Al son de las emociones desde la Huerta de la Reina

Concierto de la Agrupación Musical de la Estrella en San Agustín | MADERO CUBERO
De la marcha clásica a la moderna o innovadora, la Agrupación Musical de la Estrella se atreve con ambas desde hace 25 años, tiempo en que ha logrado tener su propio sello

Suenan tambores. Varios hombres, de distintas edades, tocan en la acera, junto a una de las naves que hay en la calle Sor Ángela de la Cruz, sólo unos metros más allá del Polígono de Chinales. A un edificio del otro lado comienzan a llegar músicos con sus instrumentos de viento de metal. Se aproximan para uno de sus ensayos. La batuta la tiene Manuel Luque Bellido. En unos minutos, los sones de la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús de la Redención, más popularmente de la Estrella, llenan ese espacio. A la percusión le acompañan entonces trompetas, trombones, bombardinos, tubas y cornetas. Son las notas que esta formación ofrece a la Semana Santa año tras año, notas para cuya armonía se desarrolla un trabajo continuado.

Las marchas procesionales se suceden. El incienso también se deja notar en el interior de la nave. Desde 2009, esta formación puede practicar sin las dificultades que antaño tenía en la calle. El sonido clásico se funde con otro, quizá, un tanto más moderno. No existen lugares intransitables para una agrupación que cumple este año un cuarto de siglo y que hoy vive su día más especial, pues como cada Lunes Santo acompaña al titular de su hermandad. Pero no es la única jornada de la semana en que aparece por las calles de la ciudad. El Domingo de Ramos lo hace en la estación de penitencia del Huerto y el Viernes Santo en la de Dolores. El sello inconfundible que nace en la Huerta de la Reina está muy presente en Córdoba.

De forma sencilla, Manuel Luque Bellido dirige a los músicos que componen esta formación, arriesgada en algunas de sus marchas. Entre ellas, quizá destaquen ¡Estrella!, que dio nombre al primero de sus tres discos, Oración o Señor de San Basilio. Cada una de ellas es diferente a la otra, igual que sucede en cada procesión. Porque como explica el director de la Agrupación Musical de la Redención, hay un acompañamiento para cada hermandad o para cada momento. “Nos tachan de ser una banda muy seria, pero pienso que no. Somos una banda que nos adaptamos a una hermandad como el Huerto, que se tocan marchas más clásicas o a otra que pida cosas más modernas”, señala. Ahí puede residir una de las grandes razones de su largo recorrido, iniciado dos años después de que desapareciera la Banda de Nuestro Padre Jesús de la Sangre.

Tomó el relevo entonces, en 1989, de una banda pionera en la ciudad. Lo hizo con la clara idea de tener sus propias señas de identidad. “Imitadores hay muchos, pero luego ser tú mismo es complicado”, indica Luque sobre un objetivo conseguido. “De siempre me han gustado las cosas clásicas y que suenen a lo que ha sonado toda la vida, y si quieres aportar cosas nuevas, que sea arriesgando, con compositores que aporten algo nuevo y que te marquen de alguna manera que tengas tu sello”, expone. Lo cierto es que la formación que dirige lo logró, para además demostrar que aquí podía haber agrupaciones a la altura de otras capitales “como Sevilla o Huelva”. Por otro lado, también resulta de importancia el hecho de que todas las composiciones que maneja, salvo alguna excepción, están dedicadas a la Semana Santa o a titulares de Córdoba.

Es una muestra más de la identificación de la Agrupación de la Redención con la ciudad, en que hablar de la Estrella supone hacerlo de música. Es probablemente la mayor seña de identidad de la hermandad. De regreso a los sones, Manuel Luque destaca que una buena marcha debe “saber transmitir al público lo que está viendo”. La procesional “es una música que tiene un contenido de emotividad muy grande” y “está pensada para que al ciudadano de a pie le conmueva”. He ahí el significado de los sones cofrades, que cambian según el tipo de formación.

La diferencia entre una banda y una agrupación está, por ejemplo, en que la primera cuenta con instrumentos de viento de madera y de metal, mientras que en la segunda sólo suenan los últimos. Lo que no cambia es la intención. La música procesional, como cualquier otro arte, sólo tiene sentido si genera emociones a quien llega. Eso es lo que precisamente buscará alcanzar esta tarde la Redención, o la Estrella, como se prefiera, tras el paso de misterio de su hermandad. Éste será un nuevo Lunes Santo bajo los sones que nacen en la Huerta de la Reina.

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