Unas 1.500 personas piden en Aguilar que se siga buscando a Ángeles Zurera

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Una manifestación recorre las calles del municipio cuando se cumplen cinco años de la desaparición de esta joven sin que aún se sepa qué pasó con ella

Más de 1.500 personas han recorrido las calles de Aguilar de la Frontera para pedir que se siga buscando a Ángeles Zurera, desaparecida hace ahora justo cinco años en su casa de este municipio de la Campiña Sur. La manifestación ha estado encabezada por el alcalde, Francisco Paniagua, y el hermano de Ángeles Zurera, además del diputado Antonio Hurtado, que es aguilarense. La marcha ha salido de la plaza Ochavada y ha recorrido las calles principales del municipio.

Ángeles Zurera Cañadillas desapareció hace cinco años de su casa, de madrugada, mientras uno de sus hijos dormía y el otro jugaba a la videoconsola. Alguien llamó a la puerta, la mujer abrió y nunca más se supo. Sus hijos no la echaron de menos en todo el día. Al día siguiente, cuando no llegó a trabajar fueron sus compañeras las que denunciaron su desaparición. La Guardia Civil siempre apuntó a su ex marido, del que se separó años antes de desaparecer y con el que compartía dos hijos. Los agentes llegaron a detener al hombre, pero por un delito de malos tratos previo a la desaparición de la mujer. Desde entonces, los investigadores nunca pudieron imputarle nada más.

La Guardia Civil no ha parado de buscar a Ángeles Zurera desde hace cinco años. Su hermano, Antonio Zurera, ha cifrado en 14 los dispositivos especiales que recuerda. Se han levantado fincas de olivos y vides, se ha buceado en una laguna, se han abierto zanjas en carreteras y hasta se ha usado el georradar. Nunca se halló nada, ni una sola pista. La última gran búsqueda ocurrió en noviembre de 2011, cuando la Guardia Civil levantó, literalmente, el suelo de una nave industrial de Aguilar de la Frontera. Los agentes sospechaban que en sus cimientos podía estar enterrada la mujer, a la que su familia ya no espera encontrar con vida.

Los agentes califican la desaparición de Zurera como forzada. Desde los primeros días, trabajan con la hipótesis de que algo le pasó a la mujer. Ángeles Zurera salió a la calle sin dinero, sin documentación, sin sus gafas ni lentillas (tenía grandes problemas de visión), sin más ropa de la que llevaba puesta y sin dejar rastro alguno. Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Y así, con la angustia del silencio para una familia que apenas vive desde su marcha su caso volverá a ser archivado.

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