Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Lee ya las noticias de mañana

La muerte oficial de la remolacha en el sur de España: el cultivo que revolucionó Andalucía a finales del siglo XIX

Montaña de remolacha recolectada.

Alfonso Alba

27 de septiembre de 2026 19:56 h

0

La construcción de la Gran Vía de Granada se financió gracias a los enormes beneficios que generó en la Vega la producción industrial de azúcar a través del cultivo de la remolacha. Unos años antes, en 1882 y en una finca experimental de Córdoba, el conde de Torres Cabrera, Ricardo Martel y Fernández de Córdoba, se convirtió en el primer industrial de España en producir azúcar a través de la remolacha, gracias a un cultivo experimental en su finca de Santa Isabel en Alcolea.

Casi siglo y medio después, el Ministerio de Agricultura ha confirmado oficialmente la desaparición de este cultivo que transformó el sur de la Península Ibérica. La remolacha fue un cultivo muy social, que necesitaba una enorme cantidad de mano de obra, que alimentó a jornaleros e industriales, y que generó mucha riqueza. Por Andalucía prosperaron azucareras, que con la reconversión industrial provocada por la entrada de España en Europa fueron menguando y desapareciendo. El azúcar de remolacha competía con un mercado cada vez más global donde los precios se iban desplomando y donde su cultivo en el regadío de Andalucía apenas era rentable.

La remolacha, que transformó el paisaje de toda la Vega del Guadalquivir, sobrevivía ya de una manera muy testimonial. En Córdoba, por ejemplo, apenas se cultivaban 20 hectáreas durante los años de la pandemia. La provincia que vio nacer este cultivo también lo ha visto morir.

En Andalucía ya solo quedaba una azucarera en Jerez de la Frontera, la fábrica de Guadalete perteneciente al grupo propietario de Primark. Esta industria ha decidido que este año le es más barato importar remolacha del extranjero que cultivarla en Andalucía. Esta decisión es la que ha certificado oficialmente la muerte de este cultivo. “Era una muerte anunciada”, afirman, categóricos desde Agama Bajo Guadalquivir, como organización agraria andaluza integrada en la Unión de Uniones.

Un cultivo que nació en Córdoba

Torres Cabrera viajó a Francia y Alemania para estudiar las técnicas de cultivo y fabricación, visitó fábricas, consultó a agricultores y especialistas y contrató al ingeniero agrónomo José María Martí. En Santa Isabel se mejoraron los suelos, se realizaron obras de regadío y se ensayaron distintas variedades de remolacha. Su proyecto tenía además una dimensión que iba mucho más allá de producir azúcar.

El conde concebía la remolacha como el eje de un sistema económico capaz de generar trabajo en el campo, elevar el valor de las tierras, crear industrias y utilizar los subproductos de la fábrica —hojas y pulpa— para alimentar al ganado. En la memoria que presentó en 1882 defendía expresamente que el cultivo debía contribuir a multiplicar el trabajo agrícola y los centros manufactureros.

La experiencia cordobesa coincidió prácticamente en el tiempo con otra iniciativa decisiva en Granada. Juan López-Rubio desarrolló en la Vega granadina sus propios experimentos y, en 1882, comenzó también la producción industrial de azúcar de remolacha en el entorno de Cúllar Vega. El propio documento histórico del Ministerio describe ambas experiencias como las dos primeras grandes iniciativas españolas de implantación del cultivo y de la industria derivada.

A partir de entonces la remolacha dejó de ser un experimento. Se convirtió en un negocio. La expansión fue especialmente intensa en Granada, donde la nueva industria azucarera transformó la economía de la Vega. Aparecieron fábricas, redes de transporte, empresas auxiliares y nuevas fortunas. El padre de Federico García Lorca fue uno de los agricultores que más trabajó la remolacha.

La Universidad de Granada explica que la industria azucarera tuvo una influencia decisiva en la transformación de la ciudad y en el desarrollo de infraestructuras como la Gran Vía de Colón. El Archivo Municipal de Granada señala igualmente que el cultivo de la remolacha y las fábricas de azúcar impulsaron el desarrollo económico de la burguesía local y que el capital generado por la industria azucarera estuvo detrás de la apertura de la Gran Vía. La calle llegó a conocerse popularmente como la Vía del azúcar.

La gran expansión

El fenómeno no se limitó a Granada y Córdoba. Durante las últimas décadas del siglo XIX la remolacha se extendió por distintas zonas españolas y Andalucía se convirtió en uno de los grandes territorios de la nueva industria azucarera. La explicación estaba también en la historia internacional.

