Rosa Aguilar: “Las leyes y las administraciones van siempre por detrás de la realidad”

Corporación municipal de 1999.

En la semana en que se cumple el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en los ayuntamientos del 3 de abril de 1979, CORDÓPOLIS ofrece una serie diaria de entrevistas con los alcaldes y alcaldesas que ha tenido Córdoba en estas cuatro décadas, a excepción de Andrés Ocaña, fallecido en 2017.

Este jueves era el turno de Rafael Merino (PP), que fue alcalde entre 1995 y 1999, pero no ha querido responder a las preguntas de este periódico. En su lugar, y como sí han hecho el resto de alcaldes y alcaldesas, publicamos la entrevista con Rosa Aguilar, que ostentó el bastón de mando por IU durante una década, de 1999 a 2009.

PREGUNTA: Cuando tomó posesión como alcaldesa, ¿Cuál creyó que era la principal misión que debía cumplir al frente del Ayuntamiento?

RESPUESTA: Cumplir con los compromisos contraídos con la ciudadanía cordobesa. Es decir, desarrollar un modelo de ciudad que situara en el centro de atención al ser humano, que impulsara el desarrollo económico, social y cultural y que mirara a nuestros barrios.

Teníamos un proyecto de ciudad en el que jugaba un papel fundamental la participación ciudadana, en el que era imprescindible todo el tejido asociativo para generar una dinámica donde todo el mundo se sintiera protagonista en el avance, la mejora y el progreso de Córdoba. Nuestra voluntad y objetivo era hacer de Córdoba una ciudad con peso específico en Andalucía, España, Europa y un referente a nivel internacional desde el punto de vista de la Participación, la Cultura, la Historia y la Interculturalidad.

P. ¿Qué fue lo que más le llamó la atención del funcionamiento del Ayuntamiento?

R. Yo ya había tenido con anterioridad responsabilidad de gobierno en el Ayuntamiento, desde 1987 a 1991, y por tanto lo conocía y sabía que teníamos excelentes profesionales. Pero cuando tienes la máxima responsabilidad en una institución, que además es la más cercana a la ciudadanía, no te puedes conformar, hay que actuar para mejorar su funcionamiento, con decisiones desde el diálogo y el acuerdo con los representantes de los empleados públicos. Todo ello con un objetivo claro, que se prestara un mejor servicio a la ciudadanía, descentralizar para ser más cercanos, eficaces y dar respuestas más rápidas. Se trataba de escuchar a la ciudadanía y a quienes cada día prestaban un servicio a los cordobeses y cordobesas y tomar decisiones para avanzar haciendo bien las cosas. En este caso, tengo que dar las gracias a todo el personal del Ayuntamiento, de las empresas públicas e institutos, porque todos contribuyeron a la búsqueda de las soluciones más adecuadas y dieron las respuestas necesarias.

Con todo y eso, en una institución siempre quedan cosas por hacer, porque cada día hay que evolucionar en tiempo real, el hoy es el ayer y el mañana a la vez, y cada día requiere respuestas nuevas. Y es que, las leyes y las administraciones van siempre por detrás de la realidad, que corre a toda velocidad, y las nuevas tecnologías nos lo demuestran cada día.

P. ¿Cuál fue la principal dificultad a la que se enfrentó?

R. Durante los 10 años que fui alcaldesa de Córdoba fueron muchas las dificultades y problemas a los que tuve que hacer frente, si además tenemos en cuenta que teníamos un modelo, un proyecto de ciudad comprometido con la ciudadanía y que estábamos determinados a hacer realidad para que emergiera una Córdoba en la que todas y todos nos reconociéramos, de la que nos sintiéramos orgullosos, una Córdoba con un desarrollo sostenible, de oportunidades, con calidad de vida, una Córdoba social y cultural y una Córdoba por la que se apostara desde el ámbito empresarial para tener más y mejor empleo.

