Explicar lo evidente

El otro día, antes de jugar al fútbol, un buen amigo me confesaba que estaba agotado de tener que explicar una y otra vez lo evidente. Este amigo, cuya opinión comparto, se quejaba de que aún hoy, en pleno siglo XXI, teníamos que estar dando explicaciones por cosas que nuestra sociedad debería de haber dado ya más que por asumidas. Ejemplos hay patadas. Sin ánimo de ser clasista ni prepotente le decía que quizás la culpa la teníamos nosotros, los periodistas, por darle voz a gente para hablar de cosas de las que no tienen ni idea. Está claro que uno no puede saber de todo, pero determinadas opiniones ante determinados asuntos no deberían ser tan osadas como son.

Manolo el de El Correo, un sabio al que también admiro, suele explicar que ahora salen bares hasta debajo de las piedras por que el primero que pasa por la calle cree saber llevar un bar mejor que el que acumula años de oficio. Y es verdad. Todos somos clientes de bares. Todos opinamos de qué está bien y qué está mal de un bar en concreto. Por eso, todos creemos saber llevar un negocio como un bar. Vade retro. El fracaso de las docenas de negocios que abren y cierran a los meses es un ejemplo de que por desgracia no todo el mundo vale para determinados oficios.

En la prensa nos pasa igual. Muchos de los que consumen e incluso salen como protagonistas en los medios de comunicación creen saber más que el que escribe. Ojo. Muchas veces es así. Los propios periodistas tenemos que ser expertos en todo por que de todo escribimos, y desde luego casi nunca llegamos a dominar un tema. Pero si en algo somos expertos es en nuestro propio trabajo.

No es corporativismo absurdo, ni mucho menos, pero uno se cansa de explicar lo evidente.

Pongamos un ejemplo. La pasada semana los periodistas que estábamos en el Pleno presenciamos una escena bochornosa. Mientras el concejal Carlos Baquerín hacía una pregunta al teniente de alcalde de Hacienda el líder de la oposición, repito, el líder de la oposición Rafael Gómez Sandokán le insultaba por lo bajini. Una vez más, nos han reprochado a los medios el altavoz que le hemos dado a Gómez y que el nombre de Córdoba haya vuelto a salir en toda España como sinónimo de coña, chanza o de algo lamentable.

¿De verdad que tenemos que explicar qué es una noticia? ¿De verdad que tenemos que recordar que nos guste o no nos guste se trata del líder de la oposición, el del segundo partido más votado en Córdoba en 2011? ¿De verdad que hay que volver a dar todo tipo de explicaciones evidentes? ¿De verdad?

Es sólo un ejemplo, pero podría dar muchos más. Pero estoy cansado.

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18 de marzo de 2014 - 02:09 h