LUIS GARCÍA MONTERO

“Lo que nos une es nuestra debilidad, la conciencia de necesitar cuidar y ser cuidado”

El escritor Luis García Montero.

La historia de Luis García Montero con Cosmopoética es larga. Hace dieciocho años, el escritor granadino, al que en Córdoba han presentado como una “estrella del rock de la poesía”, pisó por primera vez este festival. Este año le ha tocado cerrarlo como cabeza de cartel, si es que algo así existe en un evento poético. Ante la presentación, obra de la colaboradora de esta casa Marta Jiménez, el escritor dijo que más que una rockstar como su amigo Miguel Ríos, se conformaba con ser un Joaquín Sabina.

Cosmopoética se despide con un tango de amor y muerte

Cosmopoética se despide con un tango de amor y muerte

Lo cierto es que la poesía de García Montero (Granada, 1958) exhibe un indudable poder de convocatoria. El poeta se confesaba abrumado ante el lleno que había suscitado su charla y su lectura en Cosmopoética, para la que hubo gente esperando una cola de dos horas. Sobre la mesa reposaba un libro con aroma a imprenta titulado Un año y tres meses (Tusquets), un poemario que cuenta la mayor historia de amor que ha vivido su autor: los quince meses en los que acompañó hacia la muerte a su mujer, Almudena Grandes, y cuya lectura provocó algún llanto ahogado.

Un día antes, el escritor, articulista y director del Instituto Cervantes, cogía el teléfono con amabilidad y charlaba con Cordópolis. En la breve conversación, García Montero confesaba que le había preguntado a la poesía cómo superar el duelo por la pérdida de una de las partes con las que construyó un “nosotros”. La respuesta está en las librerías y, en parte, en la entrevista que sigue a continuación.

PREGUNTA. ¿Es casi un milagro que un festival de poesía como Cosmopoética dure 19 años?

RESPUESTA. Sí. Es un festival que conozco bien y creo que el trabajo que han ido haciendo los distintos directores ha sido excelente. Me parece que hacen muy bien las instituciones en apoyar Cosmopoética porque hacen que Córdoba sea una de las grandes ciudades de la poesía, siguiendo una tradición que viene desde hace tanto tiempo en la historia de la literatura.

P. ¿Recuerdas alguna anécdota de algunas visitas a Córdoba?

R. Sí, recuerdo anécdotas entre poetas, muchas. Y conversaciones. Con Antonio Cisneros, el poeta peruano. Recuerdo la emoción de compartir experiencias con Pablo García Baena y con Rafa Espejo. Siempre son escenas de interés y, a veces, se llenan de melancolía y de tristeza. Porque uno puede seguir con la amistad, por ejemplo, de Carlos Pardo, o de Pablo García Casado, o de Elena Medel, pero también uno ha perdido amigos como Antonio Cabrera. Y ahora, al hablar de Elena Medel, me estoy acordando de una Elena muy joven, a la que yo conocí y en un momento determinado estábamos hablando de poesía y me dice: “Me voy, que mañana me examino de Selectividad y a lo mejor caes tú en Literatura”. Eso me hizo tomar conciencia, no de lo joven que era Elena, sino de los años que había ido yo acumulando como joven poeta. 

P. En estos días he hablado con muchos autores sobre si la poesía es un bálsamo para tiempos inciertos como los que estamos viviendo. He recibido todo tipo de respuestas. ¿Me gustaría añadir la suya? 

R. La poesía es un ámbito imprescindible para preguntarse por uno mismo y por su relación con el mundo. La técnica y la ciencia son fundamentales, pero la poesía también. Es conveniente recordar que hay preguntas que no te las puede solucionar un avance científico y tecnológico, que son las preguntas sobre la vida y la muerte, que están en lo más profundo de la condición humana. Y, por otra parte, que en tiempos de nueva cultura digital, donde se mezcla tanto la identidad con lo público, la intimidad con los mensajes abiertos, la poesía tiene una historia de pudor y elaboración con dignidad de la intimidad humana, de llevar, no al arrebato personal, sino a la meditación de las condiciones humanas, que pueden ser muy útiles. Frente a la pérdida de pudor que desemboca en la noticia basura, en la mentira, en el insulto, está la reivindicación del pudor poético de pensar qué es lo que se dice antes de decir lo que se piensa. Creo que es un buen ejemplo. 