Es normal que hubiera muchas dificultades porque los retos eran muy importantes y el trabajo ingente. Además, he de decir que ante mi llegada a la Alcaldía se generó, y no por casualidad, en la ciudad un clima de tensión y de confrontación. Ante esta situación, decidí, desde el minuto 1, trabajar por el diálogo, el encuentro y la convivencia normalizada desde el respeto, y que se supiera que mi voluntad era inequívoca y que lo demostraría en cada paso, porque yo era alcaldesa de toda Córdoba. Por eso, quiero decirles a las personas que estuvieron a nuestro lado en aquellos momentos que mi agradecimiento es eterno, que son gestos que nunca se olvidan y que siempre los llevas contigo.

P. ¿Cómo fue la relación como alcaldesa con la sociedad durante su mandato?

R. Fue una relación de cercanía plena, sincera, de verdad y de la que siempre formaron parte mis sentimientos, porque para mí, la política sin alma, sin sentimientos, no tiene sentido. Me entregué por completo, las puertas de Alcaldía estaban abiertas de par en par porque las personas estaban en primer lugar. Procuraba estar en todos los sitios, con todo el mundo, porque era una forma de dar las gracias por lo que la ciudadanía hacía por Córdoba, y de compartir un tiempo que nos brindaba la oportunidad de conocernos más y mejor y eso sumaba y multiplicaba en términos de ciudad.

He vivido, disfrutado y sufrido con las cordobesas y los cordobeses y todo ello viene conmigo, habita en mi corazón. Nadie puede imaginar la grandeza del ser humano y lo que las personas cuentan de ellas, de sus problemas, de su vida y de su familia en el despacho de la alcaldesa, a sabiendas de que ahí queda.

P. ¿Qué medida que tomó durante su mandato le produce más orgullo? ¿Y cuál más frustración?

R. Sería injusta si eligiera solo una medida de la que me siento satisfecha, aunque me gustaría destacar las políticas sociales para la igualdad entre las personas, las medidas de lucha contra la violencia de género, de la mano de la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres, y las actuaciones que llevamos a cabo en los barrios que supusieron un gran cambio en la ciudad. De igual modo, me gustaría subrayar el Plan General de Ordenación Urbana y todos y cada uno de los planes que desarrollamos, Renfe, del Río, del Casco Histórico, de Excelencia Turística o Cosmopoética, que ha hecho de Córdoba la ciudad de los poetas del mundo, la apuesta para que los Patios fueran Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, la Noche Blanca del Flamenco… Son tantas medidas las que contribuyeron al cambio de Córdoba, a que nuestra ciudad estuviera en el escaparate del mundo que me quedo con todas ellas, de ahí que vuelva a reiterar mi agradecimiento a todas las personas que trabajaron desde todos los ámbitos para hacerlas posibles y especialmente a quienes formaron parte de los tres gobiernos municipales en mi etapa de alcaldesa por su entrega, su trabajo, su esfuerzo y lo mucho y bueno que aportaron a la ciudad.

En cuanto a la mayor frustración, hay que decir que cuando no puedes llevar a cabo algo con lo que te has comprometido y por lo que has trabajado sin cesar, te frustra y te duele, porque no has podido hacerlo. Posiblemente la mayor frustración es no poder dar, desde el ámbito local, mejor respuesta a las personas que más lo necesitan, que era la prioridad.

Aunque también señalaré dos proyectos que concretan esa sensación que te produce no llevar a buen puerto algo que estás convencido que es bueno para tu ciudad. Por una parte, el Palacio de Congresos, que hubiera hecho de la otra orilla del río, junto al Centro de Creación de Arte Contemporáneo, un referente, un atractivo y hubiera supuesto más oportunidades para la ciudad. Por otra parte, el Parque de Levante, en torno al cual coincidieron todas las causas y circunstancias para no poderlo hacer realidad.

Pero diré que, después de hacer nuestra una propuesta de la Confederación de Empresarios de Córdoba e impulsarla desde el Ayuntamiento, después de que la ciudadanía se ilusionó, participó, dio lo más y lo mejor, después de que hombres y mujeres de la Cultura estuvieran desde el primer momento, lo que más me dolió fue que Córdoba no fuera declarada Ciudad Europea de la Cultura. Aunque yo no era alcaldesa cuando se decidió, sí lo era cuando nació el proyecto y nuestra candidatura, sin duda, era la mejor.Tengo que decir que, cuando escuché el fallo del jurado, y desde el máximo respeto a todas las ciudades, no es que me frustrara, es que me indignó por injusto, me dolió en lo más profundo de mi corazón, de ahí mi reacción, porque sabía lo que significaba para Córdoba.

