Córdoba, ciudad dormitorio de artistas que triunfan en Málaga

Fernando M. Romero, a la derecha, en la exposición 'PreVieW' en Marbella.
Cinco artistas contemporáneos de la ciudad analizan para 'Cordópolis' su experiencia y su exilio artístico en la capital de la Costa del Sol

Una misma idea y cinco nombres. El arte exiliado de Córdoba, la visión del arte en ciudad y los numerosos artistas que, o bien trabajan y residen en Málaga o bien han participado recientemente en exposiciones allí. Córdoba, ciudad dormitorio de artistas que triunfan en Málaga.

El pintor Miguel Gómez Losada, los artistas visuales Fernando M. Romero, Antonio Blázquez (además director de El Arsenal), el también artista y crítico en arte Tete Álvarez, responsable de la revista Ars Operandi, y la crítica y experta en Arte Contemporáneo Noelia Centeno, colaboradora de Scarpia, analizan para este periódico sus particulares visiones del arte en la ciudad.

“Ser artista en Córdoba es clamar en el desierto. Málaga es el resultado de la apuesta por el arte contemporáneo: han sabido tejer una red institucional de museos, allí las galerías de arte compiten a nivel nacional; las que ha habido en Córdoba no han sobrepasado los límites de la provincia”, responde, tajante, Tete Álvarez. La revista que lleva a su cargo, Ars Operandi, lleva más de siete años centrada en el arte contemporáneo y su difusión, tanto en Córdoba como en alrededores, y desde su perspectiva puntualiza: “En 25 años nunca he trabajado con galerías de Córdoba. Sobre las bases del mercado, mediación y atracción, he de decir que no hay mediación en Córdoba, por tanto no hay mercado ni una apuesta tampoco por la Cultura. Otro ejemplo de ello: el reciente nombramiento del delegado de Cultura que es alguien ajeno a este acto y que lo desconoce por completo”.

Mientras tanto, las galerías malagueñas se rifan a los pintores y artistas visuales cordobeses, que son ya legión en la costa del sol. Así, cinco cuadros a óleo de Miguel Gómez Losada (Córdoba, 1967), quien de hecho ya reside en Málaga, fueron expuestos la semana pasada en la feria de arte debutante Art Marbella. La feria, que “mantuvo mucha expectación, parecida a la primera edición de Miami”, en palabras de Gómez Losada, ha alabado el trabajo del autor, en concreto su pintura Albina, reseñada favorablemente en la propia exhibición.

El pintor cordobés ha expuesto anteriormente sus obras en galerías como la Galería Rayuela de Madrid (2000) o la Galería Aba Art de Mallorca (2010). Para él, “entre Málaga y Marbella todo parece una misma localidad. El arte ha adquirido allí mucha importancia a nivel institucional, sin duda se ha formado un foco en la Costa del Sol: galerías, Museo Ruso, Museo Picasso, Museo Pompidou...”.

La obra de otro artista visual, Fernando M. Romero (Córdoba, 1978), también ha sido expuesta en la feria de Arte de Marbella. Romero, quien estableció desde hace tiempo su residencia en el extranjero, acaba de participar en PreView en la Galería Yusto-Ginés, exhibición comisariada por Sema Da Costa. Entre los quince artistas emergentes se encontraba también otro cordobés, el pintor Manuel Garcés Blancart (Córdoba, 1972), quien sí trabaja y reside en la ciudad califal.

“La comparativa es demoledora. En Málaga se están haciendo muchas cosas, aquí ni siquiera podemos tener el lujo, a nivel institucional. Cero. Más bien lo que se está haciendo es de forma autogestionada. Por ejemplo, Combo, MODO, ahora con la Pérgola... La no apertura del C4 Centro de Creación Contemporánea Andalucía, terminado hace unos años, habla de la situación por sí mismo. Lo único que se ha mantenido es Vimcorsa”, opina Romero.

El artista, que participará a finales de septiembre en la Feria Estampa de Madrid, lo tiene claro en cuanto a la residencia: “Produzco desde Córdoba, pero estuve residiendo en Berlín un tiempo y tengo previsto marcharme a Londres. He estado en cinco expos y ninguna ha sido en Córdoba. Cuando haya infraestructuras aquí, salas o programas que cumplan, entonces será otra historia”, concluye.

Pero una propuesta sí se ha fundido con mayor o menor firmeza en la ciudad: El Arsenal lleva ya tres años funcionando. El director del colectivo y artista, Antonio Blázquez, habla de la obligada autogestión a la que empuja la ciudad: “El Arsenal surgió como una necesidad real de un grupo de diferentes artistas de varias disciplinas (artes plásticas, teatro, música, literatura...) que necesitábamos un espacio común en el que trabajar”.

Ante la comparación del eje artístico Málaga-Córdoba o Córdoba-otros puntos de España, Blázquez reflexiona: “No me gusta hacer comparaciones porque podemos caer en ciertos tópicos a la hora de analizar los movimientos artísticos. Las dificultades han sido muchas o pocas, depende de cómo se mire. Es lo que tiene embarcarse en un proyecto autogestionado. Siempre es mejor pensar en lo gratificante a nivel personal y colectivo de estas propuestas que poco a poco van calando en el anquilosamiento pasivo de la ciudad”, comenta. Blázquez ha apuntado en esta línea: “Esto es un signo evidente de que hay gente que quiere y lleva a cabo nuevas propuestas, convirtiéndose en agentes activos, no sólo en público pasivo o turístico”.

Noelia Centeno, quien se ha encargado de documentar lo ocurrido en la provincia desde los años 90, concluye: “El problema fue inmediato: no había nada, había que crear un mapa conceptual del arte contemporáneo en Córdoba. El crítico Ángel Luis Pérez Villén me ha ayudado mucho, pero no hay nadie más, nadie se ha preocupado del arte, por ejemplo, para la candidatura de 2016”.

Centeno apunta también a los proyectos independientes que están surgiendo sin apoyo económico. “Lo sorprendente es que estos proyectos están surgiendo vinculados al mundo rural, que está en auge. Cito a DMencia, el festival Periscopia en Pozoblanco, La Fragua o Scarpia”.

¿Cuál sería el problema en términos de producción y difusión del arte en Córdoba? Al igual que Villén, Centeno lo tiene claro y aboga por la educación como pilar primordial para disfrutar el arte: “Frente a una macropolítica cultural como vemos en Málaga, Córdoba tiene que trabajar más la educación en el arte. Aquí falta un interés colectivo por él”.

Lejos de convertirse en la ciudad modelo donde los happenings de Kaprow pudieran triunfar y pueblo y arte se vincularan por el mutuo beneficio, en Córdoba quedan tres soluciones que parecen compartidas: la adecuada educación hacia el imput artístico, la autogestión y mientras tanto el exilio como únicas posibilidades de creación en lo que parece que se ha convertido en una ciudad dormitorio.

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