IRMA VEP

La 'Irma Vep' de Julio Romero de Torres

'Musidora', de Julio Romero de Torres.

Es uno de los éxitos de las plataformas este año: la nueva versión de Irma Vep del cineasta Olivier Assayas, con la actriz Alicia Vikander como protagonista de un artefacto metaficcional que ha triunfado desde HBO Max. Una nueva aproximación a un arquetipo, la femme fatale, que lleva ya más de un siglo en el imaginario popular, y que, de alguna manera está vinculado con Córdoba a través de dos personajes: el pintor Julio Romero de Torres y el rejoneador Antonio Cañero.

La 'Perla Negra' de Julio Romero de Torres, que nunca fue Josephine Baker

La 'Perla Negra' de Julio Romero de Torres, que nunca fue Josephine Baker

El nexo entre estos dos es Jeanne Roques (conocida como Musidora), la primera vamp del cine, que se hizo famosa por su interpretación de Les vampires en la película de Louis Feuillade, que escandalizó por aparecer enfundada en unas mallas, y que está en la base de la nueva serie de Assayas (que ya abordó este mito con una película en 1996, protagonizada por Maggie Cheung).

Roques nació en París en 1889 y murió en la misma ciudad en 1957. Se la conoció como Musidora e hizo carrera como realizadora y de escritora. Tras su debut como vampiresa en la película de Feuillade, los surrealistas la adoptaron como una de sus musas: Aragon la bautizó como la “décima musa”, Breton estuvo loco por ella, tuvo una relación con Pierre Louÿs, y enseñó a Colette a nadar por lo que la escritora le permitió hacer adaptaciones de sus obras cuando empezó a interesarse por la dirección de cine a partir de 1918.

Apasionada por Andalucía, cuando se vino a vivir a España se enamoró del polémico rejoneador Antonio Cañero (polémica por su intensa relación con la represión franquista), al que convirtió incluso en estrella de cine. Porque Roques fue guionista, directora productora e intérprete de dos películas en España, Sol y sombra (1922) y La tierra de los toros (1924), protagonizadas por el rejoneador cordobés.

Su romance duró poco. Cañero la abandonó en 1926, y ella volvió a Francia. La llegada del cine hablado en 1928 la privó de su estatus de estrella y se convirtió en una mujer de letras, que escribió 17 obras de teatro. Su amigo y admirador, Henri Langlois, director y fundador de la Cinémathèque Française, la empleó en el servicio histórico y luego en el de la comunicación. Su personalidad notable hizo de ella un icono privilegiado para un colectivo de cineastas feministas creado en 1973 que tomó su nombre, Musidora.

Las vedettes de Romero de Torres

Pero antes, mucho antes, en el año 1921, Roques llega a España a la edad de 32 años y con un contrato de tres meses para actuar en el teatro de la comedia de Madrid. Acaba quedándose cinco años, ya que desde el principio se sintió muy atraída por el ambiente cultural que había en aquel momento en la capital.

Es en este momento cuando la actriz y el pintor cordobés Julio Romero de Torres se conocen. Este encuentro se produce con la intermediación de Enrique Gómez Carrillo, escritor y diplomático guatemalteco amigo de Julio Romero, y que se había casado en 1919 con la cupletista Raquel Meller en París.

Poco después, el encuentro se transforma en un cuadro (que hoy forma parte de los fondos del Museo de Bellas Artes de Buenos Aires) en el que la musa aparece reposando en un sofá mostrando un pecho, y tras ella una flamenca sosteniendo una guitarra. Es, probablemente, uno de los retratos más sensuales de toda la producción del pintor cordobés, que convirtió su estudio madrileño en un atractivo más mientras las artistas posaban para él, como mostraba un vídeo de la Fox que hace unos meses salió a la luz.

En aquella época, Romero de Torres disfrutaba pintando a las artistas internacionales que pasaban por la capital del reino, como atestigua otro cuadro de estos años, La Perla Negra, en el que el artista cordobés inmortalizó a Dulce María Morales Cervantes, una bailarina afrocubana a la que artísticamente llamaban La Perla Negra, y que arrasaba en los teatros de Madrid de la época. Durante años, se pensó erróneamente que la mujer del cuadro era Josephine Baker. No fue así, como desveló este periódico.

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