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Sobre este blog

Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.

Viajando con Borrow por la España del XIX

George Borrow, por Henry Wyndham Phillips

Eduardo Moyano

14 de agosto de 2026 19:48 h

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Suelo buscar algún libro de historia como antídoto a la tensión que nos produce la inmediatez de las noticias sobre la actualidad, amplificadas la televisión o por las pantallas de nuestros smartphones. Es un buen ejercicio leer historia, pues nos ayuda a dimensionar en su justa medida los hechos de hoy comparándolos con los que tuvieron lugar en el pasado.

Con ese propósito busqué en mi biblioteca algún libro que me resultara sugerente, y me encontré por sorpresa con el de George Borrow La Biblia en España, que no recordaba tenerlo en la estantería, cosa que me suele ocurrir.

Es un libro desconcertante y equívoco, pues no trata de asuntos bíblicos ni nada parecido, como podría esperarse de su título, sino de cómo un viajero británico observa la sociedad española de mediados del s. XIX. En este sentido, su lectura me ha resultado balsámica por cuanto supone un viaje hacia atrás en el tiempo por nuestro país, en una época de fuertes convulsiones políticas y de violentas guerras civiles (en este caso, la primera guerra carlista).

El libro de Borrow se publicó en inglés en 1842 con el título The Bible in Spain, pero tuvo que esperar casi ochenta años para editarse en castellano, y eso que trataba del viaje que hizo entre 1836 y 1840 el escritor británico por nuestro país. La editorial Imprenta Clásica Española lo publicó, en efecto, en 1921, con una excelente traducción de Manuel Azaña (quien fuera más tarde presidente de la II República) y con una amplia nota preliminar del propio traductor sobre Borrow y el significado de su libro.

Aunque desde esa fecha se han publicado varias ediciones en castellano (en 1969 por Edit. Cid, y en 1970 por Alianza Edit.), la que he leído, y aquí reseño, es la editada en 2011 por la fundación andaluza CENTRA, que mantiene sin cambios la traducción de Azaña. Es una edición ilustrada con una preciosa cubierta del Equipo Renacimiento a partir del cuadro El puente sobre el río Darro en Granada de W. Gauci; esta edición incluye, además, un excelente ensayo introductorio a cargo del profesor de literatura A. González Troyano.

Sobre el autor

Borrow nació en 1803 en East Dereham (condado inglés de Norfolk), y era de padre militar (curtido en las guerras napoleónicas) y madre de origen francés y religión hugonote (luterana). Tuvo desde muy joven un espíritu nómada y viajero, influido por los frecuentes cambios de la residencia familiar en razón del oficio castrense de su padre.

Como tantos otros jóvenes ingleses de su tiempo, se sintió atraído por los libros de viaje y aventuras como Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1725), o las Peregrinaciones de Childe Harold, de Lord Byron (1812). Todo ello le llevó a interesarse por otras lenguas, países y culturas, además de sentir una extrema curiosidad por el mundo de los gitanos a través de su amigo Ambrosio Smith. Esa curiosidad le llevó a dominar el idioma caló y a publicar en 1841 el libro The Zincali sobre la etnia romaní, también traducido al castellano por Manuel Azaña.

Gracias al extraordinario dominio de otros idiomas, la British and Foreign Bible Society (una entidad privada cuya misión era promover la edición y difusión de la Biblia, en especial de los Evangelios) le dio al joven Borrow la ocasión de hacer realidad su sueño de viajar por el mundo. Dicha entidad británica centraba sus actividades misioneras en países donde estaba prohibido editar “sin anotaciones” las Sagradas Escrituras. Era éste un recurso que utilizaba la Iglesia católica para controlar, mediante notas al margen, lo que leían sus feligreses, a diferencia de los luteranos, que apostaban por una lectura libre y sin notas de la Biblia sin que los clérigos pudieran ejercer ningún tipo de censura e interferencia en los lectores. La misión de la Bible Society era, por tanto, provocadora, en la medida que atentaba contra el orden establecido en los países adonde iba.

Después de enviar a Borrow a la Rusia zarista con ese propósito, a su regreso le encomendaron la tarea de difundir la Biblia en España (territorio “papista” por excelencia), dado su buen dominio del castellano y su interés por nuestro país.

Borrow y su atracción por España

En el prólogo de su libro dice Borrow que “España ocupó siempre un lugar considerable en mis ensueños infantiles, y las cosas españolas me interesaban de modo especial…” Señala, además, que ello le indujo “en edad temprana a aprender su noble idioma y a conocer su literatura, su historia y tradiciones”, de modo que al entrar por primera vez en España se sintió como en su casa.

