En Córdoba hay un barco cargado de...

Hay en Córdoba, desde hace unos años, un barco atracado en el río. De vez en cuando se mueve (pocos lo ven y muy pocos lo saben). Se rumorea que el capitán del barco es forastero. De algunos componentes se murmura que son, también, forasteros, aunque la mayoría de la tripulación es autóctona y... eso nos relaja en esta hermosa ciudad tan acostumbrada al furor del castigo.

Se cuenta que del barco (que aparece y desaparece) se escapan, de vez en cuando, extrañas melodías. Una pluralidad de voces que podrían corresponderse con múltiples conciencias, con múltiples memorias. Mijail Bajtin denominaba pluralidad de voces, es decir polifonía, a las novelas de Dostoievski. Algún fotógrafo curioso (en esta ciudad los hay excelentes) hacen ¡flash!, ¡flash! y captan (eso declaran) algo parecido a una polifonía vocal. Sostienen, los que han sido testigos, que suena como un corazón que palpita en un aguacero y después de la tormenta abre veredas inesperadas. A otros se les asemeja a un hospital de campaña que va acogiendo a heridos de diferentes tiempos y lugares...

Habladurías relatan, como un runrún, que del interior del barco (que aparece y desaparece días fijos de la semana) emanan aromas y fragancias como cenizas que se esparcen. Los más atrevidos aseguran que el barco va cargado de especias y las nombran como si de un juego se tratase: ajonjolí, ambrosía, jengibre, sándalo, cúrcuma, cilantro, nuez moscada, pimienta roja, azafrán, clavo, goma arábiga, comino negro, canela, galangal, estragón, laurel, enebro, ruda, cayena... Los que saben aseguran que las especias las nombran, las cantan, en tagalo, quechua, maorí, español, euskera, inglés, latín, hebreo, cebuano, japonés... Algunas noches las calles de Córdoba se alumbran y vibran (sin recortes) de aromas y voces.

Al capitán que ejerce, también, de vigía se le presume una extraña característica (que ha sido contagiada a su tripulación): posee una enzima (un tipo de proteína) localizada en la unión de la neuronas, en el denominado córtex cerebral; justo en el lugar donde habita la memoria. Le atribuyen una particular agitación por recuperar, mediante extenuantes ejercicios, una memoria musical que adquiere carta de naturaleza en la diversidad. Los que le conocen dicen que sus palabras y acciones son blancas y luminosas, como su nombre.

Esta heterogénea tripulación, de hombres y mujeres, está pasando de ser una anomalía que entretiene a ser una anomalía que interroga. Les sugiero que estén atentos... el día menos pensado se los encuentran, los escuchan y descubren que lo que pensaban y les habían dicho sobre la música no se corresponde con la realidad. Y bajaran al mar cada vez que los escuchen...

Nota: el barco tiene nombre, se llama Coro Averroes. El eco de sus voces (voces de la diversidad) encuentra refugio en la Universidad de Córdoba... Dicen que el próximo sábado, 27 de octubre, zarpa para Madrid a cantar especias en muchas lenguas.

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23 de octubre de 2012 - 04:33 h
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