P. ¿Se arrepiente de alguna decisión que tomó? ¿Cuál?

R. Tener una responsabilidad como la de alcaldesa de mi ciudad exigía cada día tomar muchas decisiones y cuando las tomas lo haces con la voluntad de acertar, de hacer lo mejor. Pero quienes estamos en la política somos seres humanos y, aún sin quererlo, en algunas ocasiones, nos equivocamos. Cuando la ciudadanía, los colectivos, o tú misma ves que los resultados no son los que esperabas, lo mejor es asumir la responsabilidad y rectificar. En algunas ocasiones ocurrió y fue así como actué, buscando nuevas respuestas, otras soluciones que, por cierto, desde el diálogo con quienes les afectaban, se concretaron y llevaron a cabo, en otras no fue posible. De todas formas, si alguna persona, algún colectivo, algún barrio, alguna vez sintió que las decisiones que se adoptaron no fueron las adecuadas, aprovecho este momento para pedir disculpas.

P. ¿Qué diferencias ve entre la política municipal de su época y la actual?

R. Se celebra el 40 aniversario de la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos y hay que reconocer que los ayuntamientos han jugado un papel fundamental, clave en el avance, mejora y progreso de las ciudades y pueblos y en la consolidación de la democracia en nuestro país. En todo ello, a lo largo del tiempo, la participación ciudadana ha sido extraordinaria, donde todas las asociaciones de los

distintos ámbitos y colectivos han sido parte de la columna vertebral en un espacio como el local que es el más cercano a la ciudadana y el ciudadano.

Hoy, que vivimos en un mundo global, hay que reivindicar más que nunca lo local como el mejor espacio para dar respuesta a la deshumanización que ha venido, que ha llegado de la mano de una globalización sin rostro humano, y que afecta a nuestra vida diaria y cotidiana. En ese contexto me preocupa el desapego que la ciudadanía muestra hacia la política y me preocupa más si cabe en lo local, donde la participación ciudadana, en el sentido amplio de todos los sectores y todas las edades, es fundamental para ganar el futuro en nuestra tierra.

En mi época, la participación ciudadana era una realidad, las personas y los colectivos se implicaban, lo que permitió que hiciéramos de Córdoba un referente en España y Europa con iniciativas como los presupuestos participativos o Córdoba como ciudad educadora que fue pionera en la participación de nuestros niños y niñas en los presupuestos con propuestas e iniciativas extraordinarias que con ellos hicimos realidad. Hay que hacer un reconocimiento a todas y todos los que, con su implicación, lo hicieron posible. Córdoba era una ciudad activa, con una dinámica propia, referente para muchos en el ámbito internacional. Por eso me gustaría decirles a los cordobeses y cordobesas, a los jóvenes, a los mayores, a las mujeres y hombres, que todas y todos somos necesarios para construir la Córdoba que queremos y necesitamos. Los latidos del corazón de Córdoba se tienen que escuchar en todos sitios.

P. Un consejo para el camino que emprenda la próxima Corporación municipal a partir de mayo de 2019.

R. Más que un consejo, expresaré un deseo que ojalá se haga realidad. Y es que el diálogo se escriba con mayúsculas, para alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas, poniendo a Córdoba en el centro de atención y a la ciudadanía en primer lugar, para que salgan adelante proyectos que son fundamentales para la ciudad. Córdoba lo merece y lo necesita.

Digo esto con todo el respeto hacia las fuerzas políticas, pero sinceramente creo que la política necesita recuperar el espacio de los acuerdos y, en el ámbito local, en nuestra ciudad hay proyectos muy importantes que necesitan del respaldo de todos, no solo de las fuerzas políticas sino también de todo el tejido asociativo, de todos los ámbitos y campos. Y junto a ello el diálogo, la colaboración y la cooperación institucional para ir a más. Como digo, son deseos que expreso desde el máximo respeto.

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