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Los jugadores se juramentan al final del partido | ÁLEX GALLEGOS

Ganó. Con apuros, pero lo hizo. Y lo celebró como se merecían las circunstancias: con justificada algarabía, buscando en ese excesivo jolgorio la motivación extra para superar unas circunstancias que, no nos engañemos, son extremadamente complicadas. El Córdoba de Jesús León se está recomponiendo para abordar el mayúsculo desafío de la permanencia en Segunda. Frente al Albacete Balompié dejó un puñado de detalles que deberían ser los ejes de su resurrección en El Arcángel, donde se va a decidir su destino. Le quedan diez partidos ante su afición.

Puerta a cero. Un detalle crucial. Pawel Kieszek se marchó con la sonrisa completa por segunda vez consecutiva en El Arcángel: la más reciente fue ante el Reus (5-0), en el partido que cerró 2017. En el primero de 2018 costó algo -bastante- más, pero el equipo de Jorge Romero consiguió su propósito. Más allá de la rentabilidad, el dejar la portería sin mancha supone un refrendo anímico de primera magnitud para un equipo que lleva encima el estigma de ser el más vulnerable de la competición. El Córdoba solamente ha ganado cinco partidos en lo que va de curso: los únicos en los que logró dejar su portería imbatida.

Compromiso colectivo y capacidad de sufrimiento. ¿Problemas? Todos y alguno más. Un buen puñado de bajas por lesión (Aguza, Jona), sanción (Galán), traspaso (Jaime Romero, Pinillos) o enfermedad repentina (Edu Ramos) dejaban a Romero en una complicada tesitura. El Albacete llegaba enrachado -dos derrotas en los últimos 13 partidos- y en el once hubo que hacer experimentos. El equipo ofreció una actuación conmovedora. Tiene sus defectos -más que notables-, pero jugó con el corazón en la mano. Defendieron todos y supieron aguantar el golpe emocional del penalti fallado por Sergi Guardiola que pudo suponer el 2-0. Un examen a la quebradiza moral blanquiverde que lograron superar con nota. Aguantaron el 1-0 hasta el final demostrando que están preparados para sufrir. Más les vale así. El resto de la competición exigirá pellejo duro y deparará episodios solo para adultos.

Comunión con la grada. La mutación fue espectacular. Para empezar, la promoción de entradas gratis hizo su efecto: acudió el doble de espectadores (12.700 según los tornos) que en el partido anterior ante el Reus. La actitud también fue distinta. No se escuchó un solo cántico dirigido a los González, que ya son historia, y sí vítores y aplausos a la llegada de Jesús León López. El empresario montoreño estrenó su cargo de presidente rodeado de los representantes institucionales en el palco -otro logro- y con el cariño de los seguidores en cuanto puso el pie en El Arcángel. Le salió una tarde redonda. En los momentos más crudos del partido, con el Albacete apretando y los de Romero achicando como buenamente podían, el aliento de la hinchada se dejó notar de modo determinante. “Hemos sentido que jugábamos en casa”, dijo el técnico, emocionado, en la sala de prensa.

Tenemos a Sergi (y alguno más). “Con días como éste se nos escaparán pocos puntos”, dijo al final del choque ante los manchegos el goleador de la noche. Hizo uno y pudieron ser dos si el poste no repele un lanzamiento de penalti que pudo ser el 2-0. Sergi Guardiola acumula ya 13 goles en 21 partidos de Liga y es, sin duda, el hombre referencial del equipo. En medio de una situación bastante caótica, con entradas y salidas, ha surgido también la figura de Sasa Jovanovic. El serbio está siendo básico en la generación de oportunidades de gol, ya sea dando asistencias, recibiendo faltas o desequilibrando a las defensas rivales con su velocidad. El Córdoba necesita el paso adelante de sus jugadores importantes para sostener al grupo ante la que se avecina.

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