Pasión cordobesa, sincera y valiente

Pregón de Semana Santa 2018 | TONI BLANCO

Es la palabra. Es la entonación. Es el momento. Pero sobre todo es el significado. En tiempos de discursos muchas veces vacíos, un mensaje certero es grato. Es la palabra y su contenido. Es la sinceridad al pronunciarla, la emoción al escucharla -y antes al ser escrita- y la valentía al cargarla de contenido. De la palabra sabe bien María José Sánchez, pues a ella dedica su vida -profesional- como periodista. Una profesión que defiende día a día, en Canal Sur, y que ensalza sin hacerlo. Se basta únicamente, de nuevo, de la palabra, que es la devoción descrita tras sentirse. Es la fe tras ser vivida y también la reivindicación después de comprometerse. La palabra anuncia la Semana Santa de Córdoba y protagoniza, sobria pero firme, el Pregón de esta hermana de la Paz.

Fue el Teatro Góngora el escenario en esta ocasión de la cita. Un auditorio que contó con más de tres cuartos de entrada en la noche del sábado. Fría y lluviosa era fuera, cálida e intensa era en el interior. Diversas autoridades civiles y eclesiásticas vivieron en primera persona la acertada disertación de María José Sánchez. Acompañaron a la pregonera el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández; el presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Francisco Gómez Sanmiguel; la alcaldesa de la ciudad, Isabel Ambrosio, o la consejera de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar.

Como es habitual, antes de la palabra fue turno de la melodía cofrade. Un año más, y van diez, ésta corrió a cargo de la Banda de Música María Santísima de la Esperanza. La formación interpretó Paz y Esperanza, de Martín Salas; Expirando en tu Rosario, de Antonio Pantión; La Virgen del Buen Fin, de Pablo Martínez -y estrenada hace apenas unas semanas-, y Saeta cordobesa, de Pedro Gámez Laserna. Esto como programa oficial, pues el conjunto quiso celebrar y agradecer su década de presencia en el acto con Córdoba cofradiera, marcha de José Juan Gámez Varo que cumple un cuarto de siglo. Los sones fueron preludio y José Antonio Luque, periodista de Canal Sur Radio, fue el encargado de presentar a la pregonera. “Por fin una mujer”, se congratuló antes de definirla también como “una cofrade y una gran profesional”.

El presentador de ‘Paso a paso’ rogó al auditorio que se preparara para escuchar “el pregón de una cofrade comprometida, con mensaje”. Así lo adelantó la propia María José Sánchez en su entrevista a EL CIRINEO, y así fue. La Cruz Guiona, como es habitual, ya presidía el escenario, en el que además se podían observar una fotografía de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza y otros elementos requeridos por la propia periodista. Tras santiguarse, tomó la palabra. “Paz” fue la más repetida a lo largo de su disertación. No podía ser de otra forma, pues en Ella tiene su principal devoción en la ciudad. “De Capuchinos al Cielo”, enlazó poco después para recordar acto seguido a su padre, Manuel Sánchez Romero, que también fuera profesional de la comunicación.

Su familia estuvo muy presente a lo largo de toda la noche. A su padre, y a su madre, debe sus sentimientos hacia la Virgen de la Paz. Pero también a su hijo, cuando “con sólo tres años” caminó por su propio pie para llegar al Sagrario del Santo Ángel. Muy personal fue el Pregón de la Semana Santa de 2018. Aseguró María José Sánchez que era una oportunidad para mostrarse en mayor profundidad, y ocurrió. La palabra le nació de las entrañas, del corazón, que removió intensamente durante casi una hora. Antes de encarar unos instantes vertiginosos de verso, lanzó ya un mensaje. “Siempre de frente […] vamos a rezar a la Catedral […] vamos a callejear nuestra fe”, exclamó en una firme defensa del primer templo de la diócesis como centro único de los días de Pasión en la ciudad.

