Fallece Martina, la niña de Córdoba que se aferró a la vida pese a su enfermedad rara

Martina, en una foto reciente.

Martina ha fallecido. Con apenas cuatro años, esta menor cordobesa ha muerto este lunes después de una complicación en el transcurso de su enfermedad, tal y como han confirmado los padres a este periódico, quienes han autorizado difundir la triste noticia debido a la respuesta que la sociedad cordobesa siempre ha hecho a sus llamamientos de ayuda para recaudar fondos para la investigación de la enfermedad que padecía su hija: SMARD 1, atrofia muscular espinal con distress respiratorio tipo 1.

Dos años desafiando a la estadística: Martina sopla las velas por seguir viviendo

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Martina y sus padres lo hicieron todo para ganarle tiempo a la enfermedad. Desde que le fue diagnosticada con muy pocas semanas de vida, Elena y Gabi han luchado por que su hija tuviera una vida como la de cualquier niño de su edad. Su futuro más cercano siempre ha sido el hoy porque no sabían qué pasaría mañana.

En este curso escolar, los tres vieron cumplido uno de sus sueños al conseguir que Martina entrara a un centro educativo. Amó su colegio. Martina era una niña feliz y allí lo fue aún más. La vida ha hecho que sus profesores se hayan despedido de ella como jamás pensaron que lo harían.

Cuando le fue diagnosticada la enfermedad, Martina era la única niña en España que padecía esta atrofia muscular, una enfermedad rara y degenerativa que provoca debilidad muscular e insuficiencia respiratoria. Martina fue, poco a poco, adquiriendo tono muscular, pero necesitaba ventilación asistida las 24 horas del día.

En 2020 rompió la estadística que señalaba que los bebés con esta enfermedad no superaban los seis meses o el año de vida. Martina sopló las velas cuando cumplió dos años. Y también cuando cumplió los tres. Y, por último, el pasado 8 de junio, cuando sus padres abrazaron esos cuatro añitos. Vivió, además, su primera Feria, vestida de flamenca, recordando a cuando lo hizo en el Hospital Reina Sofía. Sintió la brisa de la playa y vivió las fiestas navideñas con un árbol de fieltro como felpa.

Martina pasó del cochecito a una silla eléctrica. La movía como nadie. Ella quería correr. Bajo la atenta mirada de su madre, Martina reía paseando por el Vial, enseñando cómo movía los mandos de su silla para adelante y para atrás. Se reía, pillina, y sus ojos azules se escondían, dando paso a un sinfín de pestañas. Elena le pedía que frenara, pero Martina hacía oídos sordos, entre risas. A ella no le hacía falta hablar porque sus ojos, que destilaban felicidad, lo hacían por ella.

A pesar de sus dificultades para articular palabra, sí pudo decir “mamá” y “papá”, uno de los mayores tesoros que sus padres retienen en su memoria.

Martina quería y así lo transmitía. Sus besos lanzados al aire eran puñados de realidad para quien los recibía. Y sus pedorretas. Sus pedorretas también.

El covid le privó de muchos besos y abrazos de quienes sintieron su causa como propia y quienes hoy lloran su marcha.

Gracias a Elena y a Gabi por habernos dejado contar la historia de Martina.

Descanse en paz.

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