Las cooperativas andaluzas apuestan por Dcoop para la compra de Deoleo y piden al Gobierno que proteja el interés nacional
La batalla por el control de Deoleo, propietaria de algunas de las principales marcas de aceite de oliva del mundo, ha dejado de ser únicamente una operación empresarial para convertirse en un debate sobre el futuro de la principal potencia oleícola mundial. Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, una entidad en la que están agrupados miles de olivicultores del sur de la Península, ha tomado posición a favor de que sea una cooperativa española, y particularmente Dcoop, la que se haga con el control de la compañía, al considerar que una operación de estas características permitiría a los productores ganar peso en la transformación, el envasado, las marcas y la comercialización internacional del aceite de oliva.
El posicionamiento queda recogido en el artículo de opinión publicado por el director general de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, Jaime Martínez-Conradi, bajo el título Aceite de oliva: la oportunidad para liderar no sólo la producción, sino la comercialización. En él, la organización plantea una cuestión de fondo: España es líder mundial en producción de aceite de oliva, pero necesita trasladar ese liderazgo a los eslabones de mayor valor añadido de la cadena.
La eventual adquisición de Deoleo por parte de Dcoop encajaría, a juicio de la organización, precisamente en esa estrategia. No se trataría únicamente de incorporar una gran compañía al perímetro de una cooperativa, sino de acercar a los productores el control sobre una parte sustancial del negocio que se genera después de la salida del aceite de la almazara: el envasado, las marcas, la distribución y la llegada al consumidor final.
“España debe decidir ahora si se conforma con ser el gran productor mundial de aceite de oliva o da el paso definitivo para liderar también su transformación, su comercialización y las marcas que llegan al consumidor”, sostiene Martínez-Conradi en su análisis.
Una pugna entre España e Italia
El mensaje de las cooperativas andaluzas llega en plena recta final de la venta de Deoleo. La compañía está siendo objeto de interés por parte de varios grupos, aunque la disputa se ha concentrado principalmente entre la cooperativa andaluza Dcoop y el grupo italiano Coricelli, mientras Acesur también ha presentado una alternativa española.
Coricelli se situó en cabeza de la puja después de elevar su propuesta hasta los 500 millones de euros, por encima de los 470 millones atribuidos a la oferta de Dcoop y de los 460 millones de Acesur. La ventaja económica de la propuesta italiana ha situado a este grupo como favorito en distintos momentos del proceso.
Sin embargo, el proceso no está definitivamente cerrado. El plazo que Coricelli había planteado para avanzar hacia un acuerdo de exclusividad terminó sin que los accionistas de Deoleo adoptaran una decisión definitiva, lo que ha permitido a Dcoop mantener abiertas sus opciones. La situación ha vuelto a generar margen de maniobra para la cooperativa andaluza. La última información apunta además a que Coricelli ha dado más tiempo a Deoleo para negociar y concretar su eventual compra en exclusiva, por lo que la pugna continúa abierta.
El argumento de las cooperativas: producir ya no es suficiente
La tesis de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía parte de una realidad que, a su juicio, condiciona el futuro del sector. Andalucía aporta una parte esencial de la materia prima mundial, pero durante décadas una proporción importante de la transformación, el envasado y las marcas se ha concentrado fuera de la comunidad.
Italia, por el contrario, ha desarrollado una potente industria de comercialización aun dependiendo en buena medida de aceite procedente de otros países productores. El contraste entre ambos modelos es uno de los elementos centrales del análisis de Martínez-Conradi: España cuenta con la materia prima y con una enorme capacidad productiva, mientras que Italia ha demostrado una extraordinaria capacidad para transformar esa materia prima en marcas con presencia internacional. De ahí que la organización considere que el objetivo no debe limitarse a producir más aceite, sino a controlar una mayor parte de la cadena.
“Hay que concentrar oferta, integrar estructuras, invertir, internacionalizarse, crear marcas y entrar en aquellos eslabones donde se genera mayor valor”, defiende el director general de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía.
El modelo cooperativo adquiere, en este planteamiento, una importancia específica. La organización argumenta que detrás de una cooperativa no existe únicamente una estructura empresarial, sino decenas de miles de agricultores que concentran su producción para mejorar su posición negociadora.
Además, Martínez-Conradi subraya una diferencia que considera decisiva: “el modelo cooperativo no se deslocaliza”. La tierra, los agricultores, las inversiones y una parte sustancial del empleo permanecen vinculados al territorio.
