A la luz de las sensaciones

Hermandad de la Sangre | TONI BLANCO

Como punto de partida, el silencio. Pero también el sonido procesional. De entrada, el sobrecogimiento. Pero también el aplauso. En el inicio, de una forma u otra, restallan las emociones. Sentimientos a flor de piel que manan después en el nudo y continúan hasta el mismísimo desenlace. Es lo que tiene la Semana Santa de Córdoba, capaz de punzar el corazón de los cofrades -y de los que no lo son y vienen de fuera- de muy diversas maneras. Precisamente esto, como ocurriera un día antes aunque en menor medida, es lo que sucediera en un Martes Santo radiante. En este caso ni siquiera el viento se comporta de manera que requiriera comentario. El hecho es que al calor del buen tiempo y de la compañía de miles de personas, las hermandades cierran hasta el año venidero a sabiendas de haber caminado a la luz de las sensaciones.

A la luz de las sensaciones se movió también la multitud que desde primera hora de la tarde siguió las procesiones a lo largo de Córdoba. Y fueron todas, o casi, diferentes. No suponía lo mismo asistir a la salida de la hermandad Universitaria que a la de la Santa Faz, por ejemplo. La primera se encargó de abrir la jornada desde la Basílica del Juramento de San Rafael, ante cuyas puertas el gentío era ligeramente menor que en otros puntos de salidas. La corporación abandonó su templo con el sello único de un cortejo de aspecto lóbrego y un Crucificado único. El Santo Cristo de la Universidad impresionó una vez más debido a las muestras, sin ocultamiento, de su martirio. Con recogimiento, en esta ocasión sí, realizó su salida Nuestra Señora de la Presentación.

Marcaba el reloj las 17:15, hora a la que el Martes Santo arrancaba de forma distinta en la parroquia de San Andrés. En el corazón del Realejo era mayor el ambiente, más que nada porque no asistían los presentes al comienzo de una estación de silencio. A la reluciente luz de un sol de justicia, las sensaciones las definían las marchas y las primeras chicotás del misterio de Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso. La comitiva que le precedió se encaminó hacia Muñices, pues esta vez tocaba recorrer la plaza de la Magdalena y no la de La Corredera. En este rincón obsequiaron las dos cuadrillas de costaleros, también la de Nuestra Señora de la Caridad, sendas geniales por más que sencillas revirás.

Sólo un cuarto de hora después, fue la hermandad de la Sangre la que comenzó su trayecto hasta la Mezquita Catedral. Lo hizo en una plaza de Capuchinos abarrotada, en la que se repitió la estampa de Nuestro Padre Jesús de la Sangre ante el Cristo de los Desagravios y Misericordia, o de los Faroles. El misterio anduvo con la seriedad y sobriedad que le caracteriza, igual que con viveza marchó Nuestra Señora Reina de los Ángeles. La mano consoladora de San Juan continuaba a su espalda, también en el momento en que el palio, como el primer paso, miró al convento del Císter. De tal forma es incluso cómo aún se reconoce a la cofradía.

Y a las 17:50 la Puerta de las Palmas de la Mezquita Catedral se abría para la salida de la hermandad cuyo recorrido era más extenso en esta ocasión. Fue la de la Agonía, que estuvo acompañada antes de iniciar su estación por el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla. El dirigente estuvo junto a otras cofradías y sólo cabe preguntarse si su apoyo a la Semana Santa de Córdoba se habría dado igualmente sin una campaña electoral de por medio. La luz de las sensaciones en este caso fue la del Santísimo Cristo de la Agonía y la de Nuestra Señora de la Salud, así como la del cortejo que les precedió. La hermandad arrancó su largo camino hasta El Naranjo, que completó con la alegría que le es propia. Sólo una incidencia de carácter sanitario provocó que viviera un leve retraso antes de alcanzar Capitulares. En menos de una hora el Martes Santo era casi pleno.

Fue a las 18:35 cuando la bulla cobró forma definitivamente para sumar otra sensación al día. Ocurrió en torno al Santuario de María Auxiliadora, donde cientos de personas se congregaron para contemplar la siempre vistosa salida de Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento y Nuestra Señora de la Piedad. El recogimiento dio paso en este instante a la, en cierto modo, festividad. Multitudinario también fue el inicio de la procesión de la Santa Faz. Nuestro Padre Jesús Nazareno impuso de otra manera, con una salida brillante por compleja y bien ejecutada en San Juan y Todos los Santos (La Trinidad). Más difícil resultó la maniobra, al milímetro, de la cuadrilla de Nuestra Señora de la Trinidad. Una ovación rompió cuando el palio ya dejó atrás la puerta del templo. Después, las horas correrían hasta la madrugada del miércoles.

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