Quintanilla, el día después del debutante

Álex Quintanilla, junto a Sandoval en la Ciudad Deportiva | MADERO CUBERO

Cuando Sandoval le reclutó para el once ante el Valladolid, a Álex Quintanilla (Bilbao, 1990) se le removieron sentimientos de futbolista. Sin competir oficialmente desde junio del año pasado -en las filas del Mirandés-, el central fue llamado a filas para un partido en el que el Córdoba se jugaba la vida. Nada que ver con el amistoso en Marbella del que fue protagonista este verano vistiendo la camiseta del Almería frente a los blanquiverdes, que aquel día ganaron y se las prometían muy felices en una pretemporada de pirotecnia y sueños de grandeza. A todos les fue la vida a peor. Álex salió del Almería el último día del mercado y se quedó sin equipo. El Córdoba se metió en líos desde el mismo instante en que se inició el campeonato. Jugador y equipo se unieron hace unas semanas para luchar juntos en la resolución de sus problemas, que a día de hoy son los mismos: salvar la categoría y continuar en la órbita del fútbol profesional.

Quintanilla firmó una actuación sobria en su estreno en El Arcángel, un estadio cuyo ambiente emocionó a este vasco que hoy, después de entrenamiento, confesó en la sala de prensa que estaba “contento de haber podido participar y recuperando sensaciones, ya que hacía bastante tiempo que no disputaba un partido completo”.

“El fútbol va muy relacionado con las emociones y los momentos. Hemos conseguido crear una atmósfera especial entre el equipo, la afición, la directiva... Creemos que es posible conseguirlo y hay que aprovechar estos momentos. Aquí es cuando de verdad se ve que estamos convencidos de sacarlo adelante”, dijo el jugador, que tiene contrato hasta final de temporada en un Córdoba que bracea desesperadamente en el fondo de la tabla por salir hacia arriba. ¿Es posible? Quintanilla piensa que, más allá de las matemáticas, al equipo le corresponde hacerlo posible. Y eso exige entereza mental. “Cuando llevas un tiempo sin ganar, cuando lo haces parece que has hecho algo realmente importante y sí que lo es, porque rompes una dinámica, pero no has hecho nada; has ganado un partido y hay que seguir adelante porque queda mucho más. Tenemos que ser capaces de seguir el método que estamos llevando”, ha dicho con sensatez.

Intervino en la autoría de la jugada que cambió el signo del partido ante el Valladolid. Le hizo el penalti a Gianniotas que paró Kieszek... y a partir de ahí se pasó de la cercanía del drama a la fiesta final. El cordobesista admite que en la acción de la pena máxima “tenía dudas porque voy a molestarle, no a robarle el balón; cuando lo pitó protesté, como siempre, pero cuando he visto la jugada entiendo que pueda pitar penalti perfectamente”.

“Ahora es una sensación increíble con el apoyo de la afición. Hablando en nombre de mis compañeros quiero decir que estamos agradecidos a ellos y comprometidos con la situación. La plantilla está unida, tanto los que están en el césped como en el banquillo. Hemos dado un primer paso, pero hay que normalizar las semanas de victoria. Hay que trabajar de la misma manera y preparar el próximo partido, pensando en metas cortas”, zanjó Quintanilla ante la prensa, antes de advertir de la importancia de la visita, el próximo domingo, al Alcorcón. “Es un partido de rival directo, a pesar de la diferencia de puntos; tenemos que trabajarlo analizando nuestro equipo y convencidos de cómo lo vamos a hacer para traernos los tres puntos”, apuntó.

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