La pérdida de Cuba y Puerto Rico en 1898 modificó radicalmente el mercado español del azúcar. La producción peninsular adquirió una importancia creciente y la remolacha pasó a ocupar un espacio estratégico en la industria alimentaria española. La superficie remolachera aumentó con rapidez y el cultivo dejó de ser una rareza experimental para convertirse en una alternativa agrícola de primer orden.

En la provincia de Córdoba, mientras tanto, la fábrica de Santa Isabel fue perdiendo fuerza. La experiencia pionera no consiguió mantener su posición inicial. La azucarera de Alcolea terminó su actividad después de la campaña de 1910-1911. Córdoba había sido la puerta de entrada de la remolacha industrial en España.

La importancia de la remolacha no puede medirse únicamente en toneladas o hectáreas. Era un cultivo que generaba una enorme cantidad de trabajo. La preparación de las tierras, la siembra, los cuidados, el arranque, la carga, el transporte y la recepción en fábrica movilizaban a agricultores, jornaleros, transportistas, trabajadores industriales y toda una cadena de actividades auxiliares.

Córdoba vuelve a la remolacha gracias a los embalses

La historia cordobesa tuvo una segunda oportunidad gracias al regadío que favoreció la construcción de embalses como el Guadalmellato, y su canal. En los años treinta el cultivo volvió a adquirir importancia alrededor de Villarrubia y de la Azucarera San Rafael. La recuperación fue significativa. En la primera campaña se llegaron a contratar cerca de 1.510 hectáreas de regadío, con casi 362.000 quintales métricos de remolacha comprometidos.

Durante buena parte del siglo XX, la remolacha formó parte del paisaje agrícola de las vegas y campiñas andaluzas. Especialmente en el valle del Guadalquivir. La disponibilidad de regadío y la posibilidad de cultivar una remolacha adaptada a las condiciones de Andalucía permitieron que el cultivo se consolidara en territorios de Sevilla, Cádiz, Córdoba y otras provincias.

La Junta de Andalucía ha descrito la remolacha como un cultivo industrial con una importancia económica, social y agronómica especialmente relevante en las comarcas donde se implantó.

La incorporación de España a la Comunidad Económica Europea supuso un profundo proceso de transformación para el campo español. La industria azucarera también tuvo que adaptarse. El sector quedó sometido a un sistema comunitario de regulación de la producción y posteriormente a sucesivas reformas de la Organización Común de Mercados del azúcar. La reforma de 2006 supuso un importante proceso de reestructuración.

El Ministerio de Agricultura reconoce que, desde entonces, disminuyeron tanto la superficie como el número de explotaciones dedicadas a la remolacha y se produjo una fuerte concentración industrial. Con la desaparición del sistema de cuotas en la campaña 2017/2018, el sector volvió a experimentar un nuevo proceso de ajuste. Las fábricas fueron cerrando.

El último golpe llegó en 2025

A finales de septiembre de 2025, AB Azucarera Iberia comunicó que no contrataría remolacha andaluza para la campaña 2025/2026 y que la planta de Guadalete se dedicaría al refinado de azúcar importado. La decisión provocó una fuerte reacción de las organizaciones agrarias. COAG, ASAJA, UPA y el Grupo Remolachero de Sevilla denunciaron que más de 500 agricultores tenían preparadas más de 4.000 hectáreas para la siembra de remolacha otoñal. También reclamaron que se mantuviera la actividad y que la empresa aprovechara el apoyo ofrecido por la Junta de Andalucía.

La organización agraria sostuvo que la compañía estaba incumpliendo sus compromisos con el sector. La empresa, por su parte, mantuvo su estrategia industrial. El conflicto puso de manifiesto algo que llevaba años ocurriendo de forma silenciosa: la agricultura había dejado de tener capacidad para garantizar por sí sola la supervivencia de la industria.

El 21 de septiembre de 2026, en la última reunión de la Comisión Nacional de Estudio de Variedades de Remolacha de Siembra Otoñal, en la que participan el Ministerio de Agricultura y representantes del sector, se comunicó el cese de las inscripciones de variedades destinadas a la zona sur. Fue la “muerte anunciada” de este cultivo que tanto transformó Andalucía.

“Esto era una muerte más que anunciada, no solo ante la postura de la industria, de cesar la producción de azúcar con remolacha de producción andaluza, sino también ante la inoperancia de las Administraciones regional y nacional, por no haber sido capaz de ver la situación critica que se avecinaba y no haber apostado firmemente para que el sector prosiguiera con su actividad en Andalucía”, concluyen los agricultores de Agama.

Etiquetas
stats