Al igual que en reiteradas ocasiones recordó la obligatoriedad de hacer estación de penitencia en la Mezquita Catedral, llamó a vivir la fe con orgullo y sin temores. “No entiendo hacer Semana Santa sin fe”, quiso dejar dicho también. Amor, perdón y de nuevo paz, humildad, respeto, tolerancia… Era la palabra, y su significado. Tampoco rehúso realizar críticas. “Una hermandad es mucho más que un cortejo una vez al año […] disfrutemos del privilegio que tenemos los cofrades de hacer hermandad”, expresó para exaltar la caridad que llevan a cabo las cofradías. Así como la posibilidad que ofrece de unir lazos entre las personas. “Una vara es para representar, no para aparentar”, señaló en este punto.

La pregonera recorrió en varias ocasiones la ciudad a través de su discurso. Lo hizo porque “Córdoba es Pasión […] la planta baja del Cielo”, pero también para reclamar su justo lugar para la Semana Santa. Porque nace y perdura de la religiosidad popular, de las entrañas. Como su mensaje, que apuntó a la plenitud de la celebración y a la necesidad de vivirla, y sentirla, de idéntica forma. “A los que creen y a los que ven sin creer”. “Somos cofrades comprometidos y hacemos ciudad”, concluyó antes de evocar al Domingo de Ramos. Se situó en este instante, como no podía ser de otra forma, en San Lorenzo, donde nacen las ilusiones y donde cobra sentido el valor de lo efímero. Tan pronto Jesús tuvo su Entrada Triunfal en Jerusalén, tan pronto murió en la Cruz. Tan pronto año tras año los días de Pasión se marcharon.

Reivindicación de la mujer

María José Sánchez vehiculó su texto en torno a vivencias personales y familiares. Fue así como quiso confesar que su abuela, sin habla debido a una enfermedad, un buen día le susurró “Jesús Caído, Jesús Caído”. “Estoy segura de que lo vio”, afirmó. Los sentimientos brotaron fácilmente, debido a que el Pregón fue escrito durante otro proceso de enfermedad, el de su madre. Era mujer, como ella y como todas a las que exaltó. “La palabra cofrade no tiene género”, proclamó para solicitar que la mujer, como ella y como su madre, tengan el espacio que merecen en las hermandades. “¿Ha presidido alguna mujer la Agrupación?”, llegó a plantear la tercera voz femenina en la historia de los pregones de la Semana Santa.

Pero no fue ésta la única vez en la que María José Sánchez pidió un camino hacia delante en materia de igualdad. “Mujeres imprescindibles en la Semana Santa, mujeres imprescindibles en la Iglesia”, señaló. Después, tras otro paseo por Córdoba de la mano de sus hermandades, fue más allá y aseguró que “Jesús fue el primero en defender a la mujer”. En este punto rememoró que si Él eligió a doce discípulos, las mujeres también tuvieron un rol relevante en su vida. Sincera y valiente volvía a ser la palabra. Palabra a la que dio forma una periodista que también otorgó la importancia que requieren quienes visten hábito en los cortejos procesionales: “Nazarenos, la luz de la fe en la calle”.

La encargada de anunciar la Semana Santa no olvidó reclamar que Córdoba llene de vida su Madrugada, y “no es para ser más que nadie”. Es para vivir, para no dormir, “la noche santa”. Entonces la voz se tornó quejido, el lamento hecho arte de una saetera que dedicó su flecha a Jesús Nazareno de Montoro. Poco a poco, sin darse cuenta los asistentes, el Pregón tocaba a su final. Iba a llegar tras el último recorrido por la ciudad tras los pasos de Cristo, con la Muerte y Resurrección, con el dolor y la soledad de la Madre, junto a la Virgen, ya sea de las Angustias o de los Dolores, junto al dorado Sepulcro de la Compañía, con el Señor Resucitado.

“Morir en Córdoba es vivir eternamente”, afirmó. “Hazte Calvario de barrio a barrio”, exigió. “Siempre de frente Semana Santa cordobesa, con respeto y libertad”, solicitó. Terminó María José Sánchez y el Teatro Góngora se rindió en una ovación. Era justo, porque era la palabra. Emoción contenida, alma al descubierto, grato atrevimiento, fe y reivindicación. Era la palabra de la pregonera. Era Pasión cordobesa, sincera y valiente.

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