Pensar en lo inmediato hace que se confundan los deseos con los derechos

Luis García Montero

P. Hugo Mujica me dijo el otro día que la poesía, la filosofía y la religión son en parte la misma cosa. Y se fue a Grecia, a aquellos hombres que se asombraban ante el mundo y escribía en verso.

R. Hugo tiene un espíritu religioso y filosófico muy desarrollado. Es un gran poeta y, a mí me emociona, por ejemplo, haberlo visto como párroco en una iglesia de Buenos Aires. Yo creo que la meditación en profundidad sobre el sentido de la vida, que va más allá de lo pragmático, de lo utilitario, el responde a qué decimos cuando decimos “soy yo” es fundamental en la poesía. Y creo que eso une a la poesía con la filosofía y la cultura humanista, en general, y los que tienen fe religiosa, pues los une con su propia religiosidad.

P. Usted se ha ido a Grecia con Prometeo, uno de los dos libros que ha publicado en los últimos meses. ¿Por qué ese mito? 

R. Porque estamos en un momento tan de crisis que uno se plantea si hizo bien Prometeo en darle el fuego a los seres humanos o debió dejar que se extinguiera antes de que ellos consigan cargarse el mundo. Y en ese sentido, lo que hice fue dividir a Prometeo en dos, uno joven y uno anciano, que mantienen un diálogo generacional. Y las ilusiones y los miedos del joven se relacionan con las experiencias del anciano. Y, al final, es el intento de que, más allá del optimismo ciego, mantener una posibilidad de esperanza. Mantener la necesidad de darle el fuego a los seres humanos para que sigan siendo dueños de su propio destino. 

P. ¿Cree que hay suficiente diálogo intergeneracional o el mundo adulto está muy alejado de la juventud?

R. Me preocupa una idea del tiempo excesivamente vertiginosa. Creo que la cultura neoliberal que vivimos lo mercantiliza todo, incluido el tiempo, que se ha convertido en mercancía de usar y tirar. Es todo demasiado rápido y eso tiene sus consecuencias porque se produce una fractura entre el pasado y el presente y entre el presente y el futuro. Y se producen crisis generacionales. Hay demasiado viejo cascarrabias que piensa que los jóvenes son tontos, y demasiado joven adámico que piensa que se va a inventar el mundo sin reconocer la herencia que ha recibido de sus mayores. O de sus abuelos y sus padres en la vida concreta, o de Garcilaso y Santa Teresa de Jesús en la literatura. Y, en ese sentido, me gusta el tiempo de la literatura. Los escritores suelen apostar por el presente, pero recibiendo la herencia de la tradición literaria. Son escritores porque se deslumbraron por un libro escrito antes que ellos en las manos, y pretenden dejar un legado hacia el futuro. Ese diálogo generacional que yo he buscado en Prometeo me parece que se da en el tiempo literario. 

P. ¿No le preocupa que una de las cosas que tienen en común jóvenes y adultos sea el escepticismo?

R. Sí, y tiene que ver con la mercantilización del tiempo. Porque, más que pensar en el futuro se nos invita a pensar en lo inmediato. Y eso tiene una fractura también en la recepción con el mundo. Se confunden los deseos y los instintos inmediatos con los derechos y los planteamientos que se necesitan para vivir y sobrevivir. Entre el optimismo ciego e ingenuo y el pesimismo que desemboca en un pensamiento cínico, hay un diálogo con los valores propios, que permite reivindicar la palabra esperanza. Una mirada a largo plazo que te invita a mantener tus propias convicciones más allá de fracasos o triunfos superficiales.

La cultura neoliberal que vivimos lo mercantiliza todo, incluido el tiempo

Luis García Montero

P. Supongo que esa mirada está en Un año y tres meses, los poemas escritos tras la muerte de Almudena Grandes.

R. Sí, yo como tengo la vocación del poeta y le he preguntado a la vida a través de la poesía desde que era adolescente, pues, en una experiencia muy dura, que fue la enfermedad y la muerte de Almudena, he acudido a la poesía para buscar respuestas y para darle sentido al vacío que se había instalado en mi vida. Y, bueno, en la enfermedad, hay momentos de ilusión, de miedo, de esperanza, momentos de naufragio que desembocan en la muerte. Y, a partir de ahí, hay que buscarle un sentido a la vida. Y para mí, con la poesía he ido reconociendo cosas que son importantes y que están en la base de cualquier ser humano que tiene que seguir viviendo cuando pierde a alguien muy importante. A una parte de quien conformaba un nosotros.

