COSMOPOÉTICA

Cosmopoética se despide con un tango de amor y muerte

Luis García Montero en 'Cosmopoética'.

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El festival Cosmopoética ha dicho adiós este sábado a su edición número 19 con una “estrella del rock” de la poesía y con un concierto del grupo Malevaje, que ha echado el telón a ritmo de tango a un año en el que Argentina ha sido el país invitado. Han sido nueve días de poesía, en los que la ciudad y sus vecinos han vuelto a responder con cariño a una propuesta que cumple 20 ediciones en 2023.

Para los 20 años, que Gardel dijo que no eran nada, habrá que esperar a 2024, el año en el que nació un festival que ya contó con el que ha sido el protagonista de la clausura: Luis García Montero, la “estrella del rock” del mundo de la poesía, como lo ha presentado la periodista Marta Jiménez ante un Sala Orive atestada, en la que había gente que llevaba haciendo cola desde dos horas antes de que empezara el acto.

Quizá por eso, García Montero bromeó en un momento de su charla con quienes desprecian la poesía. “Quien se mete con la ciencia es un cretino, quien se mete con la tecnología es un cretino, pero quien se mete con la poesía también es un cretino”, dijo el poeta, que escogió para su lectura poemas de Una melancolía optimista y de Un año y tres meses, su último poemario, centrado en sus últimos días junto a Almudena Grandes. 

Los dos últimos fueron de ese libro, cuya escritura, dijo, le enseñó a vivir consigo mismo, y le mostró que “amor y muerte son la misma cosa”. García Montero recurrió a una bellísima metáfora para definir cómo es la conviviencia con el vacío que deja una de las partes que forma un nosotros.

“He descubierto que la muerte se convierte en un animal doméstico, un animal de compañía”, dijo, antes de aclarar que la muerte es como ese gato que se te sube en el regazo cuando estás viendo una película o cuando estás escribiendo en el ordenador, o como una toalla colgada donde antes había dos o como un ordenador que está apagado cuando antes estaba siempre encendido.

Mientras tanto, el amor, según recitó, puede ser la luz de una lámpara que no perturba el sueño. García Montero lo hizo recitando: “No me importa que tardes en apagar la luz, si me quedo dormido en tu lectura”, leyó el poeta granadino en voz alta, como, recordaba, hacía su padre cuando él era sólo un niño en la Granada de finales de los cincuenta.

Una ciudad, como toda Andalucía, para la que sólo tiene un deseo cernudiano: “Es un compromiso luchar por una sociedad que no sea pobre, pero que tampoco para abandonar la pobreza no caiga en la prepotencia del utilitarismo y el lujo”.

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