Dcoop, como herramienta para ganar dimensión
En ese contexto aparece Dcoop como el proyecto empresarial que, desde el punto de vista de las cooperativas andaluzas, mejor representa esa estrategia de integración. La eventual incorporación de Deoleo permitiría sumar a la capacidad productiva y comercial de Dcoop un amplio catálogo de marcas y una implantación internacional que podría reforzar el papel de España en los mercados de consumo. Deoleo se presenta actualmente como líder mundial del aceite de oliva y cuenta con marcas internacionales como Bertolli, Carapelli y Carbonell.
Para el cooperativismo andaluz, la cuestión fundamental es quién controla esos activos y hacia dónde se dirige el valor generado por ellos. La tesis no consiste, por tanto, únicamente en defender que Deoleo continúe bajo capital español. El argumento es más amplio: si una compañía con marcas internacionales, capacidad industrial y presencia en mercados estratégicos termina integrada en una gran cooperativa de productores, una parte mayor del valor añadido generado por la comercialización podría acabar repercutiendo en los propios agricultores.
“Cuando una cooperativa gana dimensión, adquiere una industria, desarrolla una marca o entra directamente en un nuevo mercado, el beneficio estratégico se amplifica”, afirma Martínez-Conradi. La organización pone como ejemplos otros procesos de crecimiento protagonizados por el cooperativismo andaluz, entre ellos Agrosevilla, Covap en Los Pedroches o Unica Group, para defender que la concentración empresarial puede convertirse en una herramienta para que los productores tengan mayor capacidad de decisión dentro de la cadena alimentaria.
Es precisamente en este punto donde las cooperativas elevan su reclamación a las administraciones públicas. Martínez-Conradi considera que Deoleo “no es una empresa cualquiera desde la perspectiva económica española” por sus marcas, su presencia internacional y su posición en mercados relevantes como Estados Unidos. A partir de esa consideración, reclama que el Estado valore el “interés nacional” que representa la operación.
En 2024, el Gobierno rechazó la autorización para la adquisición de Talgo por parte del consorcio húngaro Ganz-MaVag alegando razones vinculadas a la seguridad nacional y a la protección de una industria española considerada estratégica. Martínez-Conradi evita equiparar ambos sectores, pero considera que el precedente demuestra que el Ejecutivo puede valorar determinadas operaciones empresariales desde una perspectiva que trascienda el precio ofrecido por el comprador.
La petición de las cooperativas coincide, además, con el posicionamiento expresado por el Gobierno durante las últimas semanas. El Ministerio de Agricultura ha señalado que sigue el proceso de venta de Deoleo porque afecta al sector agroalimentario y ha manifestado su preferencia por que el comprador sea una entidad española y preserve los intereses industriales nacionales y los de los olivicultores.
La Junta de Andalucía también se ha mostrado partidaria de que Deoleo permanezca en manos españolas y, si es posible, andaluzas, debido al carácter estratégico que atribuye a la compañía para el sector oleícola. La reclamación, no obstante, se enfrenta a una cuestión jurídica relevante. El llamado “escudo antiopas” no permite al Gobierno intervenir discrecionalmente en cualquier operación protagonizada por una empresa extranjera.
La normativa sobre inversiones exteriores establece determinados supuestos en los que las adquisiciones pueden quedar sometidas a autorización previa, y el marco presenta particularidades cuando el comprador procede de otro Estado miembro de la Unión Europea. En el caso de Deoleo, expertos citados por Cinco Días han señalado las dudas existentes sobre la aplicación directa de este mecanismo al sector alimentario.
El caso de Talgo constituye, además, una excepción dentro de este sistema. Desde la puesta en marcha del mecanismo de autorización previa se han producido muy pocos vetos y la inmensa mayoría de las operaciones examinadas han sido autorizadas.
La operación, entretanto, continúa abierta. Coricelli mantiene una posición destacada después de poner sobre la mesa una oferta de 500 millones de euros, pero Dcoop sigue aspirando a convencer a los accionistas de Deoleo de que su propuesta tiene un valor estratégico superior al estrictamente económico.
La diferencia entre ambas alternativas resume buena parte del debate. Por un lado, una oferta italiana que ha ganado posiciones por su valoración económica y por las menores dificultades regulatorias que podría encontrar en determinados mercados. Por otro, una alternativa cooperativa española que reivindica la integración entre productores, industria y marcas y que cuenta con el respaldo explícito del cooperativismo agroalimentario andaluz.
El propio Dcoop ha contemplado diferentes fórmulas para superar las posibles dificultades de competencia que podría afrontar su operación, especialmente en Estados Unidos, donde su posición conjunta con el negocio de Deoleo podría generar un mayor escrutinio regulatorio. Entre las alternativas analizadas figura incluso desprenderse de su participación en Pompeian.
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