Michael Schenker: es veneno, pero sabe a canela

Concierto de Michael Schenker FOTO: MADERO CUBERO
El guitarrista, acompañado de cuatro germanos heavys, noquea con la pegada de su guitarra al público congregado en la Axerquía

A las veintitrés treinta y tres del viernes doce de julio, salta Michael Schenker al escenario, mostrando su portentoso atributo. Ocho días antes pude escuchar la conversación entre un amigo heavy y otro laico. Habían alcanzado un acuerdo de principios: el alemán es un hombre muy bien dotado. Se calza una Gibson Flying V. Con forma de flecha.

Y comienza el concierto, cantando Michael los primeros versos:

“Ahí está, viene ya,

Tan feliz,

Con sus flechas de amor, para ti…“

No, es broma. El concierto empezó con unos acordes sucios de Schenker para dar paso a un recital de rock aguerrido, duro. Fue conectar la guitarra a la distorsión, y ésta empezó a cantar por sí sola todo lo que sabía. Heavy purista. Como mandan los cánones. Clasicista. Con poses. Michael se cambiaba de guitarra, utilizando una torre de amplificadores Marshall como biombo, como una folclórica se cambia de vestido de faralaes. Y el público lo sabe apreciar.

El alemán hace mucho tiempo ya que se apartó de los escorpiones, pero se llevó algo de veneno dentro. Los scorpions se quedaron balando. Y Schenker emprendió una carrera en solitario, a lo suyo, el heavy.

Desde el ambigú, y con una temperatura escandalosamente agradable, se podía ver una marea de camisetas negras en torno al escenario, y las cabezas, que ya empiezan a clarear, de la vieja resistencia heavy cordobesa de los ochenta. Postrados ante los alemanes, como Rajoy frente a Merkel. Convenciendo a creyentes y no creyentes, todos con el puño en alto y enseñando los cuernos.

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