Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

El patinete obrero

Un patinete eléctrico

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La generación pureta seguro que recuerda con más que nostalgia su Vespino. Algunos eran precoces y ya lo cogían con 14 años. Otros, en los pueblos, incluso antes. Era una manera rápida y barata de poder tener mucha movilidad. Y peligrosa. La mayor parte de esos puretas recordarán que el casco ni era obligatorio.

Aunque para una generación el Vespino era sinónimo de libertad y de ocio, para una gran parte de jóvenes trabajadores lo era para buscarse la vida. Daba igual lo cerca o lejos que estuviese el trabajo, que se llegaba antes con el Vespino. No era muy cómodo pero al menos te llevaba. En el mundo rural, aún hoy, un coche es sinónimo de que te puedas buscar la vida. Tenerlo no solo te posibilita irte con tus amigos a la feria de al lado. También poder trabajar en un restaurante de comida rápida en Córdoba por la mañana, almorzar en casa e ir a la Universidad por la tarde.

Las generaciones actuales, incluso las puretas que hace años tuvieron su Vespino, se mueven en patinete. Un estudio en Barcelona, de hecho, relaciona su uso con la clase. Los trabajadores más precarios van en patinete: es más barato, es rápido y es fácil de aparcar. De hecho, los patinetes han proliferado de una manera espectacular en los barrios. Y hasta en profesiones como en el del colectivo de las limpiadoras, antaño grandes usuarias de los autobuses, que ahora llegan mucho antes de un lugar de trabajo a otro en su patinete que de cualquier otra manera.

Poco a poco, parece ser, las ciudades se van a llenar de patinetes. Es un vehículo de movilidad personal que ha llegado para quedarse. Es más limpio que un Vespino, menos ruidoso, menos contaminante y hasta más barato. Aunque eran mecheritos, los Vespino quemaban combustible. Los patinetes se enchufan a la luz.

Pero como entonces, son un peligro. Como antaño, y aunque parezca una aberración, aquellas motos se cogían sin casco. De hecho, recuerdo que los primeros cascos quitamultas se parecían más a los de montar a caballo que otra cosa. Eso sí, tenían papeles, que nunca se sabía lo que podía pasar.

Que los patinetes tengan un seguro de responsabilidad es algo sensato. Cada día vemos cómo están expuestos a accidentes de tráfico, a sufrirlos y a producirlos. Y que sus usuarios tengan que pasar un curso mínimo para poder circular debería ser exigible. Desconocer las normas de circulación no te exime de la multa. Y cada vez se hace más necesario explicar por dónde puede y por dónde no puede circular un patinete. Ni cómo.

Como en el caso de las bicicletas, casi siempre, menos ante un peatón, el conductor del patinete tiene las de perder. Lleve o no la razón, circulase bien o mal, en casi de choque con un vehículo el patinetista tiene muchas papeletas para acabar en el hospital.

Ahora, a eso se le añade una nueva variable: ¿cuántos tienen un patinete por pura necesidad económica? ¿Son, por tanto, accidentes laborales?

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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