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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Aceites y aceites

Aceites cométicos y productos de aceite de oliva

Ana Fernández

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Cómo estará la cosa, con memes que sitúan nuestra garrafa de aceite de oliva en el lujo millonario, que la mente me pide terapias relajantes con aceites de belleza de Nuxe, Rituals o Caudalíe para evadirme en el autocuidado, ese mimo onanista de la psique.

Tampoco es que haga falta una relajación a la romana, a base de termas, aceites y estrígil, pero al inicio de curso conviene respirar hondo y organizar el tiempo para un@ mism@, que debe incluir nuestro ratito de hidratación, masaje, exfoliación, etcétera, a base de una extensa familia de aceites secos para la piel y el cabello (de argán, caléndula, aguacate, camelia, oliva…).  

De los aceites cosméticos, incluido el aceite de oliva virgen extra (AVOE), puedo compartir una lista con las siguientes referencias: la cacereña La Chinata, la montillana Arahí, la india The Ayurveda Experience, con página para España, las británicas The Body Shop, Aromatherapy Associates y Elemis London, la francesa L´Occitane, más la selección de Sephora (hasta el 10 de septiembre con descuentos de ventas privadas) y la amplísima oferta de Primor (también con promociones).

Con algún producto de estos -que ya tenía- estoy haciendo mis tareas de relax y autocuidado. Por ahora voy bien. Aunque la fijación crítica con determinados aspectos de la realidad continúa. Y claro, el aceite de nuestras cocinas no se me va de la cabeza.

Pienso que es el momento asegurar y enraizar el consumo de AVOE entre las familias con menos recursos, porque este oro líquido de la dieta mediterránea tiene que seguir cuidando la salud y el patrimonio gastronómico de toda la ciudadanía. Y también de la exigencia de l@s consumidor@s, que siempre deberíamos elegir, o poder elegir, la excelencia, el compromiso ambiental y principios de comercio justo a la hora de adquirir nuestras botellas de aceite de oliva. Porque hay aceites y aceites. Incluso aceites horribles (cual garrafón de freidora) que no sabemos cómo llegaron a determinados establecimientos de hostelería en los que sienta mal esa típica ración de fritos (esto lo escribo desde la experiencia familiar; a lo mejor solo nos ocurre a nosotros, aunque me extraña que así sea).

Volviendo al sector, no sé si existe un directorio que englobe la producción local de AVOE, de producción ecológica, de nuestras denominaciones de origen, pero, con independencia de esto, la carestía del aceite de oliva me lanza el reto de ir a buscar tesoros de nuestras almazaras y de no malgastar una gota.  

Por cierto, que para que nos cunda el aceite han inventado estos espráis ideales para cocinar a la plancha y ensaladas. Tienen su utilidad. Sin embargo, si se trata de conformarse con dosis homeopáticas de todo lo bueno, me niego.

 

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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