Llegó a Lisboa en noviembre de 1835 y entró en nuestro país por Badajoz el 5 de enero de 1836. Cuando llega Borrow a España, el gobierno lo presidía el liberal Mendizábal, y la primera guerra carlista estaba en pleno apogeo, tal como relata en las primeras páginas de su libro. Entre 1836 y 1840 viajó a nuestro país en varias ocasiones, todas ellas con la misión de editar y divulgar el Nuevo Testamento en castellano. En carros o a lomos de caballerías, y por caminos intransitables infestados de partidas de bandoleros, recorrió diversas ciudades españolas de sur a norte, con exclusión de las provincias vascas y las del este peninsular, dominadas entonces por los grupos carlistas.

Finalmente, y antes de regresar definitivamente a Inglaterra en 1840, también viajó a Tánger con el mismo propósito de divulgar allí los Evangelios, dada la presencia en esa ciudad de una importante colonia de habla española.

Mucho más que un libro de viajes

Durante los cinco años que viajó por España, Borrow escribió un diario y envió informes periódicos a la sociedad bíblica inglesa que financiaba sus viajes. De esos materiales se nutrió para escribir (ya casado con Mrs. Clark y retirado en su casa de Oulton) el libro La Biblia en España, publicado, como he señalado, en 1842, y que alcanzó gran éxito de lectores, con miles de ejemplares vendidos en Inglaterra y Estados Unidos y con traducciones a varios idiomas. Como también he comentado, la primera versión de su libro en castellano sólo vio la luz en 1921, editada por Imprenta Clásica Española y traducida por Manuel Azaña.

El texto de George Borrow es mucho más que un libro de viajes de los muchos que, con una perspectiva romántica y costumbrista, proliferaron en el siglo XIX, como el de su amigo y célebre hispanista Richard Ford, A Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home (publicado en 1844).

El libro de Borrow es, además, un tratado de antropología sobre las clases populares españolas (artesanos, comerciantes, arrieros, milicianos, bandoleros, gitanos, mendigos, posaderos, pequeños campesinos…), que son las que realmente le interesaban. La aristocracia, en cambio, carecía de interés para Borrow, pues, con cierto aire de superioridad, consideraba que, a diferencia de la inglesa, la española era retrógrada y poco merecedora de ser escuchada. No obstante, y bien a su pesar, tuvo que lidiar con ella en su propósito de editar la versión de la Biblia en castellano, dadas las altas esferas políticas que ocupaban tanto los aristócratas españoles, como los burgueses ennoblecidos con títulos de abolengo.

El libro de Borrow es también un tratado de sociología por cuanto incluye conversaciones que son como entrevistas centradas en la actualidad social y política de aquella época. En ellas, analiza de un modo amplio la sociedad española de entonces sin privarse de hacer comentarios agudos y mordaces, entre la admiración y el desprecio, sobre las poblaciones de las ciudades que va visitando.

Sus entrevistas con presidentes de gobierno como Mendizábal, Istúriz u Ofalia, o con ministros como Alcalá Galiano o el Duque de Rivas, ilustran bien el momento de fragilidad política del país en plena guerra contra los carlistas y con un bando liberal dividido entre “progresistas” y “moderados”. Impresiona, por ejemplo, la viva descripción que hace Borrow del conocido como “Motín de La Granja” (agosto de 1836) y la posterior represión que tuvo lugar en la Puerta del Sol de Madrid, sucesos de los que fue testigo directo junto a un periodista inglés del Morning Chronicle.

Borrow, un maestro del paisaje

Además de su interés por la realidad social y política española y por las condiciones de vida de las clases populares, Borrow muestra una sensibilidad extraordinaria para la descripción de los paisajes por los que transcurre su viaje, alcanzando cotas de gran brillantez literaria que Azaña fue capaz de plasmar en su excelente traducción.

Por ejemplo, es magnífica la descripción que hace de su primer viaje por Andalucía, desde Cádiz a Madrid pasando por Sevilla y Córdoba hasta cruzar Despeñaperros. También lo es la que describe su larga estancia en Sevilla, lo que explica el interés de la Fundación CENTRA en la reedición del libro de Borrow en 2011, más de siglo y medio después de su primera publicación en inglés.

Similar grado de brillantez puede verse en sus descripciones del viaje por tierras de Castilla la Vieja o de su entrada en Galicia por la Maragatería leonesa, así como del que hizo por tierras gallegas, astures y cántabras o por los pueblos y ciudades manchegas. Y todo ello con una potencia visual que, si no fuera por la época en que se escribieron, parecerían grabadas por una cámara fotográfica.

