La felicidad no entiende de grados

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La asociación Prode lleva más de 30 años asistiendo a la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad o en situación de dependencia

Prode, la asociación para la Promoción de las Personas con Discapacidad, ha conseguido convertirse en un referente social en la ciudad. Con sede en Pozoblanco, Prode se encarga de dar la “oportunidad de ser felices” a todas aquellas personas que cuentan con algún grado de discapacidad o que se encuentran en situación de dependencia.

Prode nace en 1984 por iniciativa de las familias de personas con discapacidad intelectual de los Pedroches. Pero no sólo atienden a este colectivo. Posteriormente, la asociación fue ampliando el tipo de personas atendidas conforme a las necesidades de la zona. Cuenta Jesús García, responsable de comunicación y marketing de Prode, que “en 2004, con el I Plan Estratégico, se incrementó el alcance de los apoyos a las personas con cualquier tipo de discapacidad y con el II Plan, en 2008, se amplió a las personas en situación de dependencia. Y en el III Plan Estratégico, que va de 2012 a este año, al recoger la misión trabajar por una sociedad más justa y solidaria, se ha abierto la magnitud a la cooperación internacional”.

Su campo de actuación no está restringido a un tipo de discapacidad sino que, en palabras de García, “Prode presta apoyos de manera integral en todos los ámbitos de la vida: salud, educación, empleo, ocio, alojamiento, manutención, defensa de derechos, etc. Todas las personas, con y sin discapacidad, deben tener la oportunidad de ser felices”.

Hace unas semanas, la Diputación de Córdoba, tras una reunión con el presidente de Prode, hizo pública la disposición de la institución por seguir colaboración con la asociación, “ayuda que se destinará a proyectos de generación de empleo”, en palabras de Blas García. Y es que esta ayuda se ha convertido en una de las herramientas de Prode para mejorar la calidad vida de todas personas que recurren a esta asociación.

Jesús García explica que “la ayuda recibida en los dos últimos años ha ido orientada al servicio de atención temprana que se presta a los pueblos del norte de la provincia”. En concreto, de 2009 a 2014, la asociación recibió un total de 43.000 euros, aunque durante los años 2012 y 2013, PRODE no ha contado con la ayuda de la Diputación. En 2015, la subvención concedida por la institución asciende a 20.000 euros y va dirigida a un programa de intervención temprana y al apoyo educativo a menores con diversidad funcional.

Pero la actividad de Prode no termina con la mejora de la calidad de vida de este colectivo. Tras esto, la asociación se sumerge en la búsqueda de empleo para estas personas. Con ese objetivo, en 2012 constituyeron seis nuevos centros especiales de empleo (Muser, Serex, la tienda online Yosíquesé, Mallas, Mader y Egaru Hoteles). García explica que, de los puestos de trabajo de Prode, “208 son para personas con discapacidad”. En 2015, Prode creó 42 puestos, de los cuales, el 82% ha sido para personas con discapacidad. “Éste es el mejor indicador para saber si se están alcanzando los objetivos”, apunta.

Según el Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de trabajo de 2014, la tasa de actividad en la sociedad está en el 48%, mientras que en las personas con discapacidad está en el 36%. Concretamente en Córdoba, la tasa media de paro oscila en torno al 40%. Además, los salarios de este colectivo son un 10% inferiores al resto de los trabajadores. Esta situación lleva a afirmar a García que “los poderes públicos no están siendo responsables a la hora de cumplir las leyes orientadas a la inclusión laboral de personas con discapacidad”. “La mayoría de las empresas de más de 50 trabajadores no cumplen con la cuota de reserva del 2% mediante contratación directa y no se les obliga a cumplir la ley”, continúa.

Prode lucha día a día para que desaparezcan las brechas existentes entres unas personas y otras. Aquéllas que vienen delimitadas por grados. Normaliza la diversidad para conseguir una sociedad más libre e igualitaria. Valora la capacidad por encima de la discapacidad. Porque la felicidad no entiende de exclusión.

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