Funerales express

Hay que ver lo injusto que están siendo con José de la Cavada, responsable de relaciones laborales de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). El capitalismo es lo que tiene, que no le gusta mucho explicarse a sí mismo, y cuando viene alguno de sus representantes y habla con claridad nos sentimos todos un poco incómodos. Resulta que el directivo empresarial planteó algo que es puro sentido común, que diría Rajoy, que lo de los cuatro días de permiso laboral por defunción de un familiar cuando tienes que pernoctar es propio del tiempo de las diligencias, una antigualla y un dispendio.

Los funerales tendrían que ser como los desayunos que montan los empresarios en esos palacetes neoclásicos o modernistas del centro de Madrid. Llega uno, saluda a quien tiene que saludar, se toma dos canapés, mira al móvil como si le estuvieran llamando, y sale pitando con una sonrisa de oreja a oreja porque tiene una importante reunión, que se ya se enterará en el Telediario de lo que iba la cosa. Un par de abrazos de esos con el brazo tieso, cómo fue la partida del sábado, o a ver si coincidimos en la próxima montería y punto, a ver a que viene tanto llanto, tanta charla y tanto besuqueo como seguimos dando en nuestros funerales, que así se pierde el tren y tenemos la productividad que tenemos. Eso sí, un photocall sería imprescindible, que a la hora de reclamar el baúl del abuelo haya constancia de que estuviste allí.

Es más, con las nuevas tecnologías podríamos hacer puro I+D+I, que aquí cuando nos ponemos nos ponemos. Nos quedamos en el trabajo, y si somos una de esas sanguijuelas paradas, en casa, le damos al cuñado pelota una cámara para que vaya retransmitiendo el funeral, y lo vamos siguiendo por el ordenador mientras concluimos el informe trimestral. Ni cuatro días de permiso, ni medio, con el ratito del café sobra, además después del funeral se pone uno la última versión del gangnam style o el Harlem shake y te quedas como nuevo, has convertido el entierro de tu madre en una tontuná como tantas que ve uno en la red, y eso desde el punto de vista psicológico es importantísimo. Después, ya en tu casa, chateas con tu hermana y le envias un par de emoticonos, le mandas la firma electrónica al notario, un ingreso para la funeraria, y pones a la venta en Ebay las posesiones del finado/a, y a otra cosa.

Este hombre incomprendido dijo otra genialidad que me tiene loco, algo así como que deben conjugarse los derechos de los trabajadores "con un sometimiento reglado a procedimientos de la empresa, ya que hay que lograr que el absentismo no tenga justificación a la que acogerse". No me he enterado de nada, pero lo importante es lo del sometimiento. Yo escucho sometimiento y me veo chupándole los dedos de los pies a una domina embutida en traje de latex mientras me golpea con un látigo o me vierte cera hirviendo por la espalda. Comprendo que no todo el mundo tenga los mismos gustos, pero si empezáis por el dedo gordo que es el más sabrosón, y os dan con una fusta de dar cuerda o de picadero de fibra de vidrio y vinilo, empezaréis a apreciar en lo que vale a don José de la Cavada, y a partir de ahí todo será mucho más fácil.

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25 de junio de 2013 - 03:20 h
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