para introducir a Nando. El valenciano salió a tope de revoluciones y el equipo lo notó. El nivel de decibelios en el estadio subió hasta el extremo con una protesta generalizada al árbitro tras una acción en la que Florin, que se disponía a controlar ante la salida del portero del Leganés, recibió una patada por detrás de Bustinza y luego fue arrollado por Serantes. Arcediano no señaló nada en esa acción, pero sí lo hizo tres minutos después. Raúl de Tomás penetró en el área y cuando se disponía a armar el disparo fue derribado. Marcó el penalti y puso patas arriba a la grada. Con 2-1, el Leganés en inferioridad numérica y poco más de veinte minutos por delante, el Córdoba se acercaba a la proeza de doblegar a un muy buen Leganés.

De ahí al final, el estadio fue el Arcanhell. Los últimos diez minutos resultaron una puñalada trapera a las ilusiones del cordobesismo, que vio cómo su equipo naufragaba tras ser torpedeado en su línea de flotación. El Leganés demostró que se puede jugar sin perder la cara a un partido con un jugador menos. Más complicado es hacerlo si ese jugador menos es el portero. Eso es lo que le sucedió al Córdoba, que se quedo sin Razak a falta de ocho minutos por expulsión del ghanés. Con Luso de portero, Omar aprovechó para hacer dos goles en dos minutos: uno de penalti y otro de falta. El jolgorio fue monumental en la zona donde estaban los seguidores pepineros, que no daban crédito. El Córdoba, completamente ido, perdió un encuentro clave y sale después de varios meses de la zona de ascenso directo. La guerra sigue. Habrá que ver si con más soldados o con este mismo escuadrón.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA CF, 2: Razak, Stankevicius, Héctor Rodas, Deivid, Abel Moreno, Luso, Víctor Pérez (Markovic, 73'), Pedro Ríos, Fidel (Nando, 61'), Raúl de Tomás (Carlos Caballero, 78') y Florin Andone.

CD LEGANÉS, 3: Serantes, Víctor Díaz, Insúa, Mantovani (Luis Ruiz, 71'), Bustinza, Albizua, Martín, Miramón (Borja Lázaro, 81'), Gabriel, Alexander Szymanowski (Omar, 69') y Rubén Peña.

ÁRBITRO: Dámaso Arcediano Monescillo (Comité Castellano-Manchego). Amonestó con cartulina amarilla a los locales Víctor Pérez y Luso y doble a Héctor Rodas, expulsado en el 90. Mostró roja a Razak en el minuto 83. Por parte de los visitantes vieron la amarilla Insúa, Mantovani, Alexander, Serantes, Martín y doble a Bustinza, que fue expulsado en el minuto 66.

GOLES: 1-0 (45') Raúl de Tomás, de penalti.

1-1 (46') Alexander. 2-1 (66') Raúl de Tomás, de penalti. 2-2 (84') Omar, de penalti. 2-3 (86') Omar.

INCIDENCIAS: Partido correspondiente a la vigésimo tercera jornada de la Liga Adelante disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 16.095 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de los socios cordobesistas fallecidos durante 2015 y la presente temporada, según anunció el club a través del videomarcador.

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