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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Lo que Córdoba puede enseñar a Europa sobre el verano que ya les atiza

Praderas de Blackheath Common.

Alfonso Alba

8 de agosto de 2026 19:52 h

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Las praderas de Blackheath Common, en Reino Unido, solían estar verdes en verano. En una típica imagen de la campiña inglesa, los alrededores de su iglesia ofrecían una fotografía idílica, con un prado perfecto para tumbarse a merendar. Pero la imagen de este verano se parece más a la que estamos acostumbrados a ver aquí en el Valle del Guadalquivir: la de los campos secos (o arados), con un forraje que no puede sobrevivir a unas temperaturas extremas y a meses sin lluvia.

Dos tercios de Reino Unido acaban de decretar una sequía y restricciones. Sus ciudadanos no pueden regar su césped o llenar piscinas. El agua comienza a escasear en uno de los países más húmedos de Europa, donde siempre llovía. Sus infraestructuras no están preparadas para un prolongado periodo seco. Apenas tienen embalses. No les hacía falta. Hasta ahora. En Europa, el Danubio y el Rín tienen un caudal extremadamente bajo. Se han suspendido cruceros. Hay una central nuclear en Hungría que le da la mitad de la energía eléctrica al país que ha tenido que pararse. El Danubio no lleva agua suficiente como para refrescar sus reactores. Y el río ha dejado de funcionar como una enorme autopista de mercancías.

Europa, de repente, se ha transformado en el Valle del Guadalquivir, aunque sin las medidas para atenuar las temperaturas extremas y la falta de lluvia. Su vegetación se seca y por la falta de cultura del fuego de la población acaba ardiendo. En un día, Reino Unido ha atendido 200 incendios forestales. Las Landas, en Francia, han sido pasto de las llamas. Alemania empieza a ver también lo que son los incendios forestales, en una temporada en la que lo normal es que cada tarde lloviese con fuerza.

De repente, las playas del sur de Reino Unido se vuelven agradables. El agua ya no está tan fría, el tiempo no es tan malo y los ingleses empiezan a pensarse si es mejor construir en su país su propia Costa del Sol o coger un avión a Málaga. Pero quizás sí. Sus veranos, en unas ciudades adaptadas a otra cosa, se vuelven insoportables. El calor les asfixia, las personas con patologías previas agravan sus enfermedades o mueren, y la vida se hace muy complicada.

Al final, después de todo, Europa tendrá que aprender del sur de la Península Ibérica para lidiar con un cambio climático antropogénico que no es que llame a sus puertas. Se ha colado hasta la cocina. Habrá que construir embalses para cuando el agua escasee (como comenzaron a hacer los romanos), habrá que adaptar las viviendas y las infraestructuras a las temperaturas extremas, instalar aires acondicionados, modificar jornadas laborales, contratar enormes equipos de extinción de incendios, sustituir la vegetación e incluso los cultivos. Aprender a vivir como nosotros en el Valle del Guadalquivir.

Pero la pregunta es, ¿de quién tendremos que aprender nosotros? ¿De los países del golfo Pérsico? ¿De Argelia o Arabia Saudí?

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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