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Domingo de Victoria y Gracia

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José Prieto

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Fue una jornada dominical de Victoria y Gracia. De Gracia y Victoria, en el orden que se quiera, pues estas dos imágenes fueron protagonistas. Porque abrió el día el Santísimo Cristo de Gracia en los Trinitarios con su traslado al convento de la Encarnación y lo cerró María Santísima de la Victoria, titular gloriosa de la hermandad de la Entrada Triunfal, conocida popularmente como la Borriquita, con una procesión que la llevó por diversas calles de su feligresía por segundo año consecutivo después de varios sin salir a la calle.

La imagen prescindió esta vez de la ráfaga que llevó en 2017 e iba vestida con saya blanca y manto rojo brocado en oro. El Niño Jesús que se le incorporó cuando pasó a ser imagen de Gloria a principios de los años 90 -antes salía bajo palio como Dolorosa tras Nuestro Padre Jesús de los Reyes- “jugaba” con un rosario en sus manos, mientras que la Virgen también portaba este elemento en las suyas. El paso se iluminaba con cuatro candelabros arbóreos de orfebrería dorados cedidos por una hermandad de Villa del Río, así como por varios cirios en parte de la candelería de la Virgen de la Palma, titular también de la Borriquita. El exorno floral era variado y colorido y se componía, entre otros, de lisianto rosa y morado, margaritas blancas y nardos que iban en varias jarras y centros pequeños en el friso del paso, que era el de Nuestra Señora de la Palma pero sin palio.

Así esperaba la Virgen de la Victoria el momento de la salida a la calle tras la Función Principal que se celebró a las seis en San Lorenzo y con la que culminó el triduo de los días previos. Todo estaba previsto para las siete de la tarde y, en efecto, a esa hora comenzaba a salir el cortejo en el que iban representaciones de diversas hermandades como el Rescatado, el Amor, Jesús Nazareno, Prendimiento, Calvario y Villaviciosa, así como la Asociación de María Auxiliadora y el Redil de la Divina Pastora. Tras estas iban hermanos con cirio pero unos y otros tuvieron que esperar más de media hora para poder avanzar por el recorrido. El motivo: no había Policía Local y el tráfico rodado no estaba cortado.

Hasta las siete y veinte no llegó a San Lorenzo un agente de la Policía Local que, no obstante, era insuficiente pues debía esperar a dos patrullas, según indicó a los hermanos de la Entrada Triunfal, que mantenían la procesión parada delante del pórtico de la parroquia. Cinco minutos después llegaban más agentes y salió la Virgen, pero de nuevo tuvo que esperar en la puerta varios minutos hasta que llegó más policía y, por fin, cortaron el paso de vehículos.

Con todo ya normalizado el cortejo avanzó hacia Arroyo de San Rafael mientras la banda María Inmaculada de Linares (Jaén) interpretaba para la imagen letífica Pasa la Virgen de la Victoria, de Pablo Ojeda. Sonaba en la plaza de San Lorenzo después La Estrella Sublime y, a continuación, Señorita de Triana como primeras marchas de la tarde en la que se congregaron decenas de personas para ver a la sagrada imagen, que en su recorrido pasó por la plaza del Poeta Juan Bernier, San Agustín o Montero y saludó a Jesús Nazareno, en cuya capilla entró el paso al completo.

Fue la entrada de la Virgen de la Victoria en torno a las diez y cuarto, sin pasar este año por el santuario de María Auxiliadora por un cambio de recorrido a última hora que la llevó por Jesús del Calvario, el final de una jornada que había comenzado también de noche, antes de amanecer, cuando a las siete de la mañana el Santísimo Cristo de Gracia abandonaba los Trinitarios para ser llevado por sus hermanos de manera muy rápida y casi íntima, como deseó su cofradía, al monasterio de la Encarnación. Fueron precediéndolo varias parejas de cirios tras la cruz parroquial y en torno a Él no faltaron muchos hermanos, entre los que había costaleros y miembros de su agrupación musical.

El Divino Esparraguero llegaba a la Encarnación en torno a las ocho y cuarto, con las primeras luces del día y allí las religiosas cistercienses lo recibieron cantando y rezando a la imagen, que fue puesta en el altar de la pequeña capilla del convento para presidir la Eucaristía. El Crucificado pasará en este lugar varios días en la intimidad de la vida monástica hasta que sea llevado a la Mezquita Catedral para presidir su paso y volver a su sede canónica el próximo sábado en procesión extraordinaria por los 400 años de su llegada a Córdoba.

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