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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

La vida sigue igual

Julio Iglesias.

Alfonso Alba

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La vida sigue igual es la canción que hizo famoso a Julio Iglesias y por la que ganó el festival de Benidorm. A finales de los sesenta sonó muchísimo y se hizo muy popular en Cuba, por ejemplo, en un canto que a mí siempre me ha recordado al Gatopardo, la novela de Lampedussa en la que todo cambia para que todo siga igual. O algo así.

Este miércoles y jueves estuvimos en Madrid, recogiendo el premio Clabe a mejor medio local de España (muchas gracias y menudo honor). El acto fue el miércoles por la noche en el Caixaforum, a un paso del Congreso de los Diputados, donde se celebraba el Pleno de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Lejos de lo que vemos en redes y en la tele, Madrid no era una ciudad en guerra, sino la ciudad que siempre ha sido: un monstruo gigantesco que te come, un caos de tráfico, un sitio caro para prácticamente todo en la que hay que pagar para cualquier cosa, un lugar donde la gente va muy rápido y se ve que vive deprisa. Pero en cierta medida un sitio seguro.

Tras dar un rodeo porque no se podía atravesar la Carrera de San Jerónimo y la Policía tenía cortados algunos accesos del Paseo del Prado, llegamos al Caixafórum donde no alcanzaba eco alguno de lo que ocurría dentro o fuera del Congreso. En la ciudad, todo el mundo tenía una opinión, pero en esencia su vida seguía siendo la misma: los taxistas circulaban a toda velocidad por la ciudad, los camareros atendían a sus clientes, las tiendas del centro estaban llenas, había turistas por todas partes y gente que iba con prisa a cualquier sitio (muy lejano, a buen seguro).

En estos tiempos de hipérboles continuas comienzo a echar de menos la normalidad, que al final se acaba imponiendo por su propio peso. Lejos de los gritos de que vivimos en una dictadura que se escuchaban muy a lo lejos, me dio la impresión de que en esencia todo seguía exactamente igual que la última vez que estuvimos en Madrid. Quizás había más Policía en el centro, pero desde luego no mucha más que cuando un equipo de fútbol inglés visita al Madrid o al Atleti.

Estoy seguro que lo que ocurrió esta semana no es ninguna anomalía. Al contrario, es más normal de lo que nos creemos. Hasta las amnistías lo son. Se incluyen en las constituciones de países de nuestro entorno. Y hasta se llevan a cabo, como acaba de ocurrir en Portugal con los jóvenes que protestaron por la visita del Papa Francisco. Todos amnistiados y no se ha roto Portugal.

Pero todo sigue igual hasta que cambia. Sí que he notado que hay algo que se ha roto y que antes funcionaba: hay una enorme cantidad de gente muy cabreada que además utiliza argumentos muy gruesos. Y he visto odio, algo que me preocupa. Odio a un gobierno, a un pensamiento diferente, a una ideología. Solo espero que ese odio se diluya o que no sea mayoritario en las grandes protestas que hemos visto. Pero creo que forma parte de una hipérbole, atizada por mero interés político, que no puede llevar a nada bueno.

Creo que la crítica es lógica. Y que este país se merecía un debate sobre la amnistía al margen de la negociación de un futuro gobierno. Es bastante lícito no estar de acuerdo con lo que ha ocurrido o criticar a Pedro Sánchez por firmar justo lo contrario de lo que dijo en campaña. Vale. Pero hay líneas que no se deben traspasar. O todo lo que es normal dejará de serlo. Y ese país que nos hemos dado en el que tenemos que caber todos (¿o es que los más exagerados piensan que aquí sobra gente como en 1936?) dejará de funcionar.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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