El gurú

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gurúDel sánscr. gurú, var. de gurús; propiamente 'pesado, grave'.1. m. En el hinduismo, maestro espiritual o jefe religioso.2. m. y f. Persona a quien se considera maestro o guía espiritual, o a quien se le reconoce autoridad intelectual.

La democracia europea (y la española) ha importado lo peor de la estadounidense. Quizás la culpa la tengan las series, todas repletas de intrigas entre bambalinas, en las que los gurús políticos diseñan estrategias cada vez más complejas con un único objetivo: ganar las próximas elecciones.

En esas series, que a mí me encantan, los protagonistas son esos gurús que tanto se han puesto de moda. El político no deja de ser una especie de objeto al que modelar, un muñeco al que hacer hablar y sentir de una manera determinada para ganar unas elecciones. Los votantes son una masa desconocida a la que hay que seducir, siempre emocionalmente, pero poco más.

En estos tiempos líquidos, el político de turno le hace más caso al gurú de turno que a su propia ideología. De hecho, en Estados Unidos los gurús lo mismo asesoran a los republicanos que a los demócratas. En España, ya vemos, lo mismo saltan del PSOE al PP, que del PP al PSOE. O nadan entre las aguas de los nuevos partidos.

Esos gurús siempre te van a recomendar a Maquiavelo, aunque jamás se hayan leído El príncipe. Y se van a comportar como tal. Con las peores artes. El objetivo, insisto, es ganar las próximas elecciones. No hay más. Es como una especie de cuenta de resultados en una gran empresa del Ibex 35: lo que manda es que haya más beneficios, que se crezca más, no que se genere más empleo, que el producto sea mejor, que se ayude a la sociedad en general.

Lo estamos viendo. Son gurús los que están en las cocinas de los partidos políticos en los que antes había... ¡políticos! Son los que le dicen al candidato equis cómo tiene que sonreír ante la cámara, cuántos niños tiene que besar, si es mejor que hable de la inmigración, de Cataluña o del Brexit. ¡Qué más da que eso sea o no de interés general! La clave es que da votos y con ellos se ganan las elecciones. El poder por el poder. El fin justifica los medios.

Hemos visto un trabajo espectacular en eldiario.es que ha desenmascarado las malas artes de uno de esos gurús, que buscaba precisamente la abstención de la izquierda. Da igual dañar la democracia, da igual desprestigiar a toda la clase política, da igual hacer contra campaña. El único objetivo es ganar las elecciones. Que para eso nos pagan, señora.

El 15M llegó para cambiarlo todo. Y algo ha cambiado, pero no sé si a mejor. Entonces, ya se denunciaba que la ideología era lo que menos pesaba a la hora de votar. Ahora, cuando todo lo que hacemos es emoción (un like en Facebook, un corazoncito en Instagram, un retuit en Twitter), dirigirse a la razón es complicado.

La campaña del Brexit ganó a la europeísta precisamente porque la primera se basó en emociones y la segunda en razones. ¡Qué más da, si lo que los conservadores querían era recuperar el imperio perdido!

En España, no tengo ninguna duda, las elecciones se han repetido por culpa de los gurús. El de La Moncloa, Iván Redondo, el que resucitó a Pedro Sánchez, puede tener ahora la culpa de llevar al país a una inestabilidad aún peor de la que había. También por testosterona, no lo dudo. E incluso por incapacidad en el lado de Ciudadanos.

Esta campaña, lo estamos viendo, no está resolviendo nada. Nadie habla del futuro de las pensiones, de cómo vamos a sostener un sistema público de salud o educación, de qué va a pasar con Europa, de cómo tenemos que afrontar el cambio climático, de qué vamos a hacer ya en serio con Cataluña cuando hay más de dos millones de personas que si no físicamente sí que ya se han largado mentalmente... Nadie habla de nada. Por eso, el futuro, sea el que sea, me temo que no va a ser mucho mejor que el presente.

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2 de noviembre de 2019 - 13:00 h