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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

El costalero androide

Un androide

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A ciertas edades, cuando uno ya tiene tanto pasado como futuro, comenzamos a parecernos al abuelo Cebolleta. Yo no he visto arder naves más allá de Orión, pero sí que he contemplado procesiones con ruedas. En mi pueblo, la Virgen de los Dolores, con una enorme devoción, salía a la calle con un dispositivo que me llamaba mucho la atención. De niño siempre quise subir un poco el faldón para ver a los tres ¿costaleros? que le daban a los pedales. Era la única procesión diferente. El paso ni bailaba, ni se mecía, solo rodaba. Era raro, lo sé, pero me contaban que unos años antes eso era lo normal. Que al parecer hubo una grave crisis de costaleros y que como no había quien se metiera debajo de un paso pues se pusieron ruedas. Y se ve que algunos pasos tardaron muchos años en recuperar la normalidad.

Por eso a mí no me ha sorprendido mucho la propuesta del alcalde, aceptada por las cofradías: que vuelvan las procesiones (la única actividad que paró la pandemia y que no ha regresado) a las calles de Córdoba. Eso sí, me ha extrañado la fórmula. Si algo nos ha enseñado la pandemia es que se puede usar la imaginación, pero lo más importante es el sentido común. Estamos de acuerdo en que meter a decenas de personas debajo de un paso, encerrados por faldones, con un esfuerzo máximo y durante horas es un foco de contagio de primer orden. Igualmente sabemos que no es bueno aglomerar a gente en calles estrechas. Pero hay alternativas.

Córdoba es, probablemente, la provincia andaluza con menos negacionistas. El éxito de la campaña de vacunación se debe al tremendo esfuerzo de la sanidad pública, pero también a la voluntad de la población que ha vencido a muchos discursos absurdos y peligrosos contra las vacunas. La asistencia a una procesión además de gratuita es voluntaria. Su participación, como costalero, tres cuartas de lo mismo. ¿Qué problema tiene, por tanto, una hermandad en contar únicamente con costaleros vacunados con las dos dosis y una prueba PCR hecha? Entiendo que ninguno. O al menos no debería. Si un juez no ha obligado nunca a que en las cuadrillas de costaleros no se excluya a mujeres, ¿entrará con el tema de las vacunas? Lo dudo a horrores.

Los aficionados al fútbol vemos con envidia cómo en Francia los estadios están llenos. Y lo están porque todos los espectadores que asisten están obligados a presentar el certificado Covid. En España eso no es posible. Los jueces han tumbado el pasaporte Covid. Pero claro, el fútbol es una actividad privada y de pago. Las procesiones no lo son. O al menos, ser costalero no debería serlo.

De lo contrario solo se me ocurre acabar con esto a base de androides. El coronavirus no va a desaparecer. Es probable que en Semana Santa de 2022 siga habiendo contagios. En esas fechas habrá fallecidos (espero que no a diario). Habrá olas menores, pero seguirán los contagios. Y no tenemos la certeza de si las vacunas nos van a proteger tanto tiempo. Por eso, es hora de acabar con todo este sufrimiento y que los robots nos vayan sustituyendo a los humanos en todas estas cosas. Ellos no se van a contagiar. No les hace falta vacuna. Quizás algo de aceite, una recarga de baterías y una actualización de software de vez en cuando.

Bromas aparte, la polémica sobre las procesiones nos ha puesto sobre la mesa el que debía ser un debate de estado: está muy bien que decidas no vacunarte, eres libre de hacerlo, pero nosotros también estamos en nuestro derecho de protegernos de ti. Así que si has decidido no vacunarte estás eligiendo no formar parte de las actividades normales a las que el resto de las personas tenemos derecho.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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