JULIO ROMERO DE TORRES

“Igual me tengo que venir nadando”: cien años de la muestra de Romero de Torres en Buenos Aires

Julio y Enrique Romero de Torres con el equipo editorial del Diario La Razón y la Novela Porteña en Buenos Aires, 1922.

“Julio Romero de Torres tuvo su calvario, como todos aquellos anuncian una personalidad en la religión del arte”. Así arrancaba el texto que escribió Valle-Inclán para la exposición monográfica del pintor cordobés en la Galería Witcomb de Buenos Aires, Argentina, de la que este domingo se cumplen cien años, y que fue un éxito y un hito para la pintura y para las relaciones hispanoamericanas.

La 'Irma Vep' de Julio Romero de Torres

La 'Irma Vep' de Julio Romero de Torres

En buena medida, hubo algo de calvario personal en la preparación de aquella muestra, que se inauguró el 4 de septiembre de 1922, aunque para entonces Julio Romero de Torres ya llevaba varias semanas en Buenos Aires en las que había apaciguado su miedo al fracaso. Las dudas y los recelos los había expresado en una entrevista publicada poco antes de cruzar el charco en El Liberal: “No, si igual fracaso y me tengo que venir nadando”, dijo entonces el pintor cordobés, que estaba en la cima de su reconocimiento.

A pesar de que su obra llevaba años paseándose por todo el mundo, la empresa en la que se embarcó con su hermano no era muy común. El pintor cordobés tenía experiencia, claro, a la hora de mostrar sus cuadros a nivel internacional, y además ya habían llegado a la capital argentina a lo largo del lustro anterior. En 1922, Romero de Torres era un pintor celebradísimo, a pesar de que su estilo difería de las vanguardias que comenzaban a acaparar el reconocimiento a la pintura española de la época, pero no era habitual lanzarse a una exposición monográfica en un país situado a miles de kilómetros con un océano de por medio.

Un viaje de negocios

Fue, en buena medida, su hermano Carlos, que vivió en Buenos Aires hasta su muerte, el que le insistió al pintor en la posibilidad de realizar la muestra monográfica, dado el éxito que tenían los cuadros de Romero de Torres cada vez que se habían expuesto en la ciudad. Con posterioridad, el pintor cordobés también justificaría el viaje al saber que los marchantes que compraban sus cuadros a bajo precio los revendían por grandes sumas.

Así que, apoyado también por su hermano Enrique, cerraron un acuerdo para exponer en los salones Witcomb y se embarcaron ambos el 8 de agosto del año 1922 en el vapor Infanta Isabel de Borbón con destino a Buenos Aires, donde fueron recibidos por la comunidad española y también por los círculos culturales argentinos.

El diario Clarín recordaba en el 80 aniversario de la muestra que en la Buenos Aires del tango y el charleston hubo fascinación con Romero de Torres. “Aquello fue un acontecimiento social del que hablaban las revistas como Atlántida o Caras y Caretas, muchas damas de familias tradicionales se hicieron retratar por él”, contaba al periódico argentino Patricia Artundo, autora de Archivo Witcomb, 1896-1971.

De hecho, el tiempo dedica el pintor a realizar tanto encargo, no le deja apenas tiempo para conocer bien la ciudad. Sí que visita el Museo Nacional de Bellas Artes, una institución clave en el reconocimiento al pintor cordobés, ya que conserva tres de sus cuadros, Los celos, Musidora y Gitana“ comprados precisamente en la muestra de las Galerías Witcomb.

También es objeto en su visita de varias entrevistas y reportajes por parte de medios de la ciudad como el rotativo La Razón y La Novela Porteña, lo que da una idea del reconocimiento del que gozaba ya en aquella época en el país latinoamericano. “Con él ocurre algo muy especial, se trata de un pintor formado en los maestros renacentistas, su padre dirigía el museo municipal de arte de Córdoba. Romero de Torres es un pintor muy académico en el mismo momento en que estallan las vanguardias, hacia 1910 ya existían Picasso, Cezanne, Degas, Bracque. Pero él no los toma en cuenta, quiere mostrar el mundo del flamenco y la cultura popular andaluza”, opinaba Jorge Glusberg, director del Museo Nacional de Bellas Artes en 2012 en declaraciones al diario Clarín.

Dos prórrogas

Así, tras un mes de intensa actividad social y pictórica, el 4 de septiembre se abren las puertas de la Galería Witcomb. En las paredes de sus dos salas se cuelgan 26 lienzos del pintor. El éxito es inmediato y la muestra, con una duración prevista de dos semanas, se prorroga dos veces, mientras la prensa la elogia como la mejor de arte extranjero celebrada ese año en Argentina. 

En su edición del 14 de setiembre, la revista Atlántida decía que la mejor obra del salón era Desnudos, porque “la morbidez de la carne y la expresión de la lujuria están dadas en una forma altamente impresionante”. Ese mismo día en el diario La Prensa, Ramón Pérez de Ayala insinuaba que pinturas como Los celos y La carcelera, debían ser disfrutadas como auténticas coplas populares. Buenos Aires aceptaba así, las palabras de Valle Inclán sobre Romero de Torres para el catálogo: “Sus cuadros aparecieron como algo desusado en la pintura española, superior a todo cuanto estábamos acostumbrados a ver en nuestras famélicas Exposiciones Nacionales”.

El pintor también alargó su estancia en el país. Entre tanto ajetreo, Enrique y Julio sacaron tiempo para visitar la tumba de su hermano, el impulsor inicial de aquel viaje, que los retuvo en Buenos Aires hasta el tres de noviembre del año 1922, cuando se embarcaron de vuelta a España después de casi tres meses de estancia. A su regreso Julio Romero de Torres recibió la felicitación de sus paisanos y sus amigos, tanto en Córdoba como en Madrid, como evidencian las misivas que le mandaron y que están en el Archivo Municipal de Córdoba.

Su huella, sin embargo, seguía viva en Buenos Aires. Veinte años después, en julio de 1943, las Galerías Witcomb organizaron otro homenaje a Romero de Torres. Algunas de las obras vendidas en 1922 volvieron a colgar de nuevo de sus paredes, junto a los nombres de sus dueños, entre ellos el cineasta Luis César Amadori, el político Leopoldo Melo, el coleccionista Luis De Ridder, Saturnino Unzué y Guillermo Martínez de Hoz.

El Museo de Bellas Artes de Córdoba, en colaboración con el Archivo Histórico Provincial de Córdoba, acoge hasta el 16 de octubre la exposición 'Julio Romero de Torres en Argentina: cien años de una muestra histórica (1922-2022)'

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