Rosebud es Koolhaas

Al fallecer solo en su enorme mansión, Charles Foster Kane, el ciudadano de ficción ejemplar y magnate de la prensa, dijo una sola palabra. Rosebud. Las dos sílabas traerían locos a los periodistas de Ciudadano Kane, dirigida en 1941 por Orson Welles. A los plumillas de este lado de la pantalla, 73 años después y 6.000 kilómetros más al Este, nos trae como locos otra palabra que suelen pronunciar los prohombres (y mujeres) de Córdoba no en su último suspiro pero sí en la soledad de su cargo de alcalde: Koolhaas.

No sé si Rosa Aguilar, Andrés Ocaña o José Antonio Nieto tuvieron una de esas bolas de cristal con agua dentro y un corcho blanco desmigado que haga el efecto nieve, pero me los imagino mirándola fijamente. En su interior, una maqueta -siempre hay una maqueta- de un edificio singular; un enorme palacio miniaturizado sobre el que caen los sucedáneos de copos blancos. Entonces, primerísimo primer plano acelerado -rollo Lazarov- a la boca del regidor de turno -es cuestión de elegir cuál- que pronuncia la palabra mágica: "Kool-aquí me gustaría que hiciese una pausa dramática-haas". Mano fláccida. Bola de cristal al suelo de Capitulares. Se rompe, se derrama y la maqueta -maquetita- multimillonaria no termina de desaparecer. "Koolhaas".

Como en Ciudadano Kane, los periodistas de Córdoba podríamos contar la historia reciente de esta ciudad tirando solo del hilo de ese nombre impronunciable. Sin haber llegado a ser el epitafio político de nadie -todavía-, la sombra del prestigioso arquitecto holandés sobrevuela la historia de una de las gestiones políticas y urbanísticas más dudosas de la ciudad: el Palacio del Sur. Más de diez años de problemas, cambio de ubicaciones, millones gastados terminaron en un proyecto final tan hipertrofiado como caro; y en un erial por todos visitable en Miraflores: monumento natural a la incompetencia municipal.

Paralizado por su propio coste en época de Rosa Aguilar; medio demolido antes incluso de construirse para tratar de abaratarlo en época de Ocaña; y descartado de manera temeraria por Nieto, el Palacio del Sur sigue siendo un fantasma en la orilla sur del Guadalquivir. Un fantasma con otro fantasma dentro. Koolhaas.

Imagino que Rem Koolhaas es un tipo real pero en Córdoba su nombre y su trabajo pertenece ya a la esfera de lo mitológico. O al menos de lo delirante. Pareciera que cuando a un alcalde le sube la fiebre, los aires capitulares le terminasen de envenenar y reblandecer la sesera, produciendo siempre el mismo desquicio. "Construirás un edificio singular, un contenedor sin par de la cultura universal, una nueva Babilonia, la próxima Alejandría", le musitan las voces. "Será bello y único y por miles vendrán a diario a adorarlo. Y para honrarte, en lo más alto de la parte más alta de la más alta torre, sacrificarán una virgen en cada solsticio...". Bueno, eso último suelen descartarlo los regidores una vez que sus ojos vuelven a la órbita natural, dejan de estar en blanco, se recuperan de las convulsiones y se limpian la babilla de la comisura. Pero por lo demás, la escena es más o menos parecida. Hablamos de Koolhaas, ya saben...

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15 de mayo de 2014 - 02:30 h