Diario del Confinamiento | Bestseller

Una librería.

Lo confieso. No he leído Crónica de una muerte anunciada, sí he leído lo del amor en tiempos del cólera y las putas tristes y la crónica de un secuestro y los ojos de tigre azul y su final fantástico y la hojarasca.

He leído la ciudad y sus perros y también me he preguntado por el destino de mi país charlando bajito en una catedral. Era una pregunta sin respuesta.

He leído el Quijote pero no As Lusiadas y me gusta mucho Portugal y confundí a veces a Pessoa con Machado cuando se cambiaban de nombre. He leído obligado el Ulysses y no he podido con En busca del tiempo perdido. He leído novelas inglesas del XIX y pocas rusas, El idiota y poco más.

He leído Moby Dick porque quise leer algo de teología –que es una rama menor de la ciencia ficción, que decía Borges- y así llegué a leer a Asimov.

Por ejemplo, no he leído los diarios de Azaña ni los discursos de Churchill, pero sí el Diario de Juan Bernier, y tengo una antología de Cernuda y la leo y se me saltan las lágrimas. Y me duele más que a Unamuno le dolía España.

Y Lorca… que parece ese tito soltero con el que voy a charlar por la tarde y me va a dar un beso de despedida antes de coger la bici y decirle "nos vemos pronto, tito Fede, vuelvo después del examen. Todo va a salir bien".

Ha muerto un hombre. Carlos Ruiz Zafón, el escritor de La sombra del viento. Un libro que vendió 15 millones de ejemplares. Si no leídos, regalados, porque los libros también intervienen en las Navidades, los cumpleaños y los amigos invisibles.

Yo tengo un ejemplar. Me lo regaló la tía Tere porque alguien le dijo que yo suelo leer. Ahora debería leerlo.

O no.

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