P. ¿Por ejemplo?

R. Pues, por ejemplo, uno reconoce que si duele una pérdida es porque lo que se tenía antes era muy valioso. Junto al dolor de la pérdida está la conciencia de que hay que felicitarse por haber tenido algo muy valioso. Y, frente a la enfermedad, dentro de una historia de amor, está algo fundamental: la conciencia de que cualquier tipo de prepotencia está fuera de lugar. Que lo que nos une a los seres humanos es nuestra debilidad, la conciencia de necesitar cuidar y ser cuidado. Y, al final, pues uno valora que, en una historia de amor de tres décadas, haya tenido uno la oportunidad de poder cuidar, cuando estaba enferma, a la persona amada. Hay mucha gente que se muere en soledad, y mucha gente que no puede acompañar a la persona que quiere mientras está muriendo, y yo creo que un recuerdo imborrable es haber tenido la oportunidad de cuidar a la persona a la que quieres.

P. ¿Es la superación del duelo el desamor más difícil?

R. Sí. (Se queda pensando) El proceso es difícil y es complejo. Yo, ahí he tenido la suerte de participar de la tradición literaria, y poder acudir al Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, Santa Teresa de Jesús, Góngora, Quevedo, y llegar a la poesía más cercana, la poesía de Rosalía de Castro, Cernuda o Joan Margarit. La tradición literaria te ayuda a pensar la complejidad con la herencia de una meditación que te abre perspectivas en tu propio conocimiento. 

P. Hablando de amor, se cumplen mil años de una obra esencial: El collar de la Paloma. ¿No ha echado en falta más homenajes a esta obra? 

R. Sí. Y creo que es importante recordar una herencia que va a través de los siglos y que ha ido conformando la cultura universal. Y muy en concreto la cultura española en un diálogo de tradiciones diversas y pensamientos diversos. Y ese diálogo entre el mundo oriental y el occidental, me parece que es una buena perspectiva para tomar conciencia de nuestro pasado.

P. ¿No es una lástima que una obra de este calado no se sienta como propia? 

R. Pues normalmente los lectores lo que hacemos es apoderarnos desde nuestro presente de una tradición muy lejana. Eso lo decía Borges, que vamos reinventando la tradición. A Góngora lo leyeron los poetas del 27 y lo hicieron suyo con los valores del siglo XX. Y creo que obras como El collar de la Paloma o El cantar de los cantares son obras de referencia clásica que han permitido que vayamos reinventándolas de acuerdo con nuestro propio mundo.

Dentro de una historia de amor, está algo fundamental: la conciencia de que cualquier tipo de prepotencia está fuera de lugar

Luis García Montero

P. Un mundo que cada vez habla más español.

R. Nos estamos acercando a los 500 hablantes nativos. Tenemos por delante retos importantes. Por ejemplo, el 12 de diciembre abrimos sede del Instituto Cervantes en Los Ángeles. Los Estados Unidos en muy poco tiempo va a ser el segundo país en hablantes de español nativos, después de México, y eso nos va a permitir que el español sea también una lengua muy cercana a las grandes tecnológicas, y que no sea solo la lengua de Cervantes, sino la de la ciencia y la tecnología. Creo que la importancia de la lengua española como espacio de desarrollo económico y cultural tiene que hacernos pensar a los españoles que deberíamos imitar a alemanes y franceses a la hora de invertir en nuestra cultura. Porque siguen siendo muy modestos los presupuestos de cultura en los ayuntamientos, comunidades autónomas y el Estado.  

P. Me gustaría preguntarle, para cerrar la entrevista, por el último Premio Nobel, que se conoció este jueves.

R. Tengo que confesar que conozco más a Ernaux como activista, y he leído ensayos suyos sobre feminismo, que como literata. En ese sentido, mi opinión, supongo que es muy parecida a la de mucha gente cuando se da un premio Nobel. Es decir, que tengo que leerla mejor, porque no forma parte de mi conocimiento y, en ese sentido, tengo una asignatura pendiente. 

P. ¿Tienes usted algún favorito para el año que viene? 

R. Pues no, pero me gustaría que fuese alguien de lengua española, algún latinoamericano o algún español.

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