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Las playas urbanas de Córdoba que nunca se hicieron

Un joven, en el río, se refresca del calor | TONI BLANCO

Carmen Reina

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La pasada semana se conoció la idea que la multinacional Crystal Lagoons ha presentado como proyecto a la Gerencia Municipal de Urbanismo para construir un gran lago a modo de playa urbana en Córdoba. Si nos remontamos a mediados del pasado siglo XX, los archivos dan cuenta de la playa fluvial que la capital cordobesa disfrutó aproximadamente entre 1957 y 1967: la playa del Molino de Martos en el Guadalquivir, donde los cordobeses tenían su particular oasis de arena y agua. Y como si de un bucle en el tiempo se tratara, entre aquella realidad ya lejana y el anuncio ahora de una nueva playa urbana, varias han sido las veces que el sueño de una playa en Córdoba se ha anunciado como proyecto….y nunca hasta ahora se ha hecho realidad.

La hemeroteca da buena cuenta de ello. Cada vez que se anunciaba un proyecto para que la ciudad tuviera una playa urbana, la prensa local se hacía eco y, solo con revisar los últimos años, se puede encontrar un buen puñado de iniciativas que pretendían devolver a Córdoba aquella estampa playera.

En febrero de 2005, la iniciativa vino de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía. Se anunciaba entonces la “idea” de crear playas de interior en las provincias no costeras de la comunidad autónoma. Y Córdoba figuraba en ese proyecto para completar su oferta turística, que deberían llevar a cabo la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Ayuntamiento. Se dijo entonces que solo era “una idea, para desarrollar en futuro años”. Y en eso se quedó.

Un año más tarde, en 2006, la prensa local de entonces se hacía eco de la propuesta del Ayuntamiento para convertir la orilla del Guadalquivir en una playa artificial. Fue una idea del Instituto Municipal de Deportes para recuperar la playa del siglo anterior, aparejada a instalaciones para la práctica de la pesca y el piragüismo. La práctica deportiva sí se desarrolló en el río pero, en el camino, se volvió a quedar la adecuación de la playa.

Una vuelta más en este bucle del tiempo se dio un año más tarde. En mayo de 2007 el Ayuntamiento anunciaba que estaba estudiando montar una playa artificial en el Guadalquivir a la altura de Miraflores. Se dio incluso el dato de un presupuesto que rondaba el 1,5 millones de euros, para el que se había solicitado una subvención de la Junta de Andalucía que costeara una tercera parte, además de solicitar el visto bueno de Confederación. Y se detallaba que la actuación afectaría a 19.000 metros cuadrados entre el meandro del río y el Puente Romano, que contaría con una “playa artificial y desmontable –de abril a octubre-” que recrearía ambientes distintos: “brasileño, caribeño y andaluz”. Además, actividades culturales, juegos infantiles y chiringuitos tendrían cabida en ese arenal playero. El proyecto, acabó siendo solo otra muesca en la hemeroteca.

Dos años después, en 2009, y también en el mes de agosto en el que ahora estamos, nuevos titulares en la prensa daban cuenta de la playa que Córdoba iba a tener. De nuevo la iniciativa partía del Ayuntamiento y trataba de retomar el proyecto anterior. Se dijo, entonces, que se haría lo posible para que en la primavera de 2010 la playa fuera una realidad y se pudiera disfrutar a partir de la Semana Santa de ese año. Se daba incluso ya la fecha de inicio de las obras para acondicionar ese espacio –“entre enero o febrero”- y se volvían a detallar unas instalaciones que contarían con un ambiente “más familiar”, además de con “una piscina fluvial a la que se accederá desde un embarcadero”, otra zona destinada a la juventud con instalaciones deportivas, “un escenario flotante” para actuaciones y un espacio chill out “con velas y suelos de tarima”.

De este anuncio de proyecto dio cuenta incluso la prensa nacional, donde se comparaba el proyecto con las riberas urbanas de varias ciudades europeas y, haciendo un juego con la conocida canción ochentera, se podía leer en un titular: “Vaya, vaya, aquí sí habrá playa”. Pero tampoco la hubo entonces.

¿Y ahora? ¿Se hará realidad esta vez?

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