Córdoba sufre la peor oleada de incendios forestales de los últimos cinco años
La provincia de Córdoba afronta uno de los veranos más complicados de los últimos años en materia de incendios forestales. Cuando todavía resta por delante el mes de agosto al completo, buena parte de septiembre y el periodo de alto riesgo no concluirá hasta mediados de octubre, el fuego ya ha arrasado 1.083 hectáreas, según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS-Copernicus), correspondientes al 28 de julio.
La cifra convierte a 2026 en el peor ejercicio desde 2021 y sitúa la campaña actual por encima del conjunto de superficie afectada durante los tres años posteriores. El dato resulta especialmente significativo porque el grueso de la temporada de incendios todavía está por delante, coincidiendo con las semanas en las que históricamente se registran las condiciones meteorológicas más extremas.
Los datos reflejan un cambio radical respecto a los años inmediatamente anteriores. Después de varias campañas relativamente contenidas, la provincia vuelve a superar la barrera psicológica de las mil hectáreas quemadas, un umbral que únicamente se había rebasado durante el grave verano de 2021.
¿Cuánto superficie se ha quemado en cada lugar en 2026
Hectáreas quemadas por detección satelital. Cambia entre el total por provincia y los grandes incendios del año (más de 500 ha)
Fuente: EFFIS (Copernicus)
La evolución de los incendios forestales durante el último lustro muestra enormes diferencias de un año para otro. En 2019 la campaña concluyó con unas 216 hectáreas afectadas, una cifra claramente inferior a la media histórica provincial. La mayor parte de la superficie calcinada correspondió a matorral —casi 150 hectáreas— mientras que el arbolado apenas representó unas 66 hectáreas.
Un año después, en 2020, la superficie quemada descendió hasta unas 80 hectáreas. Aquella campaña estuvo profundamente condicionada por la pandemia del coronavirus y las restricciones de movilidad, que redujeron notablemente el número de siniestros registrados.
El panorama cambió por completo en 2021. La provincia sufrió uno de los veranos más devastadores de las últimas décadas, con más de 1.067 hectáreas quemadas. Buena parte de esa cifra correspondió al gran incendio originado en el puerto del Calatraveño, en el término municipal de Alcaracejos, que por sí solo arrasó más de 600 hectáreas.
En 2022 la superficie afectada volvió a descender, aunque continuó siendo elevada. La combinación de sequía extrema, temperaturas récord y combustible vegetal muy seco provocó una campaña complicada que terminó con alrededor de 550 hectáreas calcinadas y obligó a un importante despliegue del Plan INFOCA.
El contraste llegó en 2023. Las abundantes lluvias registradas durante mayo y junio cambiaron completamente el escenario y permitieron cerrar una campaña considerada prácticamente anecdótica, con menos de 50 hectáreas afectadas, lo que supuso una reducción cercana al 91% respecto al año anterior.
Ahora, apenas cinco semanas después del inicio oficial del periodo de máximo riesgo, 2026 ya ha superado todas esas campañas salvo la de 2021.
Dos grandes incendios explican buena parte del balance
La estadística de este año está marcada por dos grandes incendios registrados prácticamente de forma consecutiva en el entorno de Cerro Muriano.
El primero de ellos tuvo lugar en la base militar situada en el término municipal de Obejo. El fuego afectó a 559 hectáreas, convirtiéndose en el mayor incendio forestal registrado este verano en la provincia y obligando a desplegar un amplio dispositivo de extinción durante varias jornadas.
Pocos días después se produjo un nuevo incendio en Cerro Muriano, originado tras arder un camión cargado de paja. Las llamas calcinaron 198 hectáreas, volviendo a movilizar numerosos medios terrestres y aéreos.
Entre ambos siniestros suman 757 hectáreas, es decir, cerca del 70% de toda la superficie afectada en la provincia durante 2026. El resto del balance hasta alcanzar las 1.083 hectáreas corresponde a diversos incendios de menor entidad registrados en distintos puntos de la provincia.
El peor dato cuando el verano aún no ha terminado
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas no es únicamente la cifra absoluta de superficie quemada, sino el momento del calendario en el que se alcanza.
Los registros de EFFIS corresponden al 28 de julio, cuando todavía resta por delante el periodo tradicionalmente más crítico para los incendios forestales. Agosto suele concentrar las olas de calor más intensas, una humedad ambiental muy reducida y episodios de viento que favorecen una rápida propagación de las llamas.
Además, el Plan INFOCA mantiene activado el periodo de máximo riesgo hasta mediados de octubre, por lo que aún quedan más de dos meses de campaña.
En consecuencia, el balance definitivo dependerá de la evolución meteorológica durante las próximas semanas, especialmente de la llegada de nuevas olas de calor o de episodios de viento que incrementen el peligro de propagación.
La provincia de Córdoba reúne una combinación de factores que la convierten en uno de los territorios andaluces más sensibles al fuego. La existencia de grandes masas forestales, extensas superficies de dehesa, monte mediterráneo y una amplia interfaz entre espacios naturales y zonas habitadas obliga a mantener una vigilancia constante durante todo el verano.
La experiencia demuestra además que, aunque la mayor parte de los incendios se extinguen en sus primeras fases, basta un único gran incendio para alterar completamente las estadísticas anuales, como ocurrió en 2021 y vuelve a suceder en 2026.
El precedente de la Sierra de Córdoba
La preocupación por los incendios forestales adquiere una dimensión especial en el entorno de la capital cordobesa. La Sierra de Córdoba ha protagonizado algunos de los episodios más graves registrados en Andalucía durante las últimas décadas y constituye una de las zonas con mayor concentración de viviendas en contacto directo con el monte.
Los grandes incendios sufridos históricamente en este enclave han condicionado la planificación de emergencias, la mejora de los sistemas de vigilancia y las campañas de prevención impulsadas por las distintas administraciones. La cercanía entre la masa forestal y numerosos núcleos residenciales convierte cualquier incendio de gran magnitud en una amenaza que trasciende el impacto ambiental y puede afectar directamente a miles de vecinos, como ya ha ocurrido en diferentes ocasiones.
La experiencia acumulada durante más de cuatro décadas de grandes incendios ha llevado a reforzar los protocolos de evacuación, los trabajos preventivos y la coordinación entre el Plan Infoca, los servicios de emergencias y los cuerpos de seguridad. Sin embargo, los episodios registrados este verano vuelven a poner de manifiesto que el riesgo continúa muy presente en una provincia donde las condiciones climáticas y la abundancia de combustible vegetal favorecen la rápida propagación de las llamas.
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