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Las piedras de Medina Azahara que acabaron en una ermita de Córdoba

Piedras del Salón Rico del Conjunto Arqueológico de Medina Azahara

Alejandra Luque / Redacción Cordópolis

16 de agosto de 2026 19:58 h

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Todas las piedras de Medina Azahara no siempre permanecieron entre las ruinas de la ciudad palatina. Durante siglos, sus materiales fueron reutilizados en otras construcciones de Córdoba y de otros lugares, hasta el punto de que la antigua ciudad califal terminó convertida en una fuente de materiales para nuevas obras. Ahora, dos documentos notariales permiten seguir uno de esos viajes: el de cien carretadas de piedra que salieron de “Córdoba la Vieja” en 1477 con destino a una ermita de Córdoba.

La sección El Archivo recomienda de la Junta de Andalucía ha dedicado su documento destacado de julio de 2026 a las evidencias documentales de la reutilización de materiales de Medina Azahara en la desaparecida ermita de San Sebastián. El trabajo parte de documentación conservada en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba (AHPCO) y la relaciona con otras fuentes históricas, planos y fotografías conservados en el Archivo Municipal. El protagonista de esta historia es un edificio que hoy ya no existe y del que, sin embargo, han quedado documentos, fotografías y referencias que permiten reconstruir parte de su historia. La ermita de San Sebastián se encontraba extramuros de Córdoba, en las inmediaciones del Campo de San Antón, y estuvo vinculada a la religiosidad popular de la ciudad. Pero su historia comienza mucho antes, en las ruinas de Medina Azahara.

Tras la conquista cristiana de Córdoba y la progresiva pérdida de memoria sobre el significado de las ruinas de Madinat al-Zahra, la antigua ciudad palatina pasó a aparecer en la documentación bajomedieval con nombres como Córdoba la Vieja o Castillo de Córdoba la Vieja. Según la información de la Junta, las ruinas fueron convirtiéndose progresivamente en una fuente de materiales de construcción. Sillares, capiteles, columnas y otros elementos arquitectónicos fueron extraídos y reutilizados en edificios de diferentes épocas. No se trataba de un fenómeno exclusivo de la Córdoba cristiana. La propia Medina Azahara había incorporado materiales procedentes de construcciones anteriores. La Junta recuerda, a partir de la bibliografía de Jonathan M. Bloom, que durante la construcción de la ciudad palatina se reutilizaron antiguas columnas de mármol y otros elementos de época romana.

Interior de la Ermita de San Sebastián.

La pista de esta reutilización cristiana aparece en el fondo De la Torre y del Cerro, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Córdoba. Según los documentos, el 23 de abril de 1477 Juan Rodríguez, albañil, se comprometió a ejecutar los cimientos de la iglesia de San Sebastián. La escritura detalla incluso cómo debían realizarse esos trabajos, con dos hiladas de piedra cortada y nivelada, una capa de transición y determinados encuentros constructivos. El 27 de abril de 1477, el carretero Gonzalo Ruiz se comprometió a transportar para las obras “çien carretadas de piedra de Córdoba la Vieja”. Es decir, cien cargas de piedra procedentes del lugar que la documentación bajomedieval utilizaba para referirse a Medina Azahara tenían como destino la construcción de la ermita de San Sebastián. Entre las piedras había perpiaños y medios sillares, piezas destinadas a desempeñar funciones concretas dentro de los muros.

Esta historia demuestra que el aprovechamiento de Medina Azahara no se limitaba a grandes edificios. Según explica la Junta, hasta ahora los grandes episodios documentados de reutilización de materiales de la ciudad califal se habían relacionado sobre todo con construcciones de mayor entidad. Pero el caso de San Sebastián muestra que esas piedras también llegaron a obras mucho más modestas, vinculadas a la religiosidad cotidiana de los cordobeses. San Sebastián era considerado protector frente a la peste. Después de la Peste Negra de 1348, Córdoba sufrió nuevos brotes epidémicos durante el siglo XV. Así, las ermitas dedicadas a este santo respondían a una necesidad de protección espiritual ante una amenaza que formaba parte de la vida cotidiana de la época.

Las cien carretadas de piedra procedentes de Córdoba la Vieja no significan que toda la ermita estuviera construida con materiales de Medina Azahara. De hecho, las evidencias gráficas posteriores muestran un sistema constructivo mixto. La ermita tenía muros encalados de fábrica económica, arcos de ladrillo en el interior y un uso selectivo de la sillería en determinados elementos, como la portada.

Detalle del Plan topográfico de la ciudad de Córdoba, levantado por Karvinski, en 1811.

Una ermita que también terminó desapareciendo

La ermita de San Sebastián sobrevivió durante varios siglos. Las fuentes permiten seguir su existencia hasta el siglo XVIII y, posteriormente, hasta mediados del XIX, cuando el edificio se encontraba abandonado y en estado de ruina. En el expediente municipal conservado en Córdoba aparecen las dificultades para determinar incluso la propiedad del inmueble. Diversos particulares solicitaron su arrendamiento o enajenación, mientras que el Ayuntamiento mantenía dudas sobre el origen de la ermita, su fundador y la existencia de posibles derechos particulares sobre ella. En 1857, según el expediente municipal, la ermita todavía permanecía en pie, pero poco después desapareció. Según el historiador Teodomiro Ramírez de Arellano, en sus Paseos por Córdoba, en 1873 la ermita ya había sido desmontada y que sus distintos elementos habían tomado nuevos destinos: imágenes trasladadas, retablos reutilizados y materiales incorporados a otras construcciones.

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