BOLETIN | Muerte de una poeta
Córdoba comienza el año con el habitual ejercicio de balances, pero también con una sensación de provisionalidad que atraviesa la política cultural municipal. El último trienio presupuestario ha ofrecido cifras que suben y bajan, sin una línea clara que permita hablar de un modelo cultural definido. El aumento global de las cuentas del Ayuntamiento convive con ajustes internos que, más que anunciar un rumbo, dibujan un escenario de tanteo intermitente, propio de un ejercicio desnortado, en el que solo brillan los grandes eventos.
Técnicamente, el presupuesto cultural entre 2024 y 2026 ha crecido. Es lógico porque también han aumentado los costes de la cultura. La cuestión es que ese crecimiento no se ha traducido de forma homogénea en el ámbito cultural. Las partidas vinculadas a la cultura aparecen dispersas y sujetas a vaivenes, lo que dificulta una lectura estratégica. Y eso que el análisis sobre en qué fallamos como ciudad cultural está claro desde hace décadas: somos un ejército atomizado incapaz de fijar un frente común.
Más allá de los números, a nivel municipal los frentes de batalla cultural están claramente abiertos. Uno de ellos es el eterno debate sobre la política de eventos, difícil de cerrar en una ciudad donde el dinero público está acabando en empresas privadas de fuera que incluso compiten directamente con programaciones históricas como el Festival de la Guitarra (menudo marrón organizar ese festival con dos de las promotoras más grandes de España apostando contra ti, con el silencio cómplice de algunos). A esto se suma el problema, nada menor, de la relicitación de Cosmopoética, un concurso observado con lupa después de que desde el propio Ayuntamiento haya dado a entender que el anterior proceso nació viciado desde su concepción.
En la esfera privada, las incertidumbres no son menores. El principal foco está puesto en los cines de verano gestionados por el empresario hostelero Antonio Amil, que ha llegado a amenazar públicamente con no abrir esta temporada. Su gestión ha generado un rechazo notable en parte de la vecindad y del movimiento asociativo, lo que añade tensión a un debate que va más allá del ocio estival y toca de lleno el modelo de ciudad y de convivencia. El Coliseo, si no hay cambios de última hora, sí reabrirá en junio, pero las dudas de si la ciudad se puede permitir otro verano sin cine al aire libre están ahí.
Todo esto ocurre mientras 2026 se perfila como un año de transición marcado por el noveno centenario de Averroes, antesala de un 2027 especialmente cargado con el Año Góngora y la Capitalidad Mediterránea de la Cultura y del Diálogo. En este ámbito, recuperar la figura de Averroes, tras años de silencios sobre el pasado andalusí, puede ser una decisión simbólicamente potente.
El reto del nuevo año no está tanto en celebrar como en ordenar: aclarar concursos, definir prioridades y decidir si las oscilaciones presupuestarias y los conflictos abiertos serán el prólogo de un proyecto cultural coherente o simplemente otro capítulo de improvisación, mientras los demás esperamos que pasen cosas.
Muerte de una poeta
Se llamaba Renée Nicole Macklin-Good y era poeta. Un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) le disparó a bocajarro mientras ella intentaba evadirlo conduciendo su coche. Ocurrió en Minneapolis. Los gritos de los vecinos intentando entender lo que acababan de presenciar son estremecedores.
“Shame”, le grita al agente que ha matado a una mujer sin pestañear. “Vergüenza”. Es una palabra que casi no tiene valor en estos momentos. El año ha empezado demasiado fuerte. James Baldwin dijo que el principal enemigo de nuestro tiempo era el poder sumado a la ignorancia. Hoy estamos justo en esa suma aritmética.
Se llamaba Renée Nicole Mackling-Good y era poeta. Y hace seis años, cuando casi nadie podía imaginarse cómo iba a empezar el año 2026, escribió un poema con el que ganó el Premio de Poesía Universitaria de la Academia de Poetas Estadounidenses. Un poema que termina así:
“la vida es apenas
óvulo y esperma
y dónde esos dos se encuentran
y con qué frecuencia y con qué precisión
y qué muere ahí“.
Eso ha sido todo por este viernes. De postre un tema que ando quemando. Una versión de un clásico de Sade diferente.
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