¡Feliz 2004!

El pasado fin de semana, fue el propio Pablo Casado el que citó a Marx para decir que "la historia se repite". Primero, es cierto, que se repite como farsa y después, supuestamente, como tragedia. Y en el primer caso estoy de acuerdo, y el propio Casado debería aprender de este sofisma.

Lo que se ha vivido este fin de semana en el Congreso de los Diputados me ha recordado mucho a un momento de la historia reciente de España: el año 2004. Ese año puede considerarse, quizás, como uno de los momentos clave de la restauración democrática en España, por todo lo que pasó en solo tres días: el mayor atentado de la historia del país y una inesperada victoria socialista que acababa con cuatro años de mayoría absoluta del PP. La elección de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente inauguró la que puede ser la etapa más crispada y tensa en la historia reciente de España desde el 23-F (a Tejero pegando tiros en el Congreso no le gana nadie).

Los cuatro primeros años de Gobierno de Zapatero pasaron a la historia como un episodio de crispación permanente en el Congreso de los Diputados. Zaplana, Acebes y Mayor Oreja, con Rajoy dejando hacer, compusieron un trío que no dejó respirar ni un segundo a un gobierno socialista sostenido por IU y acuerdos puntuales con los que entonces eran nacionalistas, hoy independentistas. Todo acabó en los juzgados y algunas cosas mal, como el Estatuto que votaron los catalanes y que nunca entró en vigor.

Rajoy se dio cuenta del tremendo error de esa campaña fanática de crispación y rompió con aquellos que le pedían leña al mono. Tanto que le costó la amistad con Pedro Jota antes de que éste publicara los papeles de Bárcenas porque decidió dejar de comprar la teoría de que el 11M había sido ETA. Rajoy inició tras el congreso de Valencia un periodo de moderación que, crisis mediante, le llevó a una histórica mayoría absoluta justo cuando los jóvenes del movimiento 15-M tomaban las plazas. La historia.

Ahora, hay nuevos actores, sí. Pero no deja de ser un nuevo trío. Vox es una escisión del PP (no hay que darle más vueltas) y Ciudadanos se ha convertido en un apéndice. Juntos serían como ese PP de 2004 que decidió, a través de la crispación, no dejar respirar ni un segundo al Gobierno. Pero aquello no le dio buen resultado.

España es un país curioso y singular, con un sistema político complejo. Tanto que es imposible gobernar un país dando la espalda a dos territorios fundamentales: el País Vasco y Cataluña. Si la derecha quiere volver a tener opción de gobernar España no podrá hacerlo agitando al resto del país frente a esta parte, sino volviendo a tender unos puentes que con lo de todo es ETA o todo es independentismo o todo está mal por hablar con esa gente ha volado absolutamente.

Aunque ganase en votos y diputados, la derecha tiene complicado lograr una mayoría para gobernar si no vuelve a seducir o a los votantes de estos territorios o a los partidos a los que sus ciudadanos votan. Y la historia tiene la respuesta. Lo entendió Aznar en 1996 y lo entendió Rajoy en 2008. ¿Cuándo lo entenderá Casado?

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10 de enero de 2020 - 23:22 h
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