Más que una misión religiosa

El objetivo inicial de Borrow de editar y difundir en España los Evangelios “sin anotaciones” tropezó con dificultades que, sin embargo, fue superando a base de un tesón y un esfuerzo sin límite y de una excepcional habilidad y capacidad de persuasión para relacionarse con gentes de diferentes creencias e ideologías. Para ello contó con la valiosa compañía de un criado griego de nombre Antonio Bucchini, que le acompañó en gran parte de su viaje.

También fue importante para el éxito de su misión el apoyo que recibió de la propia embajada británica, así como el trato deferente que le daban a Borrow (don Jorge) en muchos pueblos sólo por su mera condición de inglés. Según narra en su libro, numerosos españoles se mostraban agradecidos por la ayuda recibida de los británicos en la guerra contra la invasión de los ejércitos de Napoleón veinticinco años antes, y que aún permanecía en el recuerdo.

No obstante, poco a poco, Borrow se fue interesando por otros asuntos más generales, que iban más allá de su misión bíblica y que iría reflejando en su diario e informes. Los amplios temas tratados en su libro hacen que el título sea equívoco, por cuanto no es de la Biblia y su difusión de lo que sólo trata, sino de la España que encontró a mediados del s. XIX y que acabó haciendo suya en su corazón de viajero apasionado.

Como el propio Borrow señala en el prólogo de su libro, el lector se encontrará “bastantes cosas muy poco relacionadas con la religión o con la propaganda religiosa, pero no tengo por qué excusarme…” Comenta que, desde el principio hasta el fin, fue, “digámoslo así, a la deriva por España, tierra de antiguo renombre, tierra de maravillas y de misterios, en condiciones tales para conocer sus extraños secretos y peculiaridades como quizá a ningún otro individuo le hayan sido nunca dadas y ciertamente a ningún extranjero…”

Y añade que “si en muchos casos presento escenas y caracteres tal vez sin precedentes en una obra de esta índole, sólo haré observar que, durante mi estancia en España, me vi tan inevitablemente mezclado con ellos, que hubiera sido difícil referir con fidelidad mis andanzas sin dar de tales cosas una referencia tan puntual como la que aquí he puesto”.

Un viaje hercúleo y quijotesco

En todo caso, la misión de Borrow es digna de admiración por su magnitud y por las duras condiciones en que tuvo lugar; también sorprende a un lector de hoy por la ingenuidad y candidez de su propósito de redimir al pueblo español con la palabra del Evangelio.

Sin duda que el análisis realizado por Borrow sobre España no tiene el rigor ni la objetividad que tendría el de un historiador, por lo que hay que valorarlo por lo que es, impresiones de un artista (en su caso, escritor) que, a través de la palabra y de su personal sensibilidad, interpreta a su modo la realidad que ve en su viaje por tierras ibéricas.

En cuanto al estilo, el libro de Borrow tiene cierta similitud con los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, en la medida en que da voz a las clases populares reflexionando a través de ellas sobre la situación social y política de la España de mediados del s. XIX. La diferencia entre ambos libros es que en el de Borrow no hay un propósito de ficción como en el galdosiano, sino que todo lo que se cuenta en él es lo vivido por el autor y registrado en su diario e informes a la British and Foreign Bible Society.

No obstante, y como ocurre con todo testimonio autobiográfico, los textos siempre pasan por el filtro de la interpretación de quien los narra. En el caso de Borrow, el testimonio de su viaje por España para por el filtro de su pasión y confianza sin límite en las virtudes y capacidades del pueblo español, un pueblo, como se lamenta Borrow, mal gobernado por sus élites dirigentes (¡oh, Dios, qué buen vasallo si oviesse buen señor! podría añadirse recordando un verso del clásico Cantar de Mío Cid).

Como bien señala un agnóstico como Azaña, el viaje de Borrow tiene algo de quijotesco en la medida en que es “un apóstol que propaga la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz y sin romper el decoro”. Es, añade Azaña, “un caballero andante que se compadece de la miseria, y a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote, pero sin burlas, sin yangüeses (arrieros), en una España que creyese en él y le tomase en serio”. Para Azaña, el viajero Borrow lucha “a brazo partido” con una realidad que poco a poco va comprendiendo hasta poner “en pie una España rebosante de vida”.

Tras la lectura del libro de Borrow, regreso a la compleja situación política actual. Y lo hago con la distancia que nos proporciona la historia, situando los hechos actuales en perspectiva y valorando con serenidad sus posibles causas y sus innegables consecuencias